Llamemos pues a los creadores literarios, a los artistas callejeros, a los docentes, a la juventud que espera en la banca impaciente su participación. Digámosle a la gente con talento: amas de casa, egresados, alumnos, adultos mayores.

“Los van a llevar para que vayan y puedan tener los libros que les gustan
para que los empiecen a ler. Seguro van a ler, ¿sí o no?”
Aurelio Nuño Secretario de Educación Pública en México (Noviembre 2016).

El concepto de cultura es problemático, por todo ello pierde un sentido concreto. Es uno de los conceptos más difíciles en antropología porque precisamente se puede usar para cualquier cosa. Carlos Monsiváis nos recordó que: “cultura, tiene decenas de acepciones, tantas que hacían que perdiesen efectividad”. Nuestro Sistema Educativo Nacional no potencia en el alumnado el gusto
y la convicción real por la lectura y la escritura, es aquí en donde debemos impulsar el libro físico y digital -en móvil- o la tradición oral: elementos pre y pos cronos que deben perdurar y promoverse.
Menos Elba Esther/Peña Nieto/Aurelio Nuño y más escritores/maestros de grupo/promotores de lectura/lectores.
Como profesor puedo observar que en algunas bibliotecas de escuelas no se tiene el tacto para contagiar el amor y el gusto por la lectura. Llevar al grupo e imponer como castigo leer un cuento corto o libro y después hacer un informe de lectura, cercar casi con púas los volúmenes incansables a los alumnos, no hacer préstamos a domicilio porque los “maltratan”, imponer el poema del “Mío Cid” y “El Quijote” desde el programa oficial; nulidad propositiva por academias para desarrollar actividades en las que se promueva la lectura y conectar con la transversalidad cada una de las asignaturas para utilizar la biblioteca y el patio –recesos culturales- en el rescate, la difusión, persuasión y el empoderamiento del instrumento que ha despertado, rebelado y emancipado las mentes de las masas para liberar posteriormente a los pueblos en procesos históricos.
Es triste saber que una mayoría de los docentes no leen, cuando desde
la ética profesional y la congruencia:
“ser maestro es sinónimo de ser lector” diría nuestro filósofo lagunero Mauricio Beuchot.
Creemos y tenemos fe en la niñez y en la juventud de nuestro país. Coincidimos en que los mueven caudales que están ávidos de aprender, de expresarse, de producir en una empresa cultural que se sostenga por ser liberadora, crítica, creativa y humana. Al magisterio nos toca buscar la respuesta que aniquilará el alud de la apatía y de la falta de apetito literario en nuestros alumnos.
La pluma de Mónica Lavín ejemplifica excepcionalmente la antítesis con la que luchamos: “Nada más terrible que tener que leer, que equiparar a la lectura con una engorrosa obligación, lejana a nosotros. Sucede desgraciadamente […] Pensamos que los libros no son vida y que en ellos están los que nos hostigan de manera constante, la lectura nos parece sinónimo de aburrido, cosa seria, solemne. […] Aquí en corto, confieso que la lucha por contagiar el gusto por la lectura sólo se puede librar con lentitud, es una batalla más parecida a la seducción que se da entre dos personas o más personas.”
La cultura es pues, el conjunto de manifestaciones que expresan la vida de un pueblo. Las ligas humanas, las voluntades y conexiones ante las culturas que actualmente prevalecen: del crimen, del miedo, de la incompetencia. Una Revolución Cultural, sólo será posible, en la medida en que nuestro compromiso sea por mejorar los polígonos de pobreza, por medio de la imaginación, el arte, la conciencia política que dignifique a las mayorías; por medio de la educación y el rescate del sentido humano al brindarle a los olvidados nuestra mano con voluntad y calor humano.
El arte -en cualquiera de sus envolturas o manifestaciones- crea unión, conexión, trabajo en equipo. Lo más interesante es que cuando todo esto conlleva la decisión y voluntad férrea la palabra toma un estado de metamorfosis y se convierte en poesía, en deporte, en diversión, en alfabetización, educación ambiental, en talleres productivos y culturales, hondeando como brazos de papalote en el viento.
Gabriel Zaid nos dice: “El día llegará en que los pobres sean protegidos como una especie en extinción. Habrá zonas de vedas, parques turísticos y hasta aldeas más o menos auténticas que ilustren cómo vivían. Quizá los visitantes admiren la inteligencia y dignidad con que se puede vivir estrechamente. Pero será difícil explicarles cómo pudo haber pobres en medio de la abundancia.”
La cultura es tan importante, porque convoca a los fantasmas del ocio, de la apatía y de la deplorable coyuntura que vive el país y los transforma con decisión en productos significativos que impactan, que abonan en la convivencia social sana.
Llamemos pues a los creadores literarios, a los artistas callejeros, a los docentes, a la juventud que espera en la banca impaciente su participación. Digámosle a la gente con talento: amas de casa, egresados, alumnos, adultos mayores ¡Bienvenidos a luchar en la revolución más justa del hoy: la de la educación y la cultura! Que el arte sea el motivo que nos convoque en las plazas, en las canchas, en el centro social. Que el arte nos libere del miedo, nos dignifique.
Leer es como escuchar música: lo que más te gusta, cuando tú quieras y terminas a la hora que decidas, los libros no muerden, músculo que no se ejercita se atrofia, quien lee, pronto podrá escribir, leer no es una actividad aburrida. No volvemos a ser los mismos después de leer un libro, un libro no necesita electricidad, donde quiera, cuando quieras. Está disponible los 365 días del año.
“Quien lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”, escribió Miguel de Cervantes.
La memoria promotora de Carlos Monsiváis nos recomendó: “Prende un libro, apaga la televisión”.*Profesor Normalista