Cuando escucho hablar de soledad, miro en derredor y me topo con libros y pinturas que no he leído, copas sin estrenar, ideas por escribir, válvulas descompuestas, pinceles por ablandar, cafés pendientes, platillos por cocinar, visitas que hacer, niños a quienes jamás les han leído un cuento, recuerdos por evocar, zapatillas sin tapas, crayolas sin usar, imágenes dentro del tanque del inodoro, usb por depurar, bastidores a medias, ropa por lavar, música por sentir, mantas por bordar, crepúsculos sin ti y sin mí…

De rojo

Me voy a poner un vestido rojo. Yo, que prefiero el serio negro de la noche. Un rojo que enrojezca la piel de mis labios y mis pálidas mejillas. Un rojo que subraye el rubio cenizo de mi cabello. Un vestido rojo que me obligue a estar feliz, que pinte en mi boca triste una roja sonrisa. Que pinte en mis ojos tristes una mirada rojiza. Pero sobre todo: un vestido rojo que alegre un poco al rojizo triste que vive dentro.