"Eso es, ante una mayor inflación, el consumidor puede comprar menos bienes y contratar menos servicios. Este fenómeno aparejado con una pérdida del valor adquisitivo de la sociedad consumista. Ésta al ver perdida su capacidad de consumo por el alza de precios, es incentivada a ahorrar en lugar de gastar, lo que ocasiona un fenómeno positivo para los gobiernos"

En un contexto económico complicado, en el que la falta de empleo, el empleo mal remunerado o inestable nos lleva a preocuparnos sobre los gastos que tenemos que realizar en el corto, mediano y largo plazo; es indispensable un poco de cultura financiera y económica.
El ambiente económico y financiero en México no está en su mejor momento; si bien es cierto que algunas de las llamadas “variables macroeconómicas” están hasta cierto punto controladas, no menos cierto es que, no lo están del todo y en este sentido es importante conocer de manera muy general su contenido y alcances para manejar nuestra economía familiar de la mejor manera posible en este entorno tan complicado.

Para empezar, definiremos las llamadas “variables macroeconómicas” como aquellos instrumentos de la política económica de un país inmerso en el mundo globalizado que le sirven para mantener la creación de empleos a niveles adecuados para evitar el excesivo desempleo de la población económicamente activa. Por otro lado, la política económica y sus instrumentos sirven para mantener una estabilidad de precios de todos los bienes, productos y servicios nacionales e importados que requiere la sociedad para la satisfacción de sus necesidades. Y, por último, incentiva el desarrollo económico que sirve como motor de la creación de empleo, producción y consumo.

Esta “variables macroeconómicas” son entre otras, el Producto Interno Bruto, mejor conocido como el PIB; la inflación; las tasas de interés y el tipo de cambio entre una monera y otra; la balanza comercial de pagos; el empleo, desempleo y la informalidad; y los indicadores de la oferta y la demanda.
El Producto Interno Bruto o PIB es la representación en dinero de todos los productos, bienes y servicios elaborados en un país a través de los diferentes sectores de la economía; éstos pueden ser: el sector primario que es el que está formado por todas las economías relacionadas con los recursos naturales como la tierra, el agua, los minerales, los alimentos, la pesca, la caza, la agricultura, la ganadería, la minería y la explotación forestal, sólo por mencionar las principales, esto es, es aquel sector que se encara de proveer prácticamente de todos os insumos necesarios para la fabricación y producción de otros bienes, productos y servicios independientemente de aquellos productos que no son industrializables para el consumo humano.

El sector secundario, que es aquel en el que se transforman precisamente todos los productos del sector primario, dándoles un plus valor para convertirlos en productos elaborados o compuestos que sirven como materias primas artificiales, herramientas, o maquinaria para la propia industria y planta productiva.

Por último, el sector terciario es aquel que se encarga de ofrecer a la sociedad todos los productos y bienes tanto del sector primario como del secundario, además de proporcionar ayuda o intermediación para el intercambio de éstos entre los productores y los consumidores. El sector turístico es parte del sector terciario y si bien es cierto que oferta servicios, éstos, no necesariamente provienen del sector primario y secundario; sin embargo, esta “industria sin chimeneas” se ha desarrollado muy vertiginosamente a raíz de una mejor conectividad, una mejor competencia entre las divisas y sobre todo los atractivos que los diferentes destinos pueden ofrecer.

Pero regresando a la política económica y el costo del dinero, otra de las “variables macroeconómicas” es la inflación; ésta es el aumento generalizado y sostenido de precios de los bienes y servicios producidos o prestados en un lugar y tiempo determinado. Eso es, ante una mayor inflación, el consumidor puede comprar menos bienes y contratar menos servicios. Este fenómeno viene aparejado con una pérdida del valor adquisitivo de la sociedad consumista. Ésta al ver perdida su capacidad de consumo por el alza de precios, es incentivada a ahorrar en lugar de gastar, lo que ocasiona un fenómeno positivo para los gobiernos y específicamente para los bancos centrales que captan todos esos ahorros que pueden servir para financiar proyectos de inversión; eso siempre y cuando estos bancos eleven las tasas de interés, como otro instrumento de la política económica, que precisamente incentive el ahorro y no el gasto.

Los instrumentos expuestos anteriormente provocan que entre el valor nominal del dinero y valor real del dinero exista una diferencia, esto es, el valor nominal del dinero es aquel consignado en la moneda o billete de que se trate, mientras que el valor real de éste se refleja en la capacidad de compra, que por lo regular se ve disminuida cuando existe un alza general de precios, o sea cuando hay inflación.
La balanza comercial de pagos refleja el intercambio comercial de un país con otros, esto es, hoy día en un mundo cada vez más globalizado y en constante intercambio comercial, los países tienen que comprar bienes y productos para satisfacer la demanda de éstos en el mercado nacional, toda vez que en éste último ya sea que no se produzcan u sean insuficientes. Por otro lado, estos países mandan al exterior los bienes y productos excedentes o que simplemente no se consumen en el mercado nacional. Sin embargo, cuando se compra en el extranjero más de que se produce en el país y se exporta, se produce una balanza deficitaria que afecta directamente el valor nominal del dinero en el mercado interno.

Hoy día tenemos un déficit comercial, un dólar más caro con respecto del peso, una inflación relativamente controlada, un producto bruto interno mayor que el año pasado pero una deuda pública al alza; son tiempos difíciles para el consumo.