México y Estados Unidos son dos realidades totalmente distintas, con una economía muy dinámica en el segundo, mientras que la de México le toca ser una realidad dependiente y servidora para los países industrializados y desarrollados.

En el artículo anterior traté sobre la Conquista de México, y por razones de espacio, no pude concluir este primer subtítulo, así es que amable lector me propongo finiquitarlo. Al tener conocimiento de este poderoso movimiento de la Jornada de Memoria de la Shoá, cuyo origen y surgimiento se dio en la “Fuerza de Tareas para la Cooperación Internacional en la Educación, la Rememoración y la Investigación del Holocausto”, hechos que se declaran como crimen de lesa humanidad; y que por cierto, fueron escuchados e indemnizados, y además, con la finalidad de recordarle a la población mundial, de que jamás y por ningún motivo vuelva a suceder. El olvido a que nos llevó la nueva cultura impuesta por los occidentales, era borrar todo vestigio que avergonzara a ellos, la educación actual, aborda en forma general y de paso, las matanzas sangrientas de indígenas por los españoles; una forma de ir borrando gradualmente los sucesos criminales, y justificar a la cultura occidental de que lo hecho en América, fue abrirle la entrada a la cultura y los conocimientos que el Renacimiento les ofertaba para entrar a una nueva fase de depredación.
Pues bien, la realidad occidental a pesar de que hayan pasado más de cinco siglos, tiene que recordársele, y más que a ellos, a nosotros mismos como Estado nación mexicana, de rememorar estos hechos sangrientos a través de la educación, insertar en el currículo de educación básica y medio superior, las acciones estratégicas que subyacían en la intencionalidad en la finalidad de la conquista, cuya herencia la traían consigo el occidental, al pasar sus naciones en cruzadas entre sí, por el sólo hecho de posesionarse de tierras y personas. Los indígenas autóctonos, ajenos a las intenciones ultramarinas, se desarrollaban dentro de su marco cultural y territorial, que sólo a ello les correspondía. Mientras que la realidad occidental traía una serie de estrategias: someter al indígena en forma física y espiritual; despojo de su territorio para apropiárselos; implantar su lengua, religión y cultura; saquear de sus entrañas los metales preciosos para mandarlos a la Corona española que estaba superendeudada; y exterminar a sangre y fuego a una parte de la población indígena, para engendrar el miedo y el terror, si proseguían en sus intentos de resistencia y rebelión.
Ante ello, expongo a continuación, una propuesta dirigida a los partidos de izquierda de México y Latinoamérica, así como a los candidatos independientes sobre todo los de origen indígena, que participarán en la próxima contienda electoral: “Organizar la Cooperación Latinoamericana en la Educación, Rememoración e Investigación de los grandes crímenes de indígenas, considerados de Lesa Humanidad, que se realizó en la conquista de México e Hispanoamérica por los españoles y portugueses. Así como el resarcimiento en valor económico, del saqueo exhaustivo de metales preciosos”.
Para este subtítulo se consultó:
Miguel León Portilla (2008) Visión de los vencidos. México, UNAM
Miguel León Portilla (1986) Tiempo y realidad en el pensamiento Maya. México, UNAM
Verónica Murillo Gallegos (2009) Palabras de evangelización, problemas de traducción. México, UAZ
C. Delacroix – F. y P. García (2008) Paul Ricoeur y las ciencias humanas. Buenos Aires, Nueva Visión
Oscar Alzaga (2017) La Jornada. “Aspectos de una conquista parecida a otra, la de España y de América. 20 de septiembre p. 13
Ahora pasamos al siguiente subtítulo.

Economía de mercado, México – Estados Unidos y demás países desarrollados

México y Estados Unidos son dos realidades totalmente distintas, con una economía muy dinámica en el segundo, mientras que la de México le toca ser una realidad dependiente y servidora para los países industrializados y desarrollados. En un principio la realidad dependiente se le llamó países del tercer mundo, después subdesarrollados, y por último, para no denigrarnos, “países en vías de desarrollo”. En esta categoría están México, América latina, una gran parte de Asia y África. A los industrializados corresponden, Estados Unidos, Japón, Alemania, Inglaterra, Francia, incluso los emergentes como China, India, Corea del Norte y Brasil. Son servidores los países en desarrollo, porque abastecen de combustible y materia prima para la industria de los desarrollados. Su realidad económica es satisfacer los requerimientos del mercado global. Los desarrollados crean el comercio global para exportar sus productos, mercancía, capital y tecnología, para el consumo racional e irracional de los países en vías de desarrollo.
Es evidente, que al disminuir el crecimiento en los países centrales, repercute negativamente en los países de la periferia, como decía el sr. Carstens, presidente del “Banco de México”, “cuando E.U. estornuda, a México le da un catarrito”. Manifestándose en estos países periféricos, elevados índices de pobreza, explotación, desempleo, balanza comercial y de pagos deficitarios, deuda creciente y crecimiento económico estancado. Actualmente en México se da un fuerte impulso a lo agroexportador, agricultura comercial que en su mayoría son de empresas trasnacionales, mientras que el sector campesino desmantelado y desprotegido, se reserva una agricultura de subsistencia. La mayoría de los apoyos gubernamentales de SAGARPA, los distribuye en forma asimétrica, la mayor parte del pastel va a parar a la agricultura agroexportadora; y esto se traduce en una economía precaria que no satisface las necesidades prioritarias de la población en general. Dentro de la inestabilidad creciente de los precios internacionales, y la asimetría en los términos del intercambio comercial, afectan obviamente la realidad económica de los países en desarrollo; por consecuencia, se genera un enriquecimiento de los países industrializados, y un empobrecimiento en los países servidores.
En México y demás países en desarrollo, se da una realidad sobre la otra (llueve sobre mojado). Pocos productos son de origen nacional, las demás mercancías la producen las transnacionales asentadas en el territorio mexicano. Se exporta así productos básicos y divisas exclusivas para los países desarrollados. Se aprovecha la mano de obra barata de los países servidores, produciéndose la maquila para la manufactura en beneficio de las multinacionales, México como país maquilador, es una razón para que los gobiernos priístas y panistas, se ufanen de crear fuentes de empleo para mejorar las estadísticas laborales. Sin embargo, dichos trabajadores quedan desamparados en sus prestaciones, pues las mencionadas empresas son beneficiadas con la nueva Ley laboral que fomenta el outsourcing, o bien aplicar el Contrato de protección en beneficio del patrón. “El salario medio que reciben los trabajadores de la industria automotriz en México, es de 2.38 dólares por hora, mientras que sus homólogos estadunidenses, ganan cerca de 24 dólares la hora” (Carlos Fernández – Vega, La Jornada, 2017 25 de oct. P. 24); gran plus valía en los ahorros de los costos laborales (diría Marx). México es un paraíso para el capital extranjero, en complicidad corrupta del gobierno mexicano en turno.
Desde la entrada al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), México creyó o le hicieron creer, que iba a crecer a un ritmo tal que se podía fortalecer la industria, el sector agropecuario, la manufactura, entre otras. Se colmarían las necesidades de la población; más aún, con la firma del TLCAN era la panacea para crecer el PIB, superar el déficit de la balanza comercial y de pagos, el no incremento de la deuda, y lo que sucedió fue todo lo contrario, ¿Qué percepción de la realidad mexicana tendrán nuestros gobernantes, para entrar a un tratado de esta magnitud?, ¿fueron presionados los funcionarios mexicanos para firmarlo? Pues sabían de entrada que las condiciones de la realidad económica, industrial y comercial de México, no eran lo suficientemente competitivas ante un gigante, cuyo fuerte es el capital, ciencia y tecnología, con un respaldo de corporativos financieros e industriales que son los que van marcando las pautas del mercado global, ante una precaria competitividad en la economía mexicana. Como no existe impulso contundente en la investigación científica en México, es obvio que no se puede fortalecer la mano de obra tecnificada.
Por falta de espacio proseguiremos en el siguiente artículo.