El sentido de la existencia

Decía la gente del barrio que la señora Teresa era un poco simple, sin malicia o “boba” para algunos, quizá por ello cuando llegó y le dijo a doña Irene, -comadre venga, mire venga- no le hizo mucho caso y le dijo -espere, estoy ocupada. – venga, mire venga-, insistió. Irene al fin la siguió hasta su humilde casa, donde señalándole el cuarto de su hijo le dijo, ¡¡¡mire que ocurrente Pedro, que ocurrente!!!. La sorpresa le estrujó el pecho y un sabor amargo vino a su boca al ver al hijo de Teresa colgando del cuello, pendiendo de...

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