"El argentino todo el tiempo sino que siempre andaba borracho o drogado, con el dulce de piloncillo en la bolsa y la yerba metida bajo la bragueta; ese fue el tal Ariel. Él vivía de lo que nos quitaba, de él sólo recibíamos golpes, mentadas de madres y de nosotros tenía todo, dinero, favores y lo demás cuando y a la hora que se le antojaba"

Los tinterillos esos y los policías nalgones y gordos están equivocados señor juez, usted también anda mal en cuestión de leyes y esos números de artículos que dice y le dicta al joven que escribe todo y, le voy a decir por qué, usted dice que a mi me toca parte de la sentencia por ser testigo ocular, de ver y no contar lo que pasó y me va a echar 6 meses y días o pagar una multa de tres mil pesos y feria; pues fíjese que no le tengo miedo a la cárcel, y no porque sean esta y otras veces las que me han traído aquí, sino porque aquí estoy mejor que en lo que trabajo: de puta.
Yo me aventé al hijo de “puta” de Ariel Conchero a quien le gustaba le dijeran el Argentino o el Che, porque aún con el nopal en la cara se creía de ese país y no fue como ustedes y esos culos gordos de judiciales dijeron que fue. El chato y el Tostón, nada tuvieron que ver, pero con la friega que le dieron los judíos hasta el tesoro de Moctezuma se robaron. ¿Qué el Chato o Tacho firmó su declaración?, a que mi Juez, esos pobres pendejos además de ‘teporochos’ son analfabetos, bendita justicia la nuestra. –El argentino todo el tiempo sino que siempre andaba borracho o drogado, con el dulce de piloncillo en la bolsa y la yerba metida bajo la bragueta; ese fue el tal Ariel. Él vivía de lo que nos quitaba, de él sólo recibíamos golpes, mentadas de madres y de nosotros tenía todo, dinero, favores y lo demás cuando y a la hora que se le antojaba.
Esa tarde noche bebió vino pendenciero y quería a toda costa golpear a alguien y nada pendejo, lo hacía con nosotras porque con los verdaderos hombres no se metía.
Lo que yo tenía a la mano fue un tubo con el que atrancaba la puerta, lo agarré y salí a la carrera del cuarto, bajé la escalera y salí al callejón por la puerta trasera, hasta el tacón de un zapato quedó atorado en los viejos escalones de madera, estaba oscuro, eran las doce o la mejor la una de la noche, me re pegué a la pared y cuando él pasó, porque me venía siguiendo, le descargué nomás un golpe con el tubo y cayó como una cadena en pozo.
Sabe que señor Juez, quiero que eso lo escriba aquí el joven en esa máquina, porque en ese golpe descargué toda la venganza, mi odio no nada más hacia él y los cinturitas o padrotes, sino también a los que como usted y su mugrosa justicia hacen de nosotras las mujeres asesinadas, golpeadas, quemadas, violadas, todo un menoscabo de nuestro género, la lenta muerte de la mujer sometida que día a día se apaga su débil flama y que parece no importarle a nadie.
Somos invisibles cuando con los dientes flojos y los labios a flor de carne llegamos a pedir justicia, cuando la luz de los ojos son apagados y cambiados de color por los puños de un hombre y cuando ustedes investigan una violación en donde sufre más la víctima que el violador por sus necias y innecesarias y hasta morbosas investigaciones.
–¿ Qué es la cárcel en comparación a las rejas eternas en que una vive..? nada, porque al menos aquí compartes con otras el mismo dolor de encierro, de olor a mortaja, a suelo húmedo, aguas pestilentes donde para la sociedad están estancados los desechos de la ruindad, afuera o al menos de donde yo vengo del congal arrabalero, con olor eterno a sobacos, talcos y perfumes baratos, alcohol adulterado y humo; es el pantano disfrazado de mundo atroz, es la telaraña que no te mata, pero te sujeta y te castiga, vives atrapada hasta que el tiempo te marchita y entonces te suelta para que sigas deambulando en la miseria, mientras atrás dejaste cicatrices, golpes, vejaciones y sometimientos por semihombres fuera y dentro de la ley, por trabajar en algo que como muchas cosas en este pinche país están reglamentados pero prohibidos, que cientos de veces pagué mi multa con el dolor de mi cuerpo a su gente, señor juez. ¿Y con quién me podía quejar? Dígamelo usted, si ellos eran la ley y la justicia del pueblo y me doy cuenta que con haber quitado del mundo a una cucaracha, y que me perdonen los animalitos esos, no gané nada, porque de esos bichos convertidos en truhanes están llenos los congales.
Tal vez no tenga razón para quitarle la vida a nadie, pero mis motivos van más allá de lo que digan los religiosos o la justicia del hombre, y repito, no maté al argentino, sino sólo me cobré algo por las tristezas que agobian a cada mujer, por la impiedad y golpes a miles de mujeres y niños inocentes y esta venganza, si así le quiere llamar señor Juez, no está ni en el cielo ni en la tierra, está en el destino despiadado que cada quien arrastra en sus culpas. Ahora señor juez, me imagino qué argumentos, motivos y hasta razones no faltaran para declarar inocentes a los infelices que por este crimen ya habían sido sentenciados, hay será en otra que se le cargaran otro muertito, porque la justicia en México nunca se equivoca, lo que pasa es que la ley es aplicada en forma por demás indiscreta, salvo en miles de casos con los culos gordos que mandan, en donde se dobla y llora nuestra digna y muy pura justicia nacional. ¡Ah!, señor juez, que por favor el joven anote con esa maquinita que esos fueron mis motivos del crimen, nomás me dice donde pongo mi nombre…Gracias .
Leon, Guanjuato, abril de 1959
Caso Resuelto, culpable confesa
Carpeta archivada ,Crimen difundido en la revista ” ALARMA” en ese año.