El patriarca, mi abuelo, un anciano de 93 años, de ojos claro y un humor característico, alto, robusto y de bigote como esos hombres chapados a la antigua, de nombre Raymundo. Mis tíos y mi madre combinaciones de los genes de mis abuelos, los ojos, la altura, el cabello, la personalidad entre otras cosas.

En esta vida no todo implica fe-licidad, a este mundo lo azotan las enfermedades la tristeza, la ira, la guerra entre muchas otras cosas, pero creo que no todo está perdido, porque lo que florece en la adversidad es lo más bello, hoy contaré mi historia y digo mía porque aunque no soy la protagonista la sentí en cada fibra de mi ser, sentí el pesar de mi abuelo tan mío, tan propio que incluso me fatigo al respirar, mi pecho esta oprimido y no se podrá liberar hasta que esta historia llegue a su final.
Mi abuelo, un señor de edad avanzada, para ser más específicos 93 años con una maldita enfermedad degenerando su salud, su cuerpo, su vida, abandonado y mal cuidado por unas personas de su familia, somos pocos los que le queremos y cuidamos, los demás están ahí esperando su final, como buitres, tal cual si mi abuelo fuera un pedazo de carroña, pero no, no contaban con que no todos lo veíamos con un signo de pesos en la frente, no contaban con que aún no estaba solo, bien pues empezaremos por el principio y este ocurrió al finalizar la vida de mi madre, de ahí las cosas cambiaron bastante, para hacer esto más claro les hablaré sobre mi familia, una familia común pero no corriente.
Una familia grande, con 5 hijos; 3 varones y 2 mujeres y de ahí con sus respectivos hijos e hijas, la matriarca, mi abuela, una vieja de 80 y pico años, estatura baja, de pelo corto canoso,complexión robusta y una nariz particular, ojos color café fuerte, como esos que te despiertan por la mañana, de nombre Susana María, ella igual que mi madre están gozando de la paz del cielo, bien por ellas.
El patriarca, mi abuelo, un anciano de 93 años, de ojos claro y un humor característico, alto, robusto y de bigote como esos hombres chapados a la antigua, de nombre Raymundo.
Mis tíos y mi madre combinaciones de los genes de mis abuelos, los ojos, la altura, el cabello, la personalidad entre otras cosas. Creo y eso no importa tanto, pues el físico es de lo menos, lo que verdaderamente te tiene que importar es lo de adentro.
Mi madre, un misterio, la conozco tanto, pero nunca dejo de ser un enigma, siempre hacia las cosas a su manera, se fue antes, rompiendo con el ciclo de la vida, que es que los hijos entierren a sus padres, no que los padres entierren a sus hijos, creo que desde ahí se jodió un poco la cosa, pues la familia ya estaba dividida por pendejadas que no quiero expresar. Falleció a sus 36 años, dejando a una hija de 14 faltando solo meces para que cumpliera los 15, fue duro lo admito, pues fui yo quien la encontré sin vida… La verdad fue difícil, pero no imposible, y sé que está mejor porque ya no sufre, ya no tiene las mil y una enfermedades no atinadas, ¡bah! Maldito sistema de salud, maldito afán suyo de no querer atenderse, lo que importa es que esta mejor y ve mis pasos, se enorgullece de mis logros y no me abandona en mis fracasos, pues me dejó con mi tío y su gran familia, no solo por el número de sus integrantes, sino por la calidad humana que tienen, a decir verdad me he convertido en un miembro más.