Si se revisa el caso de nuestro país, en los tres aspectos se tienen serias limitantes. En el Modelo Educativo que se presentó hace unos meses, se da por hecho de que esa participación va a ocurrir y con ello se va a mejorar la calidad educativa de la educación en México

En el presente escrito, nos interesa abordar la discusión de la importancia de la participación de los padres de familia en la educación de los niños, a propósito del planteamiento que se hace en el Nuevo Modelo Educativo (SEP, 2017), respecto a la “Escuela al Centro”, donde se afirma que se busca facilitar el involucramiento de los padres en el funcionamiento de las escuelas. Procurando con ello -se dice-, que se incida en el desempeño académico y el desarrollo de los estudiantes tanto en la Educación Básica como en Media Superior.
Antes de empezar, habría que señalar lo siguiente: la participación de los padres no tenía reconocimiento jurídico en México. Esto ha tenido lugar con la reforma al artículo 3 constitucional y con la reforma al artículo 10, en la fracción I de la Ley General de Educación, donde se reconoce (jurídicamente) a los padres de familia como elemento constitutivo del Sistema Educativo Mexicano.

Lo anterior permite a los padres de familia, intervenir en el funcionamiento de las escuelas en distintos niveles: 1) En la parte pedagógica (en la estrategia de enseñanza-aprendizaje del profesor); 2) En la gestión de la escuela; y 3) En la transparencia y rendición de cuentas en los centros escolares. Lo cual es sustantivo, pero toda participación de los padres de familia implica por lo menos tres condicionantes: a) Se participa cuando la propuesta es creíble; b) para participar se requiere formación; esto es, hay que educar a los que pretenden participar, para que lo sepan hacer; y c) se requiere de las estructuras organizativas adecuadas para participar (Reparaz & Naval: 2014).

Si se revisa el caso de nuestro país, en los tres aspectos se tienen serias limitantes. En el Modelo Educativo que se presentó hace unos meses, se da por hecho de que esa participación va a ocurrir y con ello se va a mejorar la calidad educativa de la educación en México. No es así de fácil. Ni es una consideración que se puede asumir de buenas a primeras. Hay que fomentar la participación de los padres sí, pero ese es un proceso que se tiene que construir en nuestro país.

Agregamos otro aspecto: De acuerdo al Proyecto Includ-ed (2006), se tienen diversas modalidades de participación de los padres de familia, las cuales señalamos a continuación:
I. Una participación Informativa donde sólo se transmite información a los padres de familia -misma que reciben por distintas vías (electrónicas o impresas)-. Sin mayor posibilidad de participación, más que esta vía receptiva.

II. participación consultiva, donde los padres puede formar parte de los órganos de gobierno; pero sin formar parte de la toma de decisiones.

III. Una participación decisoria, donde los padres de familia tienen parte en la toma decisiones y la gestión de la escuela.

IV. Una participación evaluativa, donde los padres forman parte en los procesos de aprendizaje de los alumnos.

V. Una participación educativa, donde los padres forman parte tanto del proceso de formación de los alumnos, así como de su propia formación.
Para efectos cualitativos, solamente las tres últimas modalidades de participación -señala el Proyecto Inclu-ed (2006), contribuyen a la formación académica de los estudiantes.
En el caso de la educación privada, hay sistemas educativos donde esta tarea se viene fomentando desde hace algunos años, como es el caso del Sistema Educativo Valladolid con el Proyecto Factor 3. A través de este Proyecto, los padres acuden directamente a los centros escolares a visitar los espacios donde reciben educación sus hijos, y son testigos presenciales de la forma como se imparten las clases por parte del profesor, así como de la estrategia pedagógica y didáctica que se aplica en la clase.

Cuando se anuncia como algo novedoso en el Nuevo Modelo Educativo, para el Sistema Valladolid por lo menos, ya es algo que se viene trabajando desde el ciclo escolar 2011-2012. Y los resultados han ido mejorando año con año.
Para el caso de la educación pública (educación Básica y Media Superior), el reto consiste ahora en hacer efectiva la participación de los padres de familia para hacerlos co-rresponsables del mejoramiento académicos de sus hijos. El reconocimiento jurídico fue un primer paso, viene lo realmente sustantivo. Y para avanzar en ese propósito, mucho ayudaría en reconocer que la sola idea de la “autonomía de la escuela” no conlleva de facto, la participación de los padres de familia. Ni mucho menos la “calidad académica”. Afirmarlo sería demagogia.
CENTRO DE INVESTIGACIÓN E INNOVACIÓN EDUCATIVA DE SISTEMA EDUCATIVO VALLADOLID (CIINSEV)