"Ante estas circunstancias, no hay posibilidad de abrigar esperanzas de que se abra un espacio a la cordura. Una parte asesina ferozmente a partir del uso del terrorismo, y la otra parte responde con bombas en racimo. A ese paso, si se juega al “ojo por ojo y diente por diente”, como diría Gandhi, sólo hay que esperar a que el mundo se quede ciego para que estalle la guerra. No hay más…"

“No hay pasión que robe tan determinantemente a la mente todo su poder de actuar y razonar como el miedo”
EDMUND BURKE

Desde el ‘microespacio’ del barrio se observa, la gente vive con miedo. Las casas son una metáfora de una prisión. Tienen rejas por doquier para mantener a salvo una tranquilidad robada desde hace tiempo. El espacio público es sinónimo de riesgo y algunas zonas de las ciudades son espacios vetados para el extraño. No nos pertenecen, son propiedad del miedo. Y por eso no las transitamos.

En ese sentido, la geografía en México bien puede integrar una clasificación como de “zonas de riesgo”, pero también de “zonas de miedo”. Esas donde la tragedia ha cobrado carta de naturalización y el imaginario colectivo las ubica en razón de las tragedias que ahí se han suscitado. En esas zonas el estado es una abstracción. No tiene materialidad porque son otras las reglas que imperan. En todo caso se tiene a un estado ‘hobbesiano’; es decir, una la ley de la selva.

Esas zonas no son metáforas metafísicas, esas donde tienen presencia seres del más allá, sino donde el dolor y sufrimiento hizo presencia a través de la violencia. Ahí se tienen a sierras, montes, comunidades, zonas periféricas y hasta vecindarios de clase alta. No hay exclusividad, el miedo se ha sembrado en este país en todas las latitudes.

Estamos viviendo una era de miedo, y nos abrazamos a la seguridad. Las rejas en nuestras viviendas son una muestra de ello.

Y frente al tema de la seguridad, se avecinan riesgos. Porque con ese pretexto, bien se pueden empujar iniciativas que limiten las libertades individuales o que suspendan derechos ciudadanos en aras de proteger la seguridad del individuo.

Se nos ha sembrado miedo, para vendernos seguridad. Lo que sigue a una propuesta de este tipo es el autoritarismo. Y ante eso hay que estar muy alertas… porque las tentaciones son muy grandes en este país. Sobre todo cuando se tiene a una sociedad muy proclive a ello, dado que no ha sufrido en carne propia la lucha por la libertady, por lo tanto, no le confiere valor alguno a este derecho constitucional.

El pasado martes se aprobó un dictamen que busca suspender los derechos y garantías de los ciudadanos en caso de conflicto social. Falta que sea aprobado por el pleno. Entre líneas nos dicen, “pretendemos proteger tu integridad”, lo que es lo mismo que señalamos líneas arriba: “nos venden miedo a cambio de seguridad”.

Hay que estar alertas… el miedo es un instrumento que sirve como instrumento para gobernar y socavar la condición del ciudadano. No construye ciudadanía, sino súbditos.

TIEMPOS DE ODIO…

Vamos ahora con un primo hermano del miedo. El odio es una de las pasiones más miserables del ser humano; pero parece ser el signo de nuestros tiempos. Por motivos de odio, se atenta contra cristianos en Afganistán, o se hacen explotar bombas contra la sociedad civil en Bruselas, París o Nueva York. O se empuña un arma y se hacen matar a decenas de estudiantes en una universidad de los Estados Unidos.

El odio es también una bandera política, porque sirve para construir el enemigo imaginario. Ese enemigo bien puede ser aquél de piel morena y de lengua hispana; o de piel morena pero de origen árabe y de religión musulmana; o bien de piel blanca y de origen occidental. Dependiendo la posición geográfica y el credo religioso es el enemigo.

Y bajo esta lógica de odio y exterminio, se invoca a un Dios como defensa. Y en honor a ese mismo Dios se promete cobrar venganza. Se inmolan individuos en plazas públicas o se transmuta en “kamikaze” el confeso creyente que busca en la otra vida un trocito del paraíso de Alá que no pudo encontrar al lado de su familia, de sus vecinos y de su barrio. En contraparte, el occidental acciona bombas no en honor a un Dios, pero sí en nombre de un nacionalismo mal entendido. En ambas cosmovisiones el punto de conexión es uno: la aniquilación del otro por intermediación del odio.

Es tan absurda la situación actual, que para elegir al candidato presidencial en una de las democracias más antiguas y estables del mundo, una de las partes está solicitando que los asistentes puedan llevar armas a la convención republicana.

Ante estas circunstancias, no hay posibilidad de abrigar esperanzas de que se abra un espacio a la cordura. Una parte asesina ferozmente a partir del uso del terrorismo, y la otra parte responde con bombas en racimo. A ese paso, si se juega al “ojo por ojo y diente por diente”, como diría Gandhi, sólo hay que esperar a que el mundo se quede ciego para que estalle la guerra.
No hay más…

Habló Fidel.

No habló Raúl, pero sí Fidel. Lo hizo a través de un artículo publicado en el periódico Granma, de Cuba. En ese artículo, Fidel Castro le precisa algunos vacíos históricos a Obama y le recuerda –a pesar del discurso almibarado que pronunció en la Habana- que Cuba no necesita que “… el imperio –ya sin mayúscula- les regale nada”. Los cubanos son capaces de producir los suficientes alimentos que necesitan–dice-, gracias a la inteligencia y el esfuerzo del pueblo.

¿Coincidirá Raúl con este discurso de Fidel? Más aún, si Fidel se mantuviera en el poder, ¿Hubiese dado este paso diplomático que dio Raúl con Obama? Me recuerda un momento de la historia de México, donde en la decisión final de quién iba a ser el candidato del PMR, Lázaro Cárdenas se decanta por Manuel Ávila Camacho en vez de su amigo, Juan Andrew Almazán. ¿La razón? Ávila Camacho –desde la perspectiva de Cárdenas- era lo que el país necesitaba. Un político no tan confrontativo, diplomático, de bajo temperamento; condiciones necesarias en un momento de confrontación militar a nivel internacional.

Para el gobierno cubano, en este momento es más útil un Raúl Castro que un Fidel –guardando distancia con el régimen dictatorial, claro-. Aquél ha dado muestras de trabajo diplomático y a pesar de las diferencias que guarda con el gobierno de Obama, lleva adelante una negociación bilateral que le da una bocanada de oxígeno a una revolución que se hizo vieja y que ya no responde a los sueños de las nuevas generaciones. Fidel se hubiese mantenido incólume en su posición confrontativa. Pero los tiempos son otros… y Raúl, viejo lobo de mar, así lo entiende. Y en razón de eso se mueve. Al final del día, la ideología tiene como frontera a la geopolítica. Y ésta es fría.

PUNTOS SUSPENSIVOS…

¿Cuál será la suerte política de Lula…? Imposibilitado a tomar un cargo político por mandato del poder judicial, y a merced de sus enemigos políticos que operan en la oscuridad y determinan las perspectivas jurídicas para su caso. En ese escenario, Lula se cierne en un limbo político. Lo más seguro en este momento para él es la incertidumbre… porque está en el terreno de sus enemigos.

Dilma le ofrece que esté en el gobierno, aunque sin un cargo público. Lula se niega. Eso es casi como ser un Rasputín, dice.
En vías de mientras, su suerte es una metáfora de un signo de puntuación. Me refiero a los puntos suspensivos…
Vaya posición para un hombre que llegó a tener el 83 por ciento de aceptación del pueblo brasileño, y del cual, incluso el propio Obama señalaba que habría que buscarle una posición en un organismo internacional, puesto que se tenía que aprovechar la experiencia de su exitoso gobierno.
Hoy está a un paso de la cárcel… y del ostracismo político. Malditas paradojas de la vida política.