Tardes enteras lo he pensado:
en caso de que vuelvas
mi corazón, débil, torpe
retomaría el ritmo de la dicha,
mis ojos, que de hace tiempo se nublan
verán de nuevo los tuyos,
claros como la primera mirada.
Se derramará hasta la última gota que me quede de alma.
No podría evitar amarrar tu vientre a mi cuerpo
sepultar tu voz en mi pecho
o quizá, limpiar mi sangre con tus labios.
Te darás cuenta
de lo monótono que he sido
de la manera absurda en la que extraño.
Es cierto
en pensamientos profundos te he odiado
como se odia lo que no se tiene.
He vagado de noche
riego la luna sobre tu casa
y florece un recuerdo de ti
de ti, perdida en mis brazos
de mí, encontrando el camino a un beso.
Desde hace años
todo en mí es desierto
una sequía incesante
esperando tu sagrada lluvia.