"Las argucias que esgrimen los defensores de los peces gordos en México están llenas del costumbrista tráfico de influencias, esto es innegable y la historia reciente nos comenta que toda esa falacia hacia el pueblo es sólo un teatro montado en el miserable tinglado nacional y la poca credibilidad que se logró tener alguna vez en el aparato jurídico/político ahora se diluyó y la dilucidación en los asuntos de alta corrupción se ve lejana".

Recorrer el laberinto de la transición en México es tratar de enredar un hilo de humo, son metáforas móviles, una transición que literalmente persigue el principio y fin de la incipiente democracia y sólo logra el fácil camino al autoritarismo. La pesada losa de corrupción que nos hereda los hijos y nietos de la revolución y que como “Pípila” llevamos los mexicanos, esta misma carga social, económica y política es una ironía falaz y estacionaria por parte de personas intratables que llevan las riendas del país pedantes, egoístas, transas, trepadores, maleantes y hasta aburridos, eso si con una habilidad lingüística capaz de convencer a las sirenas que le cantaron a la tripulación de Ulises Odiseo, la Ilíada. Las argucias que esgrimen los defensores de los peces gordos en México están llenas del costumbrista tráfico de influencias, esto es innegable y la historia reciente nos comenta que toda esa falacia hacia el pueblo es sólo un teatro montado en el miserable tinglado nacional y la poca credibilidad que se logró tener alguna vez en el aparato jurídico/político ahora se diluyó y la dilucidación en los asuntos de alta corrupción se ve lejana.

Aquel muchacho de la política, el de las botas de charol, el que interpeló a Carlos de Salinas en un informe presidencial, el del cinto piteado y ancha hebilla, de vocabulario de arriero, de sonrisa amplia y dedos separados formando una ”V” de victoria o de Vicente se le fueron difumando las promesas, al tiempo llegaron las mismas mentiras convertidas en promesas del Presidente Calderón y le ganó el aparato costumbrista del nacionalismo mal entendido y tan llenas de connotaciones míticas de las que nunca se pudo despojar ni sacudirse, sobre todo una llamada corrupción que como aureola llevan empotrada la mayoría de los políticos del país. La incipiente democracia, con el Presidente Peña Nieto tal vez sea “el juego del revés” convertido la transición en un mundo de ambigüedades llena de máscaras y disfraces que recorre de muchas maneras el territorio nacional sembrando discordias en los partidos, plantando la miseria en el campo y la ciudad, solapando robos y tranzas , auspiciando el nepotismo en feudos regionales con familiares, total lo que se vive en México es una intrínseca transición perdida sin siquiera presentar un proyecto materializado sobre una nueva visión política y económica que nos marque el rumbo garante del país.

Los más recientes acontecimientos suscitados en el país en materia electoral, dio por resultado una nueva modalidad llamada independiente, pero sin dejar el arcaico sistema del palomeo, del dedazo cosa que desde tiempos inmemorables en este tipo nada a cambiado ¿Y cómo va a cambiar?, si en ello va implícito el sostener la hegemonía del Estado, los mismos protagonistas y antagonistas del panorama nacional, con una fauna y flora digna de la época jurásica, con pésimos actores que sólo prosperan y tienen éxito en el fracaso para gobernar aunque ellos si tuvieron el éxito particular en estos casi ochenta años del PRI y los 12 del PAN se sigue manipulando el caos y auspiciando la anarquía, con el anacronismo que da la desfachatez de seguir robando y comiendo de los lánguidos bolsillos del pueblo. El País no requiere reformas, comisiones y bufones que muevan o cambien su rumbo, lo que se necesita es una total renovación de personas y grupos y más allá del nombre que se le quiera poner al sistema democrático, de Transición, populista, Dictocrático, Reformista etc. debe estar la ética y moral de los gobernantes, aunque para desgracia de este pobre país no se ve por dónde. Total parece que el Presidente Peña Nieto nunca ha manejado un vehículo de transmisión mecánica estándar, cambios y en vez de meter primera o segunda metió reversa y de bajada “ pa´cabarla de amolar”… Aclarando; antes, sin las 34 reformas y las 142 comisiones, con los cambios de partido en la cúpula en la tan maquillada transición estábamos igual o menos amolados, aquí en donde el futuro se quedó atorado y más mal parado que aquel antiguo almanaque o calendario de Galván.