"Mientras que las distintas partes beligerantes se arman, combaten y bombardean, la población civil que no ha podido salir o ha decidido permanecer en sus ciudades, vive atemorizada y trata de sobrevivir"

Un conflicto emanado de la injusticia, la corrupción y el abuso de poder, no muy distinto a lo que sucede en otras partes del mundo; alimentado por el odio étnico y religioso pero que además la indiferente complicidad Internacional, la sospechosa ligereza ante el tema y el apetito económico, sobre aspectos de estratégica ubicación no solamente como enclave entre Asia, África y Europa, su posición frente al Mediterráneo, su cercanía a la principal reserva de petróleo y gas natural del mundo (más de la tercera parte de yacimientos conocidos, de hidrocarburos del mundo en la región de la antigua Mesopotamia y Sumeria) son los ingredientes justos para este caldo de cultivo conocido como Guerra Siria.

Esta sublevación armada cumple ya 5 años y las cifras de sus consecuencias son devastadoras: más de 220 mil muertos, casi 12 millones de desplazados, más de 4 millones de refugiados y 12.2 millones de personas que dependen de la ayuda humanitaria para subsistir, la barbarie, la violación a los derechos elementales y la indiscriminada violencia lo han llevado a los ojos de todo el mundo. Pero no es sino, hasta hace unos días en que cobramos conciencia plena y hemos volteado a ver dicho conflicto, por los sorpresivos ataques a Paris, Francia, por parte del radical Estado Islámico (ISIS), que consternaron a todo planeta, pero no por el número de víctimas o ser un golpe contra civiles, sino porque la crisis llega a occidente. Antes “solo” era el tablero de ajedrez de los intereses de las potencias, para ganar la posición o lograr el favor de los grupos en pugna, unos financiando y auspiciando a un grupo, otros a otros más, incluso inventándose más facciones en una encrucijada de ambiciones dignas de la época de la guerra fría.

Como mencione anteriormente, este conflicto, al igual que muchos otros, tiene sus orígenes en la corrupción, en la captura política, en la pobreza, en la violación de derechos humanos. Pero también en la desigualdad. Esta crisis dio inicio con las primaveras árabes en 2011. Movimientos sociales, grupos espontáneos de personas, organizaciones civiles pero también fundamentalistas, que empezaron a movilizarse y reclamar sus derechos que consideraban menoscabados. Unos “muchos” (Casi el 87% de la población no Chiies) que pedían a unos “pocos” (grupo en el poder) un sistema más igualitario. No obstante el sistema Laico, implementado bajo el régimen de Bashar al-Asad, que no fue ni panacea ni solución para la armonía y justicia social, necesarias.

Lejos de conseguir su fin, estas primeras demandas de justicia prendieron mella cuando fueron acalladas violentamente por el gobierno Sirio. El conflicto armado no había hecho más que empezar. Lamentablemente cuatro años después, esta crisis ha acabado por convertirse en una de las mayores catástrofes de la historia reciente y una amenaza latente contra la humanidad misma.

La realidad diaria de los millones de desplazados, han sido casos no resueltos por los organismos Internacionales ni por las “Democracias del mundo libre” que más bien se han dedicado a salvar su reputación, ante su contubernio, la diplomacia ha sido el recurso de su actuación, el hambre, enfermedades e inclemencias climáticas que padecen quienes han huido de la muerte por la guerra. No están corriendo mejor suerte, que vivir bajo las bombas y las balas, pues la muerte igual los alcanza.

Pero la injusticia y la desigualdad, que fueron la semilla de esta guerra civil, no han dejado de estar presentes hasta hoy. Mientras que las distintas partes beligerantes se arman, combaten y bombardean, la población civil que no ha podido salir o ha decidido permanecer en sus ciudades, vive atemorizada y trata de sobrevivir. Los niños menores de seis años sólo conocen la guerra, casi 2 millones ya no pueden ir a la escuela y sólo en el primer semestre de 2014 se cometieron 1,200 violaciones graves contra menores. Las mujeres no pueden dar a luz en hospitales porque la infraestructura hospitalaria y de salud ha sido atacada, ya no existe, o porque el personal ha sido asesinado. La gente no puede ganarse la vida porque no hay empleos a los que acudir, las tiendas han cerrado y los mercados se han desmantelado, saqueado; existe carencia y desabasto. La única opción para resistir en este drama humano es intentar buscar protección y alimento. Pero incluso estos son difíciles de conseguir, la ley del más apto se impone, para buscar el sustento. Se tiene un acceso muy limitado a la ayuda humanitaria y más de 220,000 personas las que viven sitiadas, a causa de los enfrentamientos y las posiciones logradas por los distintos grupos involucrados, que no permiten el libre tránsito.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó en 2013 y 2014 resoluciones que daban un incipiente alivio a millones de sirios, mejorando el acceso humanitario, mientras los países miembros de este órgano subsidiaban con armas a las distintas partes. Concretamente el 90% de las armas que se utilizan en el conflicto han sido manufacturadas por los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, especialmente Rusia y Estados Unidos, además de China, Francia, Alemania y el Reino Unido.

Se nos hace inconcebible y horrendos los atentados y ataques, fuera de este territorio, sin embargo no asombra, si sucede dentro de la Siria convulsionada. Hoy como siempre en la historia de las grandes guerras, veremos los intereses creados de terceros, que no piensan en vidas humanas sino en el interés económico y la consolidación de sus imperios.

No podemos estar a favor de ninguna guerra, del asesinato indiscriminado contra niños, mujeres e indefensos. Nunca la violencia y la muerte de inocentes, legitimaran ninguna lucha. Menos legitimaran la ambición de los ricos y poderosos.