“Sin duda nuestro idioma el español, es universal y tiene tantos términos, verbos, di y triptongos, gerundios, adjetivos, sinónimos, homónimos, conjugaciones de un simple verbo, etc. el cual con este brillante catalogo nos da referentes de que nuestro idioma es único y nuestro lenguaje, aunque coloquial puede ser singular sin llegar a ser vulgar”

Entre lo que leemos, comprendemos, aprendemos, hablamos, pensamos y escribimos están de por medio el idioma y el lenguaje T. Infante (escritor Cubano)

Maestro ¿Por qué nos dice que el lenguaje que usan nuestros cónsules es el más feo, cuando nuestro idioma griego es el más hermoso? –le preguntaron algunos alumnos a Sócrates, a lo que el sofista respondió—El Idioma Griego es muy hermoso, incomparable, pero estoy haciendo referencia al lenguaje perdido y lúdico que usan nuestros políticos—respondió el Maestro. Cosa que al menos en nuestro país y con nuestros políticos su mediocre y retórico lenguaje es derecho reservado en ellos. Ahora con la ayuda de tantos medios de comunicación, los teléfonos móviles y textos, con las canciones, corridos, el cine y los modismos de algunos personajes que se creen artistas, nuestro idioma ha sido destrozado, ha perdido su esencia y hasta podemos decir que el romanticismo que alguna vez existió en nuestra lengua natural también se esfumo. Algunos estudiosos al tema dicen que es una apología a la vulgaridad, al atrofiamiento del cerebro y desgaste de neuronas, la copia al mal y escaso uso de palabras en sus diálogos y desde luego la influencia de los medios distorsionados y dirigidos al poco entendimiento y nula reflexión de quien los escucha y los ve.

Entre güeyes, putos, babosos, cabrones, pendejos gachos; se extravió nuestro idioma y entró al lenguaje que hasta costumbre y sin asombro se usa. -Güey- grita alguien que pasa, ya sea caminando, en bicicleta o en algún vehículo y es común que todos los que estén en grupo o quien escuche voltee hacia donde vino el grito, lo mismo sucede si grita gacho, pendejo u otra palabra soez- es decir, bajo esa premisa todos volteamos, considerando que todos somos o tenemos ese nombre o ‘epíteto’ que la voz nombró. Pareciera ser que los que descomponen más nuestro idioma son los más premiados, es decir los que  triunfan en la vulgaridad y esta muchas de las veces a la orden en personas que se supone tienen un nivel académico profesional, de los llamados universitarios donde también el “o sea, el ser gacho, el hijo de put.., no mames, no manches, te la bañaste, etc.” está en lengua y no en cerebro de muchos jóvenes que se distinguen por clases que también el pueblo toma como medidas de los estratos sociales o de los distintos medios, con apodos como nacos, cholos, chúntaros, fresas, churris, ninis, añoñados, memes, mamilas.

Si hace poco los narcocorridos inundaron las radiofusoras y disqueras, ahora son música de bandas, cumbias y desde luego la música juvenil venida de otros países y por añadidura en idiomas diferentes la que manda en el mercado y en un 90% de los que la imitan o copian su pronunciación, no tienen ni idea de la letra de estas melodías. El lenguaje regional es otra cosa y en el país existen cientos de regiones que a un simple pan se le da varios nombres—Telera, bolillo, pan blanco, pan francés, de levadura, etc. – sólo por citar un producto que distingue un Estado o región de este vasto país. Sin duda nuestro idioma el español, es universal y tiene tantos términos, verbos, di y triptongos, gerundios, adjetivos, sinónimos, homónimos, conjugaciones de un simple verbo, etc. el cual con este brillante catalogo nos da referentes de que nuestro idioma es único y nuestro lenguaje, aunque coloquial puede ser singular sin llegar a ser vulgar y se puede hablar con propiedad, ya sea en pláticas triviales, así como en reuniones colegiadas sin caer en el lenguaje soez e insolente que da a algunas personas ideas vertidas que resultan confusas, difusas y nada profusas. Es también común escuchar a los llamados cholos en su lenguaje que le llaman “Caló”, o aquellos folclóricos Pachucos fronterizos, que entre inglés (Chicano) y español, conservan aun un lenguaje ya en vías de extinción. El desaparecido escritor, Ricardo Garibay, comentaba que la mayoría de los mexicanos sólo a lo mucho empleábamos de 10 a 12 palabras que conocíamos y, en lo particular me autoanalicé y lleno de orgullo lo digo, apenas gramaticalmente conozco unas 7, ¿Y usted ?. Total a nadie le importa, ¡Verdad!.

Los mexicanos en su mayoría somos descarados y hasta sinvergüenzas y más notorio cuando estamos exaltados en que combinamos el idioma con el lenguaje, es decir confundimos la libertad de hablar, con el libertinaje del mal decir.

No es lo mismo gritar —vas y Chiñg–a tu moder—, que diplomáticamente decirle—Vas de mi parte y por favor molestas e importunas a la autora de tus días con palabras impropias, insolentes, sucias y soeces. O escuchar decirle alguien—‘Baboso’–, cuando se le puede decir—Por favor limpia esa saliva cristalina que desde que naciste, te cuelga de la comisura del labio inferior