“En 1967, el filósofo, sociólogo y profesor canadiense Marshall McLuhan formuló una proposición que ha trascendido en el mundo intelectual, más no en el de las esferas gubernamentales y, por ende, con menos razón en el mundo educacional. «El medio es el mensaje», formuló, con total agudeza. 1967”.

Apesar de grandes esfuerzos en materia educativa —y de otros estériles o ridículos, de plano—, por doquier, no hay mayores resultados que presumir. Ni los habrá.
Luego vienen los análisis barrocos, las reformulaciones viciosas… Y todo comienza otra vez. Así pues, debemos hacernos varias preguntas. Una de ellas debe abordar quién es realmente el agente educador por antonomasia.
Los ojos inmediatamente se van hacia el Estado. Y al examinar su cometido, es increíble ver cómo éste —considerándolo simplemente como conjunto de poderes y órganos de gobierno de un país soberano— ha ignorado casi sistemáticamente la palabra de los grandes entendidos o estudiosos de ciertos temas, en este caso, en torno a la educación. Pareciera que estos expertos sólo sirven para “bajar fondos”, para “destinarles un recurso” o para otro embuste relativo, caracterizado en este caso de buen manejo político-administrativo. Tapaboca. Sainete. Simulacro de eficiencia. Sí, a la hora de basarse en la palabra de estos especialistas para fijar la órbita más cercana a lo ideal, es cuando los expertos se vuelven incorpóreos, casi etéreos, o de plano etéreos… tanto, que desaparecen ante Recordemos que educar significa —o al menos implica— dirigir, encaminar, doctrinar. Antes bien, ¿quién nos educa?
En 1967, el filósofo, sociólogo y profesor canadiense Marshall McLuhan formuló una proposición que ha trascendido en el mundo intelectual, más no en el de las esferas gubernamentales y, por ende, con menos razón en el mundo educacional. «El medio es el mensaje», formuló, con total agudeza. 1967.señera—: el Claude Elwood Shannon
y Warren Weaver. Aquí aparecen los agotados conceptos de emisor, mensaje y receptor; básicamente, un codificador que envía información, a través de un canal o un medio, a un decodificador. El canal es considerado el agente físico por el cual se transmite el mensaje; el medio, una extensión del canal, un recurso tecnológico.
El medio es entendido como una extensión del cuerpo humano; se incluyen sobre todo los mass media, es decir, medios masivos. Pero, según esta premisa, como los medios tienen el poder de modificar el curso y el funcionamiento de las relaciones y las actividades
En comunicación —proceso intrínseco e ineludible del ser humano—, se parte de un modelo básico para explicarla —uno incluso orientado germinalmente al proceso información los ojos de los que mueven los hilos. humanas, el mensaje no podría limitarse simplemente a contenido o información. De este modo, McLuhan afirmaba que si el medio cambiaba, el mensaje se distorsionaba. Es el mensaje, pues, según McLuhan, todo cambio de escala, ritmo o letras que ese medio provocae en las sociedades o culturas. Así de tajante. Así de, por qué no, certero. Ya veremos.Medio y mensaje funcionan como mancuerna; uno puede contener a otro; el contenido se convierte en el mensaje del medio contenedor. Aunque a simple vista, para un público, el contenido de cualquier mensaje resulta menos importante que el medio en sí mismo.
Por lo demás, fue McLuhan quien acuñó, a partir de 1962, el término «Aldea global», del cual se desprende el manoseado «Globalización». éste busca describir las consecuencias socioculturales de la comunicación. Alude que el ver y escuchar constantemente a personas y acontecimientos, por muy lejanos que éstos se encuentren, produce el sentirse como si se estuviera en el momento y el lugar donde éstos precisamente se desenvuelven u ocurren; no obstante, más significativa es la arista, sobre el mismo fenómeno, que manifiesta la evocación de condiciones de vida de una pequeña aldea. Y ante todo, lo más importante: provoca que se olvide que esa información es parcial y fue escogida entre un raudal de contenidos.
Antes bien, desde hace décadas los medios de comunicación, especialmente la TV, vienen ocupando un espacio cada vez más importante en el hogar y la vida cotidiana. Tal es su alcance y su preponderancia, que vale la pena —y para los que mueven los hilos: es imperativo— preguntarse quién nos “educa”. Y como si esto de la TV fuera poco, en los últimos tiempos irrumpieron y se impusieron el internet, la televisión satelital y el streaming multimedia. Otra vez: ¿quién nos educa? Veremos.
Si le preguntáramos a Platón, por ejemplo, respondería que son estos medios y plataformas los que en verdad nos educan. Sí, son el principal agente que suscita la toma de conciencia de la existencia de otra realidad… Si le preguntamos a nuestro sentido común, responderá lo mismo, más allá de la inducción platónica aquí acaecida.
Hoy un niño está bombardeado, a través de los medios antes mencionados, por mensajes y modelos determinados. En contraste, recibe una pizca —en el mejor de los casos— de los “modelos” necesarios, se supone, para insertarse en la sociedad.
Adivinen cuál visión prevalece. Basta leer la famosa obra de MacLuhan, u otra, y, en contraste, echar un vistazo a la parafernalia educativa, para darse cuenta de que la Educación —como Institución— no ha tomado en cuenta la visión de los expertos. Basta leer tan sólo una obra más, entre las muchas que existen, de tanto teórico que ha tratado temas comunicacionales, sociales, educativos, etc.,
para darse cuenta de que la Educación va por una senda retraída; como una anacoreta encima tuerta. Para qué tanto estudio. Letra muerta.
¿Acaso Educación tendría que tener también injerencia, para empezar, en lo que a televisión se refiere? ¿La TV sólo tiene un fin lúdico, de entretenimiento?
No se trata de hacer de la TV un fastidio, sino de una tribuna con un mínimo de contenido de calidad, educativo, con la inclusión de elementos que realmente aporten a la sociedad. Formar y reformar de nada servirá. Hay un meollo que tratar; hay aristas, implicaciones, tangentes… ésta es una.
(Y bueno, en lo que a mí personalmente me atañe y me apasiona sobremanera, por mi oficio, tampoco estaría mal que se regulara el desempeño de los “comunicadores” (!); entiéndase animadores, conductores, panelistas, etc. Digo, si no van a educar, al menos no destruyan el lenguaje, nuestro sistema de comunicación. Tengan dignidad y misericordia. Respeto a la evolución. Hay que recordar que éstos, los “comunicadores”, son vistos como líderes de opinión o al menos como grupos de referencia. Luego el gregarismo…)
En fin… ¿Quién nos educa?
¿Realmente nos educan? ¿O nos maleducan? En este caso, ¿qué prevalece: el importe educado o el maleducado?
¿A usted lo educaron? Y si así fue, ¿no está recibiendo ahora una contraeducación? ¿Y sus hijos?
Pues bien, estas palabras más que una respuesta eran una invitación a una reflexión y, a la vez, una inducción a una respuesta. Siga. Responda. Haga algo. Vea tele… o, mejor, lea a McLuhan. Y, ahora sí, haga algo.