López. Desde Pablo de Villavicencio hasta Guadalupe Nettel. Desde Gilberto Owen hasta Ernestina Yépiz. Desde Juan Rulfo hasta Aleyda Rojo. Desde Gertrudis Escobar Contreras hasta Elizabeth Algrávez. Desde Ramón Rubín hasta Ana Clavel.

La literatura actual en México como en Sinaloa tiene sus raíces en la universalidad; es el resultado de las lecturas, influencias y sensibilidades. La mezcla de una visión periférica y un determinado momento histórico. Es el reflejo de lo que está pasando aquí y ahora. El registro de lo cotidiano desde las distintas miradas.
Los que escriben, consientes o no, notables o no, están dejando la evidencia de su paso por este territorio como se ha hecho siempre, desde que el mundo es mundo, haciendo uso de una literatura personal, de su narrativa dilecta. Desde Fernández de Lizardi hasta Inés Arredondo. Desde José Revueltas hasta Óscar Paúl Castro. Desde Amado Nervo hasta Ana Belén López. Desde Pablo de Villavicencio hasta Guadalupe Nettel. Desde Gilberto Owen hasta Ernestina Yépiz. Desde Juan Rulfo hasta Aleyda Rojo. Desde Gertrudis Escobar Contreras hasta Elizabeth Algrávez. Desde Ramón Rubín hasta Ana Clavel. Desde Sor Juana hasta Jesús Ramón Ibarra, etcétera. Los que escriben, herederos de cierta maldición que los obliga a hacerlo aún con la incertidumbre de que alguien algún día los lea, merecen todo el respeto por el valor y el coraje de escribir y no es a mí a quien toca poner en un parámetro de calidades ni intelectos. Esas letras permanecerán por sí solas a través del tiempo siempre que se encuentren en el camino y en el momento justo a un lector idóneo.
Los que escriben, saben que se enfrentan a un Goliat, a un Cíclope antes de poder publicar y vivir de ello paralelamente ejerciendo una profesión u oficio que asegure la supervivencia, a menos que se haya nacido en sábanas de seda o se dediquen a la diplomacia política o encuentren un mecenas, pero los mecenas ya no existen.
Los que escriben, tienen la necesidad de hacerlo desde sus propios intereses tanto como las editoriales tienen la necesidad de publicar las letras desde sus propios intereses también. Y esto se corrompe, ni están todos los que son ni son todos los que están. La literatura contemporánea en México como en Sinaloa tiene que pasar por distintos filtros antes de ser publicada aunque no siempre es la mejor sino la más conveniente. Afortunadamente existen organismos como el Instituto Sinaloense de Cultura, que da la oportunidad de dejar constancia de su paso por este mundo cruel a todos aquellos que por una necesidad vital o maldición, escriben