Digamos que sería cercano a una reproducción platónica de las cosas pero en un sentido alterno, paralelo y elaborado por el ser humano teatral y asequible a sus semejantes. El mundo platónico de cosas es el ideal y aquí en la tierra sólo hay copias y están muy lejos de ser perfectas como tal mundo.

El teatro es y tiene que ser resultado de las colisiones de toda una sociedad. Como cualquier expresión diferente a las conductas cotidianas, es una reacción ante un entorno ya sea subjetivo u objetivo.

La expresión escénica es una manera de revivir, de resolver y de reflejar los tiempos que se están viviendo a través de una expresión que utiliza como proyector el mismo cuerpo del artista.

La actuación, dentro de una forma de vida que generalmente orilla a ser utilitaria y a comercializar cualquier cosa que pueda generar dividendos, se ha encontrado siempre con diferentes dilemas que la categorizan según el contexto en que se desenvuelve. No es para menos, pues todos estamos obligados en asumir las reglas del juego de este mundo que funciona como una maquinaria tan poderosa e indefectible, que el arte en sus diferentes manifestaciones, tiene que sortearse la suerte de no caer en una absoluta banalidad con la complacencia de las oligarquías dominantes.

El teatro o la actuación se pueden percibir por las mayorías como manifestaciones menores o accidentales que se utilizan por los medios masivos de comunicación. Es decir, se les tienen como bastardos con los que se puede lucrar, o en el mejor de los casos como divertimentos que no son dignos de pasar del diletantismo. Tenemos la misión los que dedicamos nuestra vida al teatro, de cambiar esta injusta idea en la mentalidad de las actuales y nuevas generaciones.

¿Por qué es injusto? porque esta manifestación artística es la base de nuestro mundo onírico, espiritual y metafísico; incluso filosófico y religioso. De ahí la gran aberración de considerar el arte escénico sólo como una simple y temporal manera de expresar una idea o una historia para entretener.

El director de teatro es un creativo que se ha impuesto la función de ser el demiurgo de un espectáculo, o mejor dicho de un universo surgido de su mundo emotivo e intelectual fungiendo en el papel de dios o creador de todas las cosas, materializando su universo en el tablado. Y no sólo eso; hace a pequeña escala su propia ley de causa y efecto; su propia recurrencia al echar andar la maquinaria de sucesos que contiene una serie de representaciones teatrales. Es por eso que el teatro no puede dejarse al final de las cosas de la vida, porque precisamente es la escencia de la vida y es llevada a cabo por esos apóstoles de la escena que son los actores, esos adanes que completan la creación de su dios director.

Los actores son gente que tienen que tener presente que son suplantadores de la humanidad. Es decir, ellos están para representar, para tomar el lugar de la mayoría de la gente; aquellos quienes están absortos en su vida y que es un hecho inevitable que no hay consciencia de cómo están viviendo sus existencias. Las historias o universos como lo habíamos planteado, hablan de la humanidad, de sus conflictos, de su compleja condición e interacción con el planeta, sin olvidar el estrecho vínculo con el cosmos que últimamente ha sido relegado por las falacias religiosas, siendo varias de ellas las que censuran la expresión dramática en todas las sociedades.

La ficción recreada por los actores es un despliegue de atmósferas y mundos parecidos a la realidad que vivimos. Es un fenómeno que sólo puede surgir del trabajo creativo del actor bajo la idea omnipresente del director. Se desarrolla con acciones ya sean explícitas o implícitas que van encadenando una serie de sucesos en ascendencia o descendencia, provocando un ritmo per sé de la trama representada.

La ficción es el fenómeno y artilugio con que se da vida a una vida o realidad alterna que nos permite reflejar y reflejarnos en diferentes historias, pues es a diario que como individuos vivimos nuestra propia historia entrelazada con todas las historias de nuestro entorno en menor o mayor grado. Ficcionar significa modelar, esculpir, tallar; de ahí que está por seguro dentro del terreno artístico además del metafísico y psicológico. En el teatro la ficción cobra una fuerza impresionante pues de inmediato nos remite a lugares, situaciones y personas parecidas a nosotros. Digamos que sería cercano a una reproducción platónica de las cosas pero en un sentido alterno, paralelo y elaborado por el ser humano teatral y asequible a sus semejantes. El mundo platónico de cosas es el ideal y aquí en la tierra sólo hay copias y están muy lejos de ser perfectas como tal mundo. La ficción, si hacemos una parangón con lo arriba expuesto, resulta ser la verdad en oposición o en paralelismo con la realidad que vivimos, pues es en el escenario donde se expresa y se desenmascara con verdad la compleja condición humana que tiene como su guarida la realidad. En la realidad la impunidad es ama y señora de la mayoría de los pueblos de la tierra y su hermana es la mentira y durante siglos de teatro la verdad contenida en la ficción ha sido su más poderoso astringente.

Es por eso que al teatro se le debe de tener en una importante escala de fenómenos sociales, culturales y artísticos en la vida de la mayoría de las personas que conforman un pueblo o una nación; que sea cada trabajo escénico un despliegue de conocimientos y verdades que revelen la verdadera dimensión de nuestra realidad y consiga propiciarnos como agentes de cambio, pues sólo siendo agentes de cambio, nuestro mundo personal y colectivo transformará a una realidad en la que finalmente la impunidad y la mentira estén siendo poco a poco avasalladas.