Increíblemente la comunicación verbal, está siendo superada y cambiada por una hipnótica y enajenante necesidad casi patológica de estar revisando constantemente la información suministrada por la pantalla de un celular.

Hoy en día existe una impetuosa lucha entre lo virtual y lo natural. Digamos que el celular es lo virtual y lo natural es lo verbal.
Lo más pardójico e incongruente de esto, es que los dos luchan por el ingrediente vital de la convivencia humana… LA COMUNICACIóN.
Tristemente lo virtual, lo aparente, lo que no es real, le está ganando la batalla a lo natural, es algo así como que la planta artificial le gana a una hermosa rosa del jardín o alguna fórmula de leche infantil le gana a la leche materna; o los alimentos chatarra le ganan a las frutas y verduras extraídas del campo.
Increíblemente la comunicación verbal, está siendo superada y cambiada por una hipnótica y enajenante necesidad casi patológica de estar revisando constantemente la información suministrada por la pantalla de un celular.
En sí el ver o revisar el celular no es precisamente lo dañino, lo verdaderamente preocupante es que la comunicación verbal y natural la estamos suplantando e interrumpiendo (a tiempo real) con nuestros interlocutores y no para contestar una llamada telefónica o un mensaje de texto, sino para revisar que es lo que se está publicando en ese momento en la red, dejando con un palmo de narices y en el olvido a la persona que tenemos frente a nosotros.
Lo peor (sí… todavía hay algo peor) es que esto ya no solo es privativo de la juventud, los adultos que tanto censuraron precisamente a esos jóvenes, se están ganando el Oscar de la “virtualitis”.
La han convertido en una necesidad viciosa que está atentando contra la educación, las buenas costumbres, la convivencia y por supuesto contra una sana comunicación.
Las redes sociales y el uso del celular son excelentes medios para estar en contacto con nuestro diario vivir, lo que es insano es suplantar su uso convirtiéndolo en un insensato abuso.