"Lo mismo pasó con Amenhotep III, quien según él su madre Mutemuya fue visitada por el dios en forma de su esposo el Faraón Tutmosis IV, por lo tanto, Ramses ni tardo ni perezoso, inscribió en los templos que mandó construir que sus padres eran de origen divino, la diosa Leona Sekhmet y el dios creador Ptah, de manera que ante tales progenitores nadie pondría en tela de juicio la divinidad de su origen".

Usermaatre nace en el año 1326 AC. hijo de Seti I y su esposa real Mut Tuy, y nieto de Ramses I es quien toma el nombre al ser ordenado faraón del alto y bajo Egipto. Ramses II, no era ciertamente el primer heredero al trono, puesto que tenía un hermano mayor de nombre Nebchasetnebet, primera opción de Seti al trono al morir éste, pero su hijo primogénito muere antes de la edad adulta, sus otras dos hermanas se hacen a un lado por ser mujeres y estar descartadas a suceder a su padre y dejan el caminoi libre a Ramses; quien a los catorce años es nombrado faraón y rey de los egiptos, sin suponer en esos momentos que se convertiría en unos de los faraones más aclamados y famosos de que se tenga memoria.

Algo que pudiera parecer extraño, puesto que no fue educado como tal por no ser de descendencia directa al trono, pero que con los años se supo manejar de tal forma que llegó a ser considerado como Dios por sus súbditos. Tuvo mucho tiempo para ello puesto que vivió casi hasta los 90 años, algo muy poco inusual en esa época, por lo que hubo mucho tiempo para posicionarse en la corte de ammón como el más amado de su pueblo.

Cuando cumplió 25 años tras la muerte de su padre el Faraón Seti I pudo acceder totalmente al trono con el nombre de Ramses II y nombrado sol de los nueve arcos, recibiendo el látigo y el cetro, insignias reales que lo incluían en el rango de los grandes dioses. Además, fue también conocido con el nombre de Usermaatre Setepenre, que significa la justicia de Ra es poderosa, o elegido de Ra (sol).

Para asegurar el futuro de la dinastía tuvo una gran descendencia con varias esposas, y duró 77 años en el poder.
Al ser Faraón los tiempos del reino eran difíciles, su padre le heredó luchas con varios enemigos acérrimos como sus vecinos los nubios y el gran pueblo Hitita, aunque su formación militar le permitió llevar de nuevo la paz a su pueblo, no sin antes librar cruentas batallas. Su mayor logro militar fue sin duda la batalla de Kadesh hacía 1275 A.C. Los historiadores cuentan que al final de la lucha no hubo un claro vencedor, pero Ramses clamó su victoria y la representó en el gran templo de Abu Simbel.

Aquí hay una gran controversia puesto que el rey hitita Muwattali también se proclama victorioso, lo cierto es que ambos contingentes se respetaban demasiado, y el rey hitita al ver que su ejército no tenía la disciplina requerida pese a contar con más efectivos, ofrece un tratado de paz a Ramses, quien al verse superado con el número de soldados lo acepta, aunque se dice que nunca llegó a firmar dicha paz. Se supone que este es el primer tratado de paz de la historia de la humanidad del que se tiene registro, y que fue aprovechado por el Faraón para plasmarla también en los muros del templo de Karnak.

Al llegar la paz al reino, Ramses, tuvo mucho tiempo para glorificarse así mismo, fue sin duda un Faraon constructor, aunque lo cierto es que si construyó muchos templos y grandes edificaciones donde el gran protagonista era sin duda él mismo y en menor parte la esposa real Nefertari, pero también modificó construcciones y mandó tachar nombres de antiguos faraones y sobreponer el suyo, usurpando templos y ciudades enteras, para que el pueblo lo pudiera ver como un dios al lado del mismísimo Osiris, Horus y la gran diosa Isis.
Para hacer legitimar su grado de divinidad urdió una estratagema que ya había sido utilizada por otros faraones para justificar su origen divino, por ejemplo, la Faraona Hatshepsut, quien aludió a la teogonía o unión divina para acceder al trono en vez del sucesor Undicado, en este caso su propio hijo Tutmosis III. Los sacerdotes de Ammón inventaron el plan de que su madre la reina Amosis había sido engendrada por el propio dios Ammón que tomó la forma de su padre el Faraón Tutmosis I. Lo mismo pasó con Amenhotep III, quien según él su madre Mutemuya fue visitada por el dios en forma de su esposo el Faraón Tutmosis IV, por lo tanto, Ramses ni tardo ni perezoso, inscribió en los templos que mandó construir que sus padres eran de origen divino, la diosa Leona Sekhmet y el dios creador Ptah, de manera que ante tales progenitores nadie pondría en tela de juicio la divinidad de su origen.

Por otra parte Ramses II, fue sin duda un rey constructor del alto y bajo Egipto, donde se representaba como gran combatiente y benefactor del pueblo, sus estatuas y pinturas dan a conocer a un líder atlético y joven para hacer constar su divinidad, aunque lo cierto es que murió casi centenario y la mayor parte de su vejez caminó encorvado debido a una fuerte artritis, tenía nariz aguileña y cabello pelirrojo. Esto fue constatado al abrir su sarcófago donde dista mucho de ser un apuesto, distinguido y valeroso guerrero. Al morir fue sepultado en su tumba del valle de los reyes y trasladado luego donde se encontraba su padre. Fue su decimotercer hijo Merneptha, quien le sucede en el trono, hacía el 1212 A.C.

Al final de cuentas Ramses II con inteligencia y valor aunque también con argucias y una que otra mentira, logró colarse en el panteón de los dioses egipcios, y dejó una profunda huella en las construcciones que mandó edificar para perpetuar su nombre. Al morir su objetivo estaba cumplido, su divinidad no tenía duda, lo podemos ver aun hoy en día en el gran templo de Abu Simbel en el espacio interior del templo, el más sagrado, el sanctosanctórum se encuentra un nicho con las imágenes entronizadas de cuatro dioses. Ptah, Ammón, Ra, y Ramses II, en el mismo nivel que los anteriores, su objetivo estaba ahora cumplido, no cabría duda sobre su divinidad ni aun a través del tiempo.