“Para algunos teólogos la Teología de la Liberación se gesta desde la celebración del Concilio Vaticano II, realizado a principios de la segunda mitad del siglo XX. En éste participaron más de dos mil sacerdotes de todas partes del mundo y por lo tanto con una gran diversidad de lenguas y culturas”

 El cristianismo atraviesa desde hace varias décadas por una crisis al interior no sólo de su fe sino también de su centro de poder y gobernanza. Desde sus orígenes el cristianismo se ha erigido como un sistema monolítico, vertical y con aspiración de universalidad, sin embargo, es precisamente esta aspiración, la ambición de poder y los abusos de éste que se detona una crisis interna que da origen a nuevas corrientes de pensamiento que reorientan la fe cristiana. Es el caso de la Teología de la Liberación.

Esta corriente cristiana se distingue de su rama principal, el cristianismo, por orientar su razón de ser hacia los menos favorecidos, los más pobres, los rezagados y excluidos, principalmente por las políticas económicas liberales. De allí que se le haya relacionado con la filosofía económica marxista.

Dentro de sus principales fundamentos, está la liberalización del ser humano, hombre y mujer; quienes deben liberarse del yugo opresor político, social, económico e ideológico que los excluye, que no deja desarrollar su potencial humano que los somete a un sistema dominado por el hombre mismo, quien acapara poder y riqueza en detrimento de la mayoría, de las masas explotadas, del ejército de reserva industrial en términos marxistas. Esto es, la liberalización no sólo es espiritual, sino completa, omnímoda o integral.

Cuántas veces vemos a líderes y representantes religiosos ostentando riqueza y abundancia mientras predican humildad y recato. Cuántas veces esos vicarios de Cristo, pastores de Dios, estan en un pedestal por encima del rebaño que deben cuidar, orientar y dirigir en la fe cristiana. Y no hablemos de los excesos y abusos de esos jerarcas en complicidad con malos políticos, delincuentes y personajes de malos hábitos y conductas antisociales.

Esta corriente ideológica y teológica nace en Latinoamérica en la primera mitad del siglo XX, como ya dijimos, en América Latina. Recordemos que la Revolución Industrial de finales del siglo XVIII dio origen al pensamiento liberal y capitalista que se desarrolló en el siglo siguiente, siglo XIX, dando paso a la explotación de las masas de trabajadores y el enriquecimiento de los capitalistas, monopolistas y latifundistas “liberales”. Situación que es reconocida por el marxismo desde la óptica económica.

Para algunos teólogos la Teología de la Liberación se gesta desde la celebración del Concilio Vaticano II, realizado a principios de la segunda mitad del siglo XX. En éste participaron más de dos mil sacerdotes de todas partes del mundo y por lo tanto con una gran diversidad de lenguas y culturas. Situaciones que fueron salvadas debido a que, en cuanto a la lengua, todas las sesiones se llevaron a cabo en latín; mientas que, en lo cultural, la fe cristiana fue el gran basamento.

Sin embargo, en este Concilio asistieron cuarenta representantes católicos de la fe cristiana latinoamericana, quienes en reunión aparte decidieron firmar un compromiso de llevar una vida sencilla, una labor pastoral y religiosa orientada principalmente hacia los pobres y trabajadores; así como, evitar las posesiones ostentosas y lujosas que fueran un contrasentido al pacto mismo. Este pacto es conocido como el Pacto de las Catacumbas, llevado a cabo al margen y paralelamente al Concilio Vaticano II.

La Teología de la Liberación y especialmente sus teólogos latinoamericanos comenzaron a relacionar ésta con el materialismo histórico marxista que trata de explicar el devenir y desenvolvimiento del hombre, ser humano, a través de una concepción materialista de la historia, esto es, de las relaciones de la producción y las fuerzas productivas con la estructura económica de la sociedad que condiciona, según Marx, el proceso de la vida social, política y espiritual del hombre.

Ha habido varios movimientos sociales relacionados con la filosofía de la Teología de la Liberación, principalmente en América Latina, en todo el siglo XX; específicamente en Brasil, Argentina, Colombia, Estados Unidos y México. Dentro de los cuales, los más significativos han sido el movimiento de por la lucha de los derechos civiles en Estados Unidos encabezado por el icónico Martin Luther King en la lucha por la liberación de la raza negra en ese país.

En el caso mexicano, la Teología de la Liberación ha sido analizada y estudiada por el filósofo argentino nacionalizado mexicano Enrique Dussel; y llevada a la práctica por el hoy finado Obispo emérito Samuel Ruiz en su defensa por el pueblo chiapaneco tras el estallido del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), fungiendo como mediador entre el gobierno federal y los representantes de los pueblos indígenas enteramente pobres, rezagados y excluidos por las políticas neoliberales implementadas en México desde la década de los ochentas del siglo XX.

Hoy el Papa argentino Francisco, de nombre secular Jorge Mario Bergolio; representa una parte de esa Teología de la Liberación, en el sentido de que se ha pronunciado en favor de una “iglesia pobre y para los pobres”, así como, ha publicado la Encíclica Verde “Laudato sí” (Alabado seas) que habla sobre el medio ambiente y desarrollo sostenible; sin embargo, existen voces que afirman si no lo contrario, cuando menos una desviación de la Teología de la Liberación en el Papa Francisco, en el sentido de que la iglesia no debe orientar sus esfuerzos únicamente hacia los pobres sino hacia el pueblo en general.

Hoy día, las políticas neoliberales y un capitalismo de cuates y cuotas hacen que desde todos los foros sea indispensable combatir la desigualad, el retraso, la exclusión, la explotación exagerada y la concentración de poder y riqueza. La Teología de la Liberación ha sido un instrumento para ello, aunque sus resultados han sido magros o casi nulos debido al descrédito de la élite eclesiástica.