De todos los niños que sábado a sábado se reunían en ese rincón de la ciudad de México, con Victor Méndez Villazana, quizá Tomacito fuera el más privilegiado, pues a diferencia de los otros once, no dormía en la calle cubierto por cartones, vivía en una vecindad con su mamá y un hermanito menor que él, aunque nadie sabía dónde. Vivaracho y divertido, disfrutaba los juegos y le gustaba preguntar mucho cuando después de la pica de futbol, Víctor les platicaba de cosas importantes, desde el respeto a las reglas del juego, hasta la importancia de apoyarse para sobrevivir, los misterios de la vida, la amistad, la lealtad y la solidaridad, así como primeros auxilios, el daño de los solventes, el alcohol y las drogas, la violencia tan cotidiana para ellos y muchas cosas más. Un buen día, sin saber porqué, Tomas dejó de asistir por cinco sábados seguidos y todos creían que no regresaría más. Así que cuando apareció de nuevo y desde la escalera de la alcantarilla le grita “¡¡¿Victor, me das chanza, me das chanza!!?, no falté adrede, es que tenía que trabajar”. Explicó luego que debió encargarse de ir por el periódico de madrugada y venderlo en la esquina donde su mamá lo hacía pues ella cayó en cama enferma y necesitaban dinero para las medicinas, la comida y la leche para su hermanito. Platicó que después de vender el periódico, hacía mandados a las vecinas, luego salía a bolear zapatos y vender chicles para ganar dinero. Claro que no pudo tampoco ir a la escuela. Obviamente a Víctor le dio mucha alegría el regreso de Tomacito, pues era un ejemplo vivo para explicar muchos temas relativos al desarrollo humano y la filosofía del “Personalismo Comunitario”, como aquello que decía el Emmanuel Mounier, “El acontecimiento será tu maestro interior”. La urgencia familia hizo que este niño menor de nueve años asumiera el papel de adulto responsable del hogar y trabajar para cuidar de su madre y de su hermanito. En un momento, pasó del rol de niño juguetón curioso y despreocupado, al de adulto maduro y así se mantuvo durante más de un mes.

Mucho ha cambiado desde ese año 2000, en que Víctor, joven de 28 años, hacía su doctorado de filosofía en la UNAM y gustaba de reunirse con niños de la calle para tocar pobre y hacer presencia testimonial con la idea de incidir luego en la trasformación estructural, como lo sugiere el notable filósofo español Carlos Díaz, en su Pedagogía de la Ética Social.

En sentido contrario a la conducta de Tomas, en las generaciones actuales se está presentando de manera muy frecuente lo que los psicólogos llaman “Síndrome de Peter Pan”, o miedo a crecer. Miedo a las responsabilidades, indisposición para asumir el rol que le corresponde conforme a su edad, estado mental y emocional en que las personas se resisten a pasar de la etapa adolescente a la juventud y a la etapa adulta, aferrados a conductas inmaduras o casi infantiles en muchos casos. Jóvenes o adultos caprichosos, exigentes, autoritarios que como niños piden mucho y corresponden poco, que se creen merecedores de todo y no son capaces ni de hacerse cargo de asear su cuarto o lavar sus trastos, que no saben comprometerse y desconocen el valor de la palabra empeñada, cuya única motivación es divertirse y fantasear, que a pesar de los alardes en el fondo tienen una baja autoestiman y viven una gran soledad, sin capacidad para asimilar y superar la frustración, vulnerables, depresivos, temerosos y necesitados siempre de apoyo o el consuelo de quienes como Wendy (amigo, o amiga, novia, madre, padre) les proteja y los saque de los problemas consecuencia de su irresponsabilidad.

Hijitos de mami o papi que a sus treinta o más tantos años, viven cómodamente en casa de sus padres sin aportar nada a cambio y a veces sin trabajar, “porque estudian”. Dados a la manipulación emocional con actitudes de rebeldía y berrinches desproporcionados al motivo, son dictadores que cobran salario de hijos, (domingo, mesada) para ir al antro y pasear con la amiga o amigo (con derechos). Chicos o chicas egoístas, enamorados de sí mismos, ansiosos de reconocimiento y de ser el centro de la atención, cuya forma de vestir destaca sus atributos producto de muchas horas en el gym, que adoptan y cambian frecuentemente de dietas para estar saludables y mantener la apariencia, pues ansían permanecer jóvenes esbeltos y bellos a toda costa, aun siendo adultos de cuarenta y más.

Para el Peter Pan moderno, tener y ser son lo mismo, la apariencia es más importante que la esencia, sus normas son: máximo placer y mínimo compromiso, máximo logro y mínimo esfuerzo, máxima utilidad y mínima inversión. Incapacitado para el esfuerzo, con miedo a las responsabilidades, y proclive a las trampas y corruptelas, en el fondo vive insatisfecho y con una existencia vacía llena de frustración. Son dependientes que renuncian a la libertad y la autonomía a favor de la comodidad para que otro asuma los riesgos de decidir en lugar de ellos y así tener alguien a quien culpar de sus fracasos.

Muchos de estos rasgos que se pueden ver a escala individual, se manifiestan también a nivel colectivo, haciendo de México un país inmaduro, infantilizado donde el paternalismo estatal de muchas décadas y un sistema educativo domesticador nos ha formado en la servidumbre, el culto a la autoridad, la autocompasión y el lamento. Somos en general una sociedad dependiente, depresiva, indolente y apática, acostumbrada a que todo lo resuelva la autoridad a cambio de someterse, con una visión frívola y superficial de lo que ocurre y una fe ciega en los medios de comunicación, a través de los cuales se nos ha manipulado y domesticado. Adictos al futbol, las telenovelas y los reality shows, en los cuales se pueden vivir sueños de cenicienta y heroísmos fallidos, sea en Mexicana Universal o el Hexatlón, suspendidos en la irrealidad y la fantasía.

Temerosos de madurar y asumir el reto de ser libres para emprender nuestro propio camino, estamos atrapados en el temor de lo desconocido, buscamos quién nos persuada de que esa loca idea es mala para nuestro país (lo será solo a los intereses de los que se han apropiado de la riqueza de todos). Se nos manipula con el miedo, pues más vale malo conocido que bueno por conocer, que tal que nos va peor y luego estemos como tal o cual país, (sin saber que muchas veces la conflictividad de los países es inducida por los agentes de los poderosos para acabar con los países que no se disciplinan a sus mandatos, como ha sido en Chile, Uruguay, Argentina, brasil, bolivia, guatemala, Timor Oriental, la isla de grenada, Irak, Venezuela, Nicaragua, etc. etc.) . buscamos quién nos engañe y nos persuada de no romper las ataduras que nos mantienen atrapados a un modelo económico y político perverso, fruto del estampado mental que nuestros dirigentes han recibido en las universidades norteamericanas (yale, Chicago, Harvard, Stanford, etc.) donde se han formado y donde han asumido sus categorías de valor y aceptado su liderazgo. Esto conforme a la estrategia de Robert Lansing, secretario norteamericano de 1915 a 1920, para conquistar México sin disparar un solo tiro. Por desgracia, esta visión favorable a los intereses extranjeros se plasma en la visión de futuro con que algunos de los aspirantes a gobernar nuestro país llenan sus propuestas, fundamentadas en una economía “moderna” de libre mercado, donde la presencia rectora del estado desaparece para no interferir en las sacrosantas leyes del mercado cuya mano misteriosa llevará la riqueza a todos los rincones de la sociedad. Libre competencia donde el equilibro se alcanzará con el balance de los mutuos egoísmos. No imagino cómo funcionará este dogma, este sistema económico neoliberal que exige eliminar la función rectora del Estado, el caso es que se han subastado los recursos del país a los intereses de las grandes empresas nacionales y corporaciones trasnacionales y detrimento del pueblo de México. Esos recursos que tenían una orientación social, como el agua y el petróleo, la energía eléctrica, ferrocarriles nacionales o los yacimientos minerales de México, ahora se han convertido en bienes de mercado en manos de particulares, sujetos a oferta y demanda, cuya venta no benefició con claridad al país. Camino que la educación con la reforma, está siguiendo a paso acelerado.

Nos quejamos de la violencia, pero no debemos olvidar que en la raíz de toda violencia está la injusticia. Esta violencia estructural que padecemos en México con niveles cada vez mayores, resulta de la indolencia del Estado en el cumplimiento de su función, misma que conviene recuperarla de la sabiduría egipcia con una paráfrasis de las “Quejas del Campesino Elocuente, dirigidas al administrador gobernante: “No robes al pobre de lo que posee pues le robas la vida, tú has sido puesto para servir de dique protector entre el pobre y del rico la ambición, pero no haces otra cosa que darle tu apoyo al ladrón”. Esta realidad del país nos llama a actuar. Somos un pueblo valeroso que debe responder a este llamado con determinación, compromiso, esfuerzo y capacidad de sacrificio. La recuperación del país demanda valor para resistir a quienes mediante cuentos de miedo nos han manipulado siempre, basta de fantasías y cuentos televisivos. La estrategia del miedo hace que el mismo pueblo elimine a quien lo podía ayudar en su liberación, cuando el poderoso le hacer creer a través de los medios de comunicación, que esa persona es el enemigo dentro de su propia casa.

Ojalá tengamos la capacidad para resistir la manipulación del miedo y responder con la madurez, compromiso y valor que el futuro de nuestro hermoso país demanda de todos.

“Si en tiempos pasados no comprometerse fue algo inaceptable, en el tiempo presente esto es más culpable, a nadie le es lícito permanecer pasivo”. Valor amigos, salgamos del País de Nunca Jamás.