Allá vamos a buscar a ‘Memo’ el “menudero”, el cual nos recibió con el gusto de ver en la cara de cada uno de nosotros, un pedazo de la historia de su vida, cuando también soñaba con ser torero.

Después de visitar la ganadería, surgió en los profesores la idea de formar la primera cuadrilla de niños toreros de la Laguna, serían los alumnos más destacados y que tuvieran las edades que se requerían. Para esto había que hacer las cosas con seriedad, vestirse en traje de luces y mandar hacer capotes y muletas nuevos y a la medida para cada uno de los toreritos que formarían la cuadrilla.

De los 145 soñadores de gloria que inicialmente se habían inscrito, se eligieron únicamente a cinco para formar la cuadrilla. Muchos son los llamados, y pocos los elegidos- decía con solemnidad el popular “Empachao” director de la escuela taurina, pretendiendo con esto descargar la culpa de dejar al resto de los alumnos con menores condiciones de recibir una oportunidad.

Nos reunió a los cinco y nos dijo: muchachos, esto va en serio. Tendrán que redoblar esfuerzos y ganarse cada día la oportunidad que se les está brindando, el que no quiera o no pueda, que lo diga ahora mismo, allá afuera hay muchos que darían la vida por estar en su lugar. Sabrán a partir de ahora, que ese ser mítico que se llama toro bravo, tendrán que amarlo y respetarlo y saber que el toro les puede dar todo cuanto han soñado, pero también les puede quitar la vida o dejar lisiados para siempre. Habrá que organizarnos muy bien para que todo esto funcione, por lo pronto tendrán que conseguir sus cosas de torear, su capote y muleta propio el que todavía no lo tenga, y su ropa de torear porque a partir de ahora vestirán el traje de luces, a ver cómo le hacen, busquen por ahí con la raza del toreo a ver quién puede apoyarlos.

Había en mi Torreón de aquellos tiempos, muchos personajes muy peculiares y apasionados de sus aficiones, que a pesar de su edad y de sus condiciones físicas y económicas, no dejaban de vivir en el mundo de fantasía que únicamente el ambiente taurino puede ofrecer, a todos les caracterizaba su ‘bohonomía’, nobleza y don de gentes, pues los golpes de la vida y de los toros en los pueblos olvidados de Dios, les habían enseñado a ser auténticos y vivir la vida a su manera. Se podrían escribir libros completos de la vida de estos personajes llenos de historias y anécdotas increíbles.
Vivía por el rumbo de San Joaquín, atrás de la iglesia de San Juanito uno de estos personajes. Don Matías, hombre fuerte moreno, atlético que había sido Boxeador, Luchador, Clavadista y Torero entre otras muchas cosas. Olvidaba decir que entre sus muchos oficios, también estaba el de tapicero y con esa máquina en sus ratos libres confeccionaba capotes y muletas de muy buena calidad y era el único en la región que hacia este tipo de trabajo. Pues allá vamos con él. .- difícil se las pusieron, aquí en la región es muy difícil conseguir ropa de torear, vamos a ver, quién tendrá algún traje palmado (Viejo y/o maltratado) que quiera prestárselos. Mi compadre Memo el “menudero”, Vayan con él, vive allá en la colonia Moderna atrás de la plaza de toros a una cuadra de la plaza 5 de mayo. Allá vamos a buscar a ‘Memo’ el “menudero”, el cual nos recibió con el gusto de ver en la cara de cada uno de nosotros, un pedazo de la historia de su vida, cuando también soñaba con ser torero. Luego de que le explicamos el motivo de nuestra visita, entró a lo que sería seguramente, el rincón de sus recuerdos, tardó solo un momento pero a nosotros se nos hizo una eternidad, salió con un bulto envuelto en un lío (lío se le llama a un pañoletón grande en el que los torerillos envuelven sus avíos de torear y sus trajes de luces, anudándolos por las cuatro puntas). Cuando lo abrió, vimos un traje de luces color lila con bordados en pasamanería blanca. .- creo que con algunos ajustes le puede quedar a alguno de ustedes, Le puede quedar a… buscando con la mirada encontrarse con su juventud en la figura de alguno de nosotros. Te puede quedar a ti, le dijo finalmente a José Luis. Te lo voy a prestar, si me lo devuelves roto, está bien, señal que te arrimaste, pero si me lo devuelves ‘cagao’ me lo pagas.

Y así buscando por aquí y por allá, cada uno fue consiguiendo su respectivo traje de luces, recuerdo que a mí me prestaron uno que debió haber sido blanco y oro, pero las condiciones en las que estaba debería de ser trapeador y mugre, .- Decía el “Empachao”. Hubo que hacerle nueva la taleguilla (pantalón del traje de luces) y coserle a los costados las franjas de bordados.

Lo demás lo improvisamos comprando cosas parecidas en una tienda muy grande que tenía de todo, “Chácharas y Juguetes” que se ubicaba en la esquina de Morelos y calle Rodríguez. Dos cuadras adelante en la misma calle, esquina con avenida Hidalgo, hasta la fecha sigue estando almacenes ‘Zarzar’ mejor conocido como “Sal si puedes”. Ahí compramos las medias que como sólo había blancas, compramos pintura del caballito color rosa, pero algo no hicimos bien que al final quedaron moradas, también compramos camisa, tirantes zapatillas de viejita porque no había de otras. El añadido (coletilla que usan los toreros). Lo hicimos con la mitad de una pelota de esponja forrada de agujetas para zapatos color negra y una trenza de pelo natural con un alambre en medio, para que le diera la forma que se necesita.

Ya estaba todo listo sólo faltaba la montera (Gorro que usan los toreros). Y no hubo manera de conseguirla. Sin embargo mi madre al ver mi desesperación se puso a confeccionar la dichosa montera, que a pesar de su esfuerzo le quedó algo desproporcionada. Pues así aunque fue causa de algunas burlas, al final todos brindamos con ella, porque era la única que había. Días después del festejo le pedí a mi madre que le arreglara el forro porque se había descosido y que de ser posible lo cambiara por un color más obscuro. Cuál fue la sorpresa de mi madre que al quitar el forro salieron varios billetes de muy buena denominación. No sabíamos en nuestra incipiente carrera que algunos aficionados depositan alguna cantidad en la montera para agradecer el brindis.