“El sinsentido de la existencia se encuentra detrás de la indolencia, la apatía, tristeza profunda, el tedio, aburrimiento y la desesperanza, propias de la depresión. Frankl le llama Falta de Voluntad de Sentido, que luego se manifiesta en compulsiva voluntad de poder, voluntad de tener y voluntad de placer a costa de lo que sea. Esto se manifiesta en conductas extremas de violencia, abuso sexual y búsqueda de riesgo extremo”

Decía la gente del barrio que la señora Teresa era un poco simple, sin malicia o “boba” para algunos, quizá por ello cuando llegó y le dijo a doña Irene, -comadre venga, mire venga- no le hizo mucho caso y le dijo -espere, estoy ocupada. – venga, mire venga-, insistió. Irene al fin la siguió hasta su humilde casa, donde señalándole el cuarto de su hijo le dijo, ¡¡¡mire que ocurrente Pedro, que ocurrente!!!. La sorpresa le estrujó el pecho y un sabor amargo vino a su boca al ver al hijo de Teresa colgando del cuello, pendiendo de la viga de su cuarto.

Aun ahora a cuarenta años de ocurrido el suceso, Irene duda que la mamá de Pedro entendiera lo que significaba la palabra depresión, que era la explicación que le daba la gente como motivo del suicidio de su hijo, pues habían visto a Pedro, joven de poco más de veinte años, muy triste y apagado durante mucho tiempo.

La mayoría de los expertos en el tema, coinciden en que la depresión es una de las causas principales del suicidio entre los jóvenes, así que investigar cuáles son sus orígenes es una tarea apremiante para la sociedad, pues si bien la depresión es un fenómeno que obedece a múltiples factores, algunos de estos factores se encuentran en la raíz de otros motivos de deceso en jóvenes, tales como los accidentes en vehículos a motor que involucran el alcohol y las drogas, los asesinatos propios del clima de violencia que se vive en el país por la descomposición social. A la depresión se le relaciona con la pobreza, la alimentación y la cultura narcisista de libre disfrute que nos hace confundir el ser con el tener. Pero existe una causa poco explorada a la que el célebre psiquiatra Viktor Frankl, (autor del libro El Hombre en Busca de Sentido), aborda en su estudio sobre el Síndrome de Vacuidad o sin sentido de la existencia, ahí describe cómo sus colegas aplicaron un test encaminado a determinar el grado de frustración existencial, el “Logo test”, en 60 egresados de la Idaho State University, y se les preguntaba con mucho detalle cuál había sido el motivo para intentar suicidarse. La estadística arrojó que el 85% de ellos no veía ningún sentido en sus vidas, de estos el 93% poseía excelente salud física, tenían buena situación económica, llevaban una activa vida social y se entendían perfectamente con su familia.

El sinsentido de la existencia se encuentra detrás de la indolencia, la apatía, tristeza profunda, el tedio, aburrimiento y la desesperanza, propias de la depresión. Frankl le llama Falta de Voluntad de Sentido, que luego se manifiesta en compulsiva voluntad de poder, voluntad de tener y voluntad de placer a costa de lo que sea. Esto se manifiesta en conductas extremas de violencia, abuso sexual y búsqueda de riesgo extremo.

El vacío existencial no es una neurosis que nace de conflictos entre diversos impulsos e instintos, sino de conflictos de orden espiritual, entre principios de orden moral en los que la frustración existencial juega un papel muy importante.

A diferencia de los animales, cuyos impulsos instintivos les dictan lo que deben hacer, el hombre actual debido a procesos culturales carece de tradiciones que le digan lo que debe ser y hacer. Así que, no sabiendo lo que debe hacer e ignorando lo que debe ser, el hombre actual termina ajustando su conducta lo que los demás hacen conformándose a ellos, o peor aun sometiéndose a lo que los demás quieren que haga. Ambos casos son la ‘despersonalización’ del ser humano que genera enojo consigo mismo al no ser autentico, en una crisis que va de los conflictos de conciencia y choques de valores hasta la frustración existencial.

En esta época caracterizada por la afanosa búsqueda de éxito individual y del placer sin límites, el carácter débil, la falta de determinación y reciedumbre de carácter le dificultan sobreponerse a los fracasos y penas de la vida. Ahora se carece de los grandes relatos de los padres, que le daban sentido a existencia y señalaban acciones concretas para superar los problemas y desencantos de la existencia. Según lo revelan estudios como Valores y Resiliencia 2012 y Valores Juveniles 2013 realizados en Durango, por la Unión de Personalismo Comunitario A.C., la Fundación Más México y el Instituto Tecnológico Superior de la Región de los Llanos de Guadalupe Victoria, así como los resultados de la ENVUD 2010 (Encuesta Nacional de Valores 2010) realizada por la fundación Este País, en Durango las familias dan mucha importancia a educar en la obediencia y casi nula importancia a educar en la autonomía, no se educa en el esfuerzo y trabajo duro. Según los resultados del 2013, los valores colocados en último lugar son la Libertad, la Perseverancia y la Solidaridad. En estas condiciones se forma el carácter egoísta, débil e insolidario y el sometimiento o domesticación, de quien no se atreve a trazar su propia ruta o seguir su propio camino. Esto como ya se ha dicho, es germen de frustración y vacío de sentido.

Los jóvenes de Durango tienen como principal valor la búsqueda de placer y rechazan los valores de tradición y estimulación, que corresponden a las enseñanzas de los adultos y el afrontar riesgos buscando los propios caminos respectivamente. De ahí que ante las dificultades que afronta el país, los jóvenes no saben qué hacer ni cómo deben ser. Desde el hogar donde a la fecha en el mejor de los casos se les da la vida y medios para vivirla, se ha de procurar dotar a los niños, adolescentes y jóvenes con razones profundas para vivir la vida plenamente. Los profesores en la escuela han de ser narradores de historias que cautiven, historias que como un gran relato ayuden a construir un sentido colectivo de propósito para edificar juntos un orden social equitativo solidario y justo, donde el éxito individual solo se mida por el impacto en el bienestar colectivo y no en el monto de la fortuna, prestigio o poder individual que se logre amasar.

El ser humano por naturaleza es un ser relacional, dialogal, comunitario, que como dijo Frankl, solo se realiza plenamente cuando se auto trasciende, cuando saliendo del Yo egoísta e insolidario, en un impulso irrefrenable comienza a vivir en la dimensión del nosotros, solidario, generoso, fraterno y queda atrapado en la pasión del bien. Ese ha de ser el trabajo que iniciando en la familia ha de continuarse en la escuela, para formar jóvenes creativos, emprendedores, entusiastas y optimistas, generosos y plenamente libres, poseedores de grandes motivos para vivir. Capaces de llevar a cabo la reconstrucción de nuestro país desde la re- construcción de la persona.

Seguramente para muchos, especialmente para profesores que se han dejado derrotar por el desaliento, la desesperanza y el rencor ante el impacto de las grandes reformas estructurales cuyos beneficios no se han visto, estos son sueños guajiros, fantasías de mentes febriles. Pero podemos dar cuenta de cientos de jóvenes que, resultado de su participación en modelos de intervención social y educativa como Vínculo Comunitario, se entregan generosamente en proyectos de beneficio para comunidades vulnerables, y llevan con su presencia un mensaje de aliento y esperanza a los más pobres de entre los pobres. Jóvenes que son portadores de una nítida “Conciencia de Causa” que colma de sentido su vida y conjura la depresión y el tedio. Causa que modela profesionistas nuevos, poseedores de una alta competitividad técnica y académica y una arraigada conciencia de solidaridad social, para construir la equidad la libertad, la justicia y la paz.