La fortaleza de Lupita, radica en su resiliencia, en la forma como adquirió fortaleza para salir se situaciones adversas, mostrando día a día el vivir su enfermedad con dignidad, apoyada en sus creencias religiosas que son su gran base

¡Otra vez vivo un duelo! Ir viendo perder la salud de mi madre, a Lupita, es una gran pena, ya que, ella siempre ha sido una mujer vital, proactiva y empoderada.
Ya son tres infartos y en esta ocasión un derrame chiquito, negándole la vista a su ojo izquierdo y retención de memoria, permitiendo deterioro en el habla, y minando sus capacidades de hacer diario por mantenerse en reposo.

Vivir sola por decisión al morir mi padre, fue un reto para ella, el cual superó al unirse al voluntariado del Seguro Social, hace 17 años, preparando y llevando comida para las personas que tienen internados ahí., Dando apoyo verbal que la misma gente le ha solicitado, teniendo siempre las palabras adecuadas para aminorar la carga psicológica de las personas, y de ella misma.
Respetada por todas las personas que la conocen, hoy toma la decisión de retirarse de lo que más ha amado, ya que su enfermedad le impide seguir, entregando todo al voluntariado, dando las gracias por lo que le permitieron vivir, haciendo muchas y hermosas amistades, que hoy su memoria le impide recordar con claridad.

Yo solo la acompaño, no hago nada extraordinario, para que ella se sienta bien, para que sienta amor, cuidado, compañía, escuchada, tranquilidad.
El acompañamiento a un enfermo es una obra de amor, de fe, de despojarse de lo propio y vestirse con lo de él. Esto no quiere decir que se debe abandonar a si mismo, sino de hacer la vida más útil y productiva, comprendiendo y actuando en los momentos necesarios, incorporando ese cambio temporal a las actividades diarias, y al mismo tiempo, tener la capacidad para aceptar lo que no se puede cambiar, El dolor, el duelo, lo viven tanto el enfermo como el cuidador. Y se pueden suscitar situaciones de estrés por ambas partes, llevando esto a tener roces de carácter.
Por su parte el enfermo está en una situación de duelo por la pérdida de su salud, de sus capacidades físicas e intelectuales, por depender de otros, por sentirse minado, por pensar que ya no hay nada para él, solo el final. Esto no quiere decir que eso es, solo que así lo percibe dado que también está en depresión.

La fortaleza de Lupita, radica en su resiliencia, en la forma como adquirió fortaleza para salir se situaciones adversas, mostrando día a día el vivir su enfermedad con dignidad, apoyada en sus creencias religiosas que son su gran base, ya que es una señora con grandes valores y que siempre los ha practicado.

Recordemos que los duelos se viven en cinco etapas:
1.- Negación, negar que no sucede nada, nos hace perder tiempo en estos casos, 2.- Ira, enojarse por lo que sucedió? Ella tuvo la culpa, no se tomó su medicina, no se cuidó, pudo haberlo evitado.
3.-Tristeza, y regateo. Estar triste por verla que ya perdió su ojo que no puede hablar, que si se cura hago una manda.
4.- Aceptación, el ver que su salud se deteriora y es inevitable ya que es una señora que carga a cuestas 85 años y que lo que vive es parte de.
Llegar a esta última etapa, da tranquilidad cuando se entienden los procesos que se deben vivir, ya que todo es parte de la vida misma.
El dolor se sigue viviendo y mucho más cuando quien enferma es tu amada madre!