“En nuestro país rondan desde la noche de los tiempos, alebriges, mesías salvadores de la patria, nahuales, lloronas, catrinas, héroes y santos resucitados sólo un día, cuando le toca el festejo y cientos de figuras transfiguradas que son algo y no son nada”

“La duda será eterna entre el pensamiento y el instinto; El axioma perfecto–«El Gran Voltaire».

París, Francia, en plena revolución en los años 1789/ 1800 en ese lugar y en toda la República, en las diferentes cárceles existían miles de prisioneros, desde soldados capturados en batalla,  simples ladrones y hasta prostitutas o personas con cargos inventados por los enemigos, todos condenados a la guillotina, el Estado que ya era un caos y gobernaba la anarquía, este no tenía para mantener gente en las cárceles y salía más barato ejecutarlos; es decir culpables e inocentes; la guillotina era su destino final.

Sin embargo en algunos casos a última hora el jurado suspendida su ejecución y la frase usada era –se le otorga «El beneficio de la duda», es decir el beneficio de la Libertad– en el caso de Luis XVI y su esposa, la reina María Antonieta, los jueces no concedieron la oportunidad a la defensa que apelara con el beneficio de la duda, a Luis XVI ni siquiera lo dejaron terminar su discurso ya en el patíbulo y que fue interrumpido por los redobles de tambores y en el caso de la Emperatriz Ma. Antonieta , quien muere también en la guillotina  a la edad de entre 36 o 37 años , sin embargo parecía ser una anciana cuando fue ejecutada, sin tener  ni le fue concedido u otorgado «El beneficio de la Duda».

Ya en plena inquisición Torquemada hacia padecer a las pobres tormentos corporales, esto por celo a la verdad moral y religiosa y según algunas indulgencias por algunos allegados del acusado, el mismo Torquemada otorgaba lo que ellos llamaban «La piedad», siempre con la duda y sospecha del acusado y los acusadores, sobre todo por la duda  que da la insaciabilidad de los apetitos humanos, es decir el hombre  siempre ha buscado rebasar sus satisfacciones con nuevas necesidades y muchas veces el ansia de placeres obscurece su pensamiento y ofusca su mente. Lo que sucede en el cotidiano vivir en donde nos topamos con personas que ‘ponen en duda el valor de sus propias opiniones’ y, de ahí que corremos el riesgo de concebir una raza humana con tanta modestia intelectual y, que sean pocos los atrevidos que se conduzcan con la verdad, mientras la mayoría no puede concebir la realidad, ni siquiera creer en las tablas de la aritmética, es decir ahora el «Beneficio de la duda» nos ofrece una ‘caterva de bufones’ tanto en el ámbito cotidiano, político como religioso, sin dejar fuera pragmatismos, dogmas, escepticismos, el liberalismo, el pesimismo y el actualizado materialismo.

Sin embargo nuestra sociedad ya entrada en la modernidad tecnológica, sea está copiada, rentada, prestada o comprada no deja de estar inmersa en las tinieblas, es decir nuestra sociedad en su comedia humana se sigue alimentando con salvajes supersticiones, alentadas por los diferentes medios de comunicación, entre ellos la mala madrastra que ronda en todas las viviendas; la televisión.

Algo de esto sucede en nuestra aldea, (País) en donde al parecer la justicia o lo que es en la nación el fuerte brazo de la ley, parece estar día con día otorgándoles a cientos de malandros, pillos, gamberros, ladrones de cuello blanco y conciencia sucia toda la protección, con el «Beneficio de la Libertad».

La duda se dice es muy pálida, un juego de sencillas palabras que pueden ser parodiando al dilema y la duda del Inglés  “Shakespeare” –se es o no se es-  y que encierran interrogantes y sospechas capaces de enclaustrar, ofuscar o liberar el pensamiento y sus acciones, inclusive cuando la duda se confunde con la envidia y los celos. En nuestro país rondan desde la noche de los tiempos, alebriges, mesías salvadores de la patria, nahuales, lloronas, catrinas, héroes y santos resucitados sólo un día, cuando le toca  el festejo y cientos de figuras transfiguradas que son algo y no son nada y merecedores todos con el beneficio de la duda, de que existieron, que sus epopeyas o milagros fueron ciertos o sólo un mito más para hacer crecer ese beneficio lo que el pueblo o algunos grupos le otorgan.