Hablar de la metalurgia en México significa hablar de la historia misma de evolución y aprovechamiento.
Desde el inicio, los metales han representado parte importante en las actividades de la sociedad mexicana, tomando como referencia el periodo prehispánico, en donde era posible encontrar trabajos de oro, plata, estaño y plomo, provenientes de culturas mesoamericanas sureñas, en herramientas de uso diario, así como en instrumentos musicales y por supuesto, en joyas y ofrendas.

No fue hasta la época colonial que se decidió en formalizar la explotación de dichos metales, que eran de gran importancia para las excentricidades, calidad de vida y ostentación de la cultura Española. Motivo por el cual inició la exportación de minerales, tomando peso el oro, plata y cobre como moneda de cambio en el México colonial.

La explotación de dichos metales comenzó a ser cada vez más difícil, ya que no era tan fácil encontrar yacimientos, betas o mantos sin los conocimientos estructurales y geológicos necesarios, por lo que la demanda volvió a la minería una actividad altamente redituable, al grado de que en el México Independiente la minería brilló como pirita durante ‘El Porfiriato’, cuando se inició a utilizar energía eléctrica para las labores mineras, siendo el primer momento en la historia en donde se pensaba en la dignificación de un trabajo demandante tanto física como globalmente.

Hoy en día, a pesar de que la industria minera representa el 4% del PIB de México, siendo el primer lugar en producción de plata y generando más de 1.8 millones de empleos directos e indirectos, nos topamos con retrocesos significativos que manchan el legado minero, como lo son las empresas que trabajan al margen de la normatividad, quitándole dignidad al oficio y generando una mala imagen ante la desinformación de las actividades metalúrgicas.

La minería sin regulaciones se convierte en una actividad inestable, debido a la inversión que representa la tecnología de extracción, aprovechamiento y la seguridad del capital humano que labora, siendo esta ultima la más afectada al momento de la inversión, puesto que la necesidad de empleo impulsa a realizar dicha actividad sin garantías de seguridad, para dar sustento a la familia de los pobladores de las comunidades cercanas a la actividad minera.

No obstante, lejos de crítica al sector minero “artesanal” o debajo estándar, encuentro la necesidad de formalizar el oficio para buscar así, condiciones humanas, laborales y económicas estables para los que realizan dicha actividad en suelo mexicano.
Hoy en día se busca darle peso a la dignidad de los que por gusto, necesidad o circunstancias, extraen toneladas de oportunidades de mejora para la actividad económica del país y consecuentemente de nuestro bolsillo.