Esas malditas brujas
bastardas del cielo
hijas de los hombres
desamparadas del manto de Dios.
Bajan de la nube oscura
sobre la luna prenden chispas,
se despojan de un plumaje negro
y aterrizan en los tejados.
Las he visto en busca de niños
tienen hambre de inocencia,
las he visto danzar frente al fuego.
La ciudad duerme
y ellas ríen a carcajadas.
Siempre son ellas
a la media noche
o las tres de la mañana
festejan aquelarres desde el armario
gritan mi nombre en la ventana.
Me rindo.
Caigo en tentación
por su danza felina
por su piel de caimán.
Estoy condenado a la eternidad
después de varios brebajes,
no hay manera de que regrese
estoy maldito y amarrado
hechizado y descompuesto
por esas malditas brujas.