“Durante su campaña, ya como candidata “independiente” Margarita no llenaba los foros en los que se presentaba; nunca una plaza pública, siempre foros en espacios cerrados y con muy poca audiencia; desayunos, comidas o presentaciones con pequeños grupos, principalmente de mujeres, que simpatizaban con su visión de regreso al cambio”

No es lo mismo politización ciudadana que polarización de la ciudadanía, me explico. En la pasada competencia electoral pudimos observar, aparentemente, diferentes ofertas políticas que pretender llegar a la presidencia de la República o a los más de tres mil puestos de elección popular en juego. Y digo aparentemente porque algunas de ellas, a pesar de pretender distinguirse una de la otra, sus proyectos son similares o van por la misma vía o vertiente. Otras, sólo disfrazan su verdadera naturaleza con artificios o artilugios propagandísticos o de mercadotecnia política para mostrarse con un rostro diferente, pero en el fondo son lo mismo o casi lo mismo.

La renuncia en la contienda electoral de uno de los contendientes que participaba como “candidata independiente” puso sobre relieve que dichos candidatos “ciudadano” o “independientes” no lo son del todo, de hecho, no lo son nada. Los dos contendientes “independientes de los partidos políticos” son producto de éstos que, al no encontrar los espacios, democráticos o no, para poder ascender al poder decidieron renunciar a su filiación política e irse por “la libre” o, dicho propiamente, por la vía “independiente”. Ambos sin mucha suerte, ya que cada uno de ellos tenía una intención de voto del orden del 3% al 5% del padrón electoral. Esto es, con escasas o nulas posibilidades de ganar la elección.

Pero ¿esto que nos quiere decir? Pues primeramente podríamos inferir que, los votantes no les creyeron eso de la “independencia” y/o “ciudadanía”, insisto, ambos con un fuerte tufo a partido político y todo lo que ello significa. Por otra parte, también podemos colegir que, ambos carecen de los atributos de liderazgo y credibilidad que atrajeran a los votantes por esa opción “independiente”. Y en una tercera deducción podemos suponer que, la estructura importa e importa mucho. Los independientes no la tienen.

Los partidos políticos son asociaciones de personas, supuestamente, con ideales y aspiraciones ideológicas afines. Hoy en día pueden verse con cierta claridad las tendencias ideológicas y programáticas de cada uno de los partidos políticos mayoritarios, no los satélites o rémoras que se venden al mejor postor. En la derecha del espectro político mexicano podemos encontrar al Partido Acción Nacional, un partido con un pensamiento mayormente conservador y creyente. En el centro derecha del espectro, insisto, del espectro mexicano; podemos encontrar al Partido Revolucionario Institucional, asociación política que aglutina a una gran mayoría de mexicanos con diferentes ideologías religiosas pero que mantienen las aspiraciones post revolucionarias, como la justicia social, aunque esto sólo sea un concepto utilitario. Y en el centro izquierda de nuestro espectro político encontramos a MORENA, asociación formada por disidentes de los partidos de centro y de derecha que, al no encontrar los espacios para el ascenso al poder dentro de sus respectivos partidos, decidieron adherirse al proyecto personal de su líder moral. Los verdaderos partidos políticos de izquierda con ideología marxista-leninista, en México no existen, han sido desaparecidos o, en el mejor de los casos, desplazados o absorbidos por la centro-izquierda.

Mencionamos esto en relación a los candidatos “independientes y/o ciudadanos, toda vez que, éstos con relación a los candidatos de los tres principales partidos políticos y sus satélites, estuvieron muy por debajo de las encuestas y del apoyo de la ciudadanía votante. La Candidata “independiente” Margarita Zavala retirada de la contienda electoral tenía, hasta antes de que el presidente de su partido Ricardo Anaya lograra la candidatura a la presidencia de su partido, una mayor aceptación en la intención del voto que su correligionario, y más aún, se encontraba muy pareja en las encuestas con el puntero del partido de MORENA Andrés Manuel López Obrador. Esta intención de voto hacia Margarita oscilaba en los 30%; sin embargo, tras su renuncia del Partido Acción Nacional y su registro como candidata “independiente”, la intención de voto se redujo significativamente, mandándola a un lejano cuarto lugar, detrás del candidato del Partido Revolucionario Institucional José Antonio Meade con menos del 5% de la intención de voto.

Durante su campaña, ya como candidata “independiente” Margarita no llenaba los foros en los que se presentaba; nunca una plaza pública, siempre foros en espacios cerrados y con muy poca audiencia; desayunos, comidas o presentaciones con pequeños grupos, principalmente de mujeres, que simpatizaban con su visión de regreso al cambio. Desafortunadamente, para ella, nunca pudo desmarcarse de la sombra de su esposo, el ex presidente de México en el periodo de 2006 a 2012; el causante de la potenciación de la violencia en México derivado de su estrategia de “combate (guerra) contra el crimen organizado” que, le hacía el trabajo sucio a los Estados Unidos de Norte América a cambio de cooperación en inteligencia, asesoramiento, entrenamiento, dotación de armamento y financiamiento.

El desplome de la candidata “independiente” vino en el primer debate donde, más que una candidata con propuestas propias, Margarita presenta como programa de gobierno la continuidad y defensa de la política aplicada en la gestión y sexenio de su esposo, haciendo énfasis en la transversalidad de los valores como solución a los problemas que aquejan a México. La daga que terminó con las aspiraciones de Margarita como candidata independiente fue la pregunta de Dennis Merker sobre el matrimonio igualitario o matrimonio entre personas del mismo sexo. La candidata tuvo que responder y se desfondó.

Vivimos en una sociedad binaria, “está conmigo o estás en contra de mí” versa el dicho, no hay tintes ni matices, los ciudadanos no le perdonan a la candidata el conservadurismo anacrónico en una sociedad moderna, pujante y deseosa de libertades, independencia y autonomía en el reconocimiento y ejercicio de sus derechos fundamentales; una sociedad politizada pero tremendamente también polarizada.

Hoy tenemos ya un presidente virtual que sembró junto con el líder moral de la centro-izquierda mexicana en el ocaso del siglo XX, Cuauhtémoc Cárdenas, sembró la semilla del progresismo, de la defensa de los derechos de las minorías y de una sociedad mucho más tolerante en el entonces Distrito Federal hoy Ciudad de México. Esperemos que esa semilla germine también a nivel nacional y dejemos de ser una sociedad binaria, excluyente e intolerante para transitar a una sociedad multiversal, incluyente y tolerante.