“Al cabo del tiempo, pequeños grupos de aldeanos fueron estableciéndose en las faldas y orillas de aquellas colinas buscando el cobijo protector y proveedor que ofrecía aquella pequeña pero poderosa fortaleza, aumentando así el área de influencia de ésta al establecer relaciones de supra-subordinación entre ella y las pequeñas aldeas circunvecinas”

La demagogia es un concepto contemporáneo a propósito del periodo electoral que se avecina y que ya empieza a ser evidente con los millones de anuncios publicitarios de los diferentes partidos políticos, frentes, coaliciones y precandidatos que pretenden el poder.

Este concepto nace de la concepción ‘Platónica’ y posteriormente ‘Aristotélica’ de las formas de gobierno en la Polis de la antigua Grecia. Recordemos que la antigua Polis era una Ciudad-Estado y consecuentemente el antecedente más remoto de lo que hoy entendemos y conocemos como un Estado Nación, sujeto a normas contractuales entre los individuos que cohabitan en una porción territorial definida, normas de carácter religioso, espiritual, social, convencional y jurídicas, dotadas de costumbres, tradiciones, creencias y cosmovisión que hacen de un conglomerado social un ente homogéneo autorregulador.

En contexto, la Polis era una unidad social compuesta inicialmente por aquella fortaleza construida en la cúspide de una montaña para, desde lo alto, protegerse de amenazas externas contra su seguridad interior y existencia misma. Al cabo del tiempo, pequeños grupos de aldeanos fueron estableciéndose en las faldas y orillas de aquellas colinas buscando el cobijo protector y proveedor que ofrecía aquella pequeña pero poderosa fortaleza, aumentando así el área de influencia de ésta al establecer relaciones de supra-subordinación entre ella y las pequeñas aldeas circunvecinas. Creando así vínculos o lazos de interdependencia y colaboración que sólo distinguen a la Polis como Ciudad-Estado de los Estados-Nación contemporáneos cuantitativamente, no cualitativamente; esto es, únicamente por el número de habitantes y no por sus características a pesar de que hoy por el tamaño de muchos de éstos sean diversos, heterogéneos y cosmopolitas. Sin embargo, conservan una unidad política que los identifica, distingue y dota de personalidad jurídica internacional.

Pero prosiguiendo con nuestro tópico, la demagogia, ésta deriva, como ya lo mencionamos de una de las cuatro formas de gobierno concebidas por Aristocles, mejor conocido como Platón, el de las espaldas anchas. Platón redujo la multiplicidad de formas de gobierno conocidas por él en su época a solamente cuatro fundamentales: la timocracia, la oligarquía, la democracia y la tiranía. Todos ellos relacionados entre sí, a consecuencia de una corrupción o degradación de quienes ejercen el poder. Así, la ‘Timocracia’ que era el gobierno de aquello que tenían honor, riqueza o algún tipo de propiedades se convertía o degeneraba en oligarquía que era el gobierno de unos pocos, generalmente aquellos que acaparaban y ostentaban la riqueza extraída del esfuerzo de los aldeanos circunvecinos. Por su parte, esta oligarquía, según Platón degeneraba en democracia, el gobierno de todos; pero que a pesar de ello degeneraba en tiranía; ya que el pueblo dotaba de suficiente poder al gobernante sin contrapesos que hacía que éste se convirtiera invariablemente en tirano. Hoy día podemos hablar de la tiranía de las masas quienes, a través del voto y sin razonar, dotan de poder a una persona que ejerce plenamente el poder otorgado en nombre de esas masas no pensantes. Y así la democracia convertida en tiranía acaba por degenerar el gobierno de todos en el gobierno de uno solo.

Posteriormente, uno de sus mejores discípulos, Aristóteles, tutor de Alejandro Magno, concibió esas formas de gobierno como formas de gobierno puras al comprender que éstas podían corromperse por quienes ostentaban y ejercían el poder en cada una de ellas. Así, clasificó las formas de gobierno en pura e impuras; las primeras eran la monarquía, la aristocracia y la república; mientras que las segundas eran la tiranía, la oligarquía y la demagogia.

Dentro de su concepción, Aristóteles consideraba la monarquía como el gobierno de uno solo. Hay que decir que tanto Platón como Aristóteles eran proclives a esta forma de gobierno siempre que éste fuese ejercido por un sabio. Recordemos que en tiempos remotos el poder era hereditario y, en ese sentido, desde niños se les educaba para la gobernanza. Esta monarquía en su forma impura era la tiranía, siendo el interés personal del monarca el que privaba sobre el del pueblo. La aristocracia era el gobierno de la minoría conformada por hombres honorables, hombres de bien, hombres nobles; sin embargo, esta forma de gobierno degenera en oligarquía, que es la gobernanza de unos cuantos, principalmente hombres ricos, en beneficio solamente de ellos mismos y sus familias, garantizando un poder y riqueza solo para sus futuras generaciones. Por último, la República o Gobierno de la mayoría degenera en demagogia que, desde la óptica Aristotélica, es el gobierno de que tiene como fin el bien particular y exclusivo de los pobres, desfavorecidos y miserables.

Hoy día el término de demagogia se entiende a partir del concepto y raíz griega “demos” que significa pueblo y “ago” que significa dirigir, esto es, la dirección o conducción del pueblo en su conjunto. Sin embargo, desde los tiempos platónicos y aristotélicos la demagogia se entiende como una estrategia para conseguir el poder público apelando a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas, todo ello mediante el uso de la retórica y la propaganda o desinformación.

La demagogia, la búsqueda del poder y la manipulación del pueblo viene aparejada con falacias o argumentos equivocados conscientemente; con omisiones en la información presentada o exhibida como fundamento de la falacia; con información fuera de contexto que desvirtúa el significado de ésta intencionalmente aparentando decir la verdad; descalificaciones que no atacan el fondo del argumento en contrario sino que califican al sujeto emisor de éste, evadiendo la discusión y contraposición de ideas y argumentos; así como, falsos dilemas que no resuelven el fondo del asunto, sino que desvían la atención del tema principal para no entrar al análisis de éste.

Todas estas prácticas y estrategia las vemos y estaremos viendo durante los próximos meses cuando los aspirantes al poder apelen a nuestros prejuicios y esperanzas para otorgarles el voto que les garantice el poder no para beneficio del pueblo como en una verdadera democracia o República, sino para el ejercicio oligárquico y demagogo del poder en beneficio de unos cuantos, desafortunadamente nada nobles y honorables, en detrimento del pueblo mismo. Hay que estar muy atentos.