Nuestro tiempo está ahora ocupado en nimiedades, es decir perder el tiempo, que con la modernidad y tecnología rampante, parece ser el pasatiempo de moda. Las paradojas en nuestro país están a flor de tierra, somos por increíble que parezca los mexicanos, los que más horas estamos en el trabajo y que son 2 mil 037 horas al año por mexicano, así como usted lo leyó y comparados con otros países como China, Japón, Corea, Alemania y los Estados Unidos de Norteamérica, los rebasamos por casi 400 horas, ya que el promedio de todos los países es de mil 560 horas de trabajo, según cifras de la –Organización mundial de Estados para el desarrollo –Japón con 1,865 Alemania con 1,679 sólo por citar algo. !pero !, el maldito «pero», que imperativamente impide y nos dice que a pesar de estar en el primer lugar de horas «trabajadas» somos de los países menos productivos , es decir la improductividad se establece en el país como una cultura, entendiendo el tiempo para la gran mayoría de los mexicanos está basado el llegar con impuntualidad, lo cual es una cualidad, el estar sentado o degustando un “tentempié”, o chacoteando, leyendo las notas deportivas, simple charla, ir al baño o en fin, pedir permiso por enfermedad o malestar inventado y por otros miles de pretextos en los diferentes trabajos, demuestra porqué somos un país improductivo, etiquetados como campeones del tercer mundo, esto sin contar con nuestra orgullosa mascota, impuesta por el sistema; la burocracia, representada por una Tortuga.

Horas trabajadas, son unas, tiempo pasajero es otro, el precio de estas horas y la productividad es muy diferente. Podemos en este país tener personas que entren a su trabajo a las siete u ocho de la mañana, llegar y están sentados en su escritorio abriendo su ‘compu’, comentando con sus compañeros de trabajo pláticas triviales, o el obrero que entre vueltas y descomposturas de sus maquinaria se pasa horas esperando que la arreglen o simplemente viendo cómo otros trabajan, mientras otro grupo charla o dice chistes. Es común que para arreglar una alcantarilla, esté un camión vector y sus dos o tres ocupantes, a su lado también una camioneta, en la alcantarilla hay seis hombres, uno destapando, el otro sosteniendo algo, los otros cuatro parados a su lado con palas u otros implementos apoyados en el suelo o simplemente como espectadores, esto lo hacen por turnos y pueden pasar las ocho horas, entre estos 10 trabajadores y sumar 80 horas improductivas, cuando aún faltan por componer más de 100 alcantarillas que están tapadas o tienen otro defecto.

Las horas “nalgas” que así les nombro, son aquellas de los y las millones de burócratas que permanecen sentadas al menos 5 horas diarias en oficinas o instituciones privadas o públicas, esto sin producir nada, absolutamente nada, sólo consumir tiempo, comida y parte del presupuesto; de ahí la comparación de la productividad de países que nos han rebasado en productividad, es decir, un trabajador en los USA llega a las 7 de la mañana y tiene por obligación qué producir, si es albañil, si está en una fábrica de alimento, de plástico, si está en un bufete de licenciados o ingenieros o arquitectos, se le exige producción en tiempo, precio, producción, forma y la mejor calidad. Comparar es malo y veamos en Singapur por ejemplo, elevó su educación en niveles de forma, tiempo, con causa y efecto y muchos menos días y horas clase en los centros educativos que en México; sin embargo cada hora de estudios fueron y a la fecha son certificadas en productividad de enseñanza/aprendizaje en los alumnos y de ahí su empuje en finanzas y desde luego en sus gobernantes y horas de trabajo en sus legisladores que sacaron y sacan leyes en beneficio del pueblo, con menos tiempo en sus legislaturas, Dubái, China, Corea, los USA y Canadá por citar otros países hacen lo mismo en sus congresos, es complicado ahora con el tiempo robado por las máquinas manuales y de velocidad, mientras el humano pierde esas dos capacidades que la naturaleza nos dotó, la de movernos y la de pensar.

El ser improductivo en nuestro país es parte de nuestra cultura o costumbre a la que como pretexto culpamos y ha sido parte fundamental por así convenir a la clase pudiente y política en el perverso juego del salario mínimo y –hago como que trabajo y ellos hacen como que me pagan –. de ahí también que nuestro país sea un paraíso para cientos de maquilas que llegan y hacen su fortuna a costa de autómatas que entre otras cosas «obligan» al mexicano a cumplir con los tiempos, producción y precios requeridos, aferradas estas maquilas a nuestra política y no a una ley laboral. (que de hecho no existe, sólo reformas truncas y llenas de ese vacío huérfano que ambula en los pasillos del H. H. Congreso de la unión).

Las horas sentadas ante un monitor por parte de nuestra burocracia rebasa toda imaginación en tiempos, modos y formas y parece de nada servir estos modernos cerebros, ya que aun teniendo los datos archivados, la burocracia impone su ley y piden copias hasta de la firma del señor obispo, para cualquier operación burocrática por cursi que sea esta, de ahí que sea parte muy importante del tiempo perdido en archivar, lo que ya está archivado, es decir una retórica propia de la ignorancia y de seguir en más de lo mismo. Perder el tiempo en el trabajo es diferente a la diversión que da el sosiego, la lectura, la práctica del deporte y muy distinto a estar de nalgas sentado sólo perdiendo este tan precioso tiempo que nos da la vida.
Sugerencias y comentarios: