"Las nuevas generaciones vienen dotadas con una nueva forma de apreciar al mundo, que pudiera ser contaminada por los avances tecnológicos allegados desde muy temprana edad a sus manos infantiles. Todo depende de la educación y cultura con que los eduquemos y, quizá es, lo más seguro, que ellos serían los primeros en avergonzarse de nosotros los adultos".

No voy a hacer mención de datos históricos ni referencias con respecto al tema. Ni tampoco estaré del lado de quienes de manera radical atenten aunque de manera escrita, contra la vida de un ser humano. Trataré de exponer un punto de vista que siento, es en base a una elemental sensibilidad de lo que ocurre en nuestro derredor, rociado con los diferentes eventos que se originan en el planeta y que por ser de la especie humana atañen a cada pueblo, religión, filosofía, sistema económico y cultural.

Es inobjetable. No es permisible ya que un pueblo se solase en un espectáculo que, disfrazado en la actualidad de tradición, de arte y además de cultura, tenga por protagonista principal la tortura, el derramamiento de sangre y el indignante refocilamiento y la práctica del escarnio, que nos rebaja como seres sapientes y elevados que se supone deberíamos aspirar a ser.

Considero que hay muchos argumentos que pueden sustentar la permanencia de las corridas de toros resultando válidos, pero son retrógradas social y culturalmente hablando. El espectáculo taurino se ha anulado en distintas partes del mundo donde se practicaba, incluso en el origen de ésta, España.

Este espectáculo, tal vez inspiración de otras salvajes maneras de explotar económicamente y de tortura como las peleas de perros y de gallos, se le ha mal llamado “Tauro maquia” (lucha ante un toro), pero de lo que si tenemos que estar seguros es que el toro no quiere pelear. Los seres humanos suponemos que los animales bajo nuestro control fueron diseñados para darnos servicio y les asumimos estar de acuerdo en lo que dispongamos de ellos. Si bien es palpable que el avance de la humanidad y de los diferentes civilizaciones de la tierra ha sido en gran parte a causa del uso de animales, el hombre en su perversidad también ha ideado la manera de divertirse a costa de éstos y sacar un abyecto provecho que coloca al ser humano en un estado de una vergonzante involución espiritual social y cultural.

Por supuesto que hay celebridades y personajes importantes amantes de este secular espectáculo. Poetas, pintores, escritores, actores de cine y televisión, políticos, empresarios y demás ejemplos de “civilidad”, categoría, garbo y gallardía. Todos ellos “animales intelectuales”, como los mencionan los Gnósticos, carentes de consciencia y agazapados en un sistema mundano que dicta qué es lo que se debe hacer para sobresalir y ser renombrado, enalteciendo el ego por los aires y olvidando los más básicos axiomas para evolucionar como seres humanos. Resulta muy incongruente que la mayoría, creyente, no se haya preguntado si al creador, a la virgen o a Cristo, les agrade tanta frialdad para asesinar sistemáticamente a un animal, criatura también de Dios.

El mundo, más bien dicho la gente, está cambiando y a la vez luchando de manera pírrica contra intereses que atentan contra los seres vivos. Los hemos visto luchar contra la matanza de focas, de ballenas, el cercenamiento de marfil en los elefantes, pretextando siempre estos asesinos que es el sustento económico de una comunidad y que muchas de las veces está detrás de todo ello una maquinaria siniestra que genera mucho dinero y que poco le importa la vida en sus diferentes manifestaciones incluida la humana.

Hay varias “tradiciones” o “costumbres” que se han dejado de practicar, pues se comprendió que ya pasó su tiempo, su época, como si de madurar se tratara en el caso de la transición del joven al adulto. Así, parte de la humanidad poco a poco está dejando de practicar cosas que dañaban y ponían en entredicho su inteligencia de acuerdo a estos tiempos actuales que reclaman paz, concordia y cultura para nuestras nuevas generaciones.

Por supuesto que también el torero está expuesto y se le puede admirar por su valentía ante un animal que previamente ha sido preparado, disminuido y azuzado para defenderse con miedo, lo cual hace al matador más enaltecido ante su coliseo por la supuesta bravura del toro, pero, ¿No es repetir y repetir el mismo error mil veces en cada temporada? ¿No es volver a causar daño una y otra vez, y causarse daño una y otra vez, siempre que un torero pierde la vida en las astas de un animal que sólo respondía a su instinto de conservación? Es un ‘Samsara’ en el que al saber que para ser elevados, falta un buen trecho casi imposible de llegar al final del camino, nos refocilamos más y más en nuestra inconsciencia y hasta sofisticamos nuestra misma perdición en la involución espiritual matando estos animales por entretenimiento.

Las nuevas generaciones vienen dotadas con una nueva forma de apreciar al mundo, que pudiera ser contaminada por los avances tecnológicos allegados desde muy temprana edad a sus manos infantiles. Todo depende de la educación y cultura con que los eduquemos y, quizá es, lo más seguro, que ellos serían los primeros en avergonzarse de nosotros los adultos, al tener por gusto el ser amante de un espectáculo en el que se le tortura hasta la muerte a un animal, o en el que pierde la vida un ser humano ante el morbo de su público.

Pueda ser que estas nuevas generaciones vayan erradicando cada una de estas tradiciones y costumbres que nos estorban como civilización, y logren suprimir en un futuro otras manifestaciones de muerte como la explotación y las guerras.
La erradicación de las corridas de toros, la defensa de los animales y por supuesto la defensa de una nueva vida humana, son un apremiante comienzo.