Tocar el pecho de una mujer y sentir cada latido como si fuera tuyo conectar el pulso milenario y sostener de algún modo el ritmo que danza la vida.

Ir más allá del valle explorar profundamente hasta perderse en el deseo.

Los primero trazos de la Vialactea la primera señal de vida, el último eco y el sosiego eterno se deriva continuamente de tu pecho.