"Después de que nací, tuvieron otros cuatro hijos; mi hermana María Ana, ella había nacido en Rio Grande, el 25 de Julio, en el año de 1879; después, mi hermano José Antonio, él nació en el Potrero de Parra el 25 de julio, en el año de 1880; después, mi hermana María Martina, ella nació en Rio Grande el 30 de Enero, en el año de1882 y mi hermano José Hipólito, el nació en el Mezquite, el 3 de Agosto, en el año de 1883. Todos mis abuelos eran Campesinos".

En México, la historia está llena de antecedentes que han marcado algo muy importante a lo largo de la vida nacional, hoy toca hablar a un caudillo mexicano: ¡Pancho Villa!

Mi nombre es Doroteo Arango y soy el “Centauro del Norte”, pero todas las personas me conocen como, Francisco Villa, conocido como Pancho Villa. Nací el 5 de junio de 1878, a las tres de la tarde, en la Coyotada, una pequeña parte del municipio de San Juan del Rio en Durango.

Mi padre fue Agustín Arango Vela y mi madre, Micaela Arámbula Álvarez, de ella me acuerdo muy poco, era “muy blanca”. Mis padres se casaron el 5 de mayo de 1877 en San Fermín de Panuco, no muy lejos de Rio Grande -un año dos meses, antes de que naciera-. Después de que nací, tuvieron otros cuatro hijos; mi hermana María Ana, ella había nacido en Rio Grande, el 25 de Julio, en el año de 1879; después, mi hermano José Antonio, él nació en el Potrero de Parra el 25 de julio, en el año de 1880; después, mi hermana María Martina, ella nació en Rio Grande el 30 de Enero, en el año de1882 y mi hermano José Hipólito, el nació en el Mezquite, el 3 de Agosto, en el año de 1883. Todos mis abuelos eran Campesinos.

Mi niñez fue humilde, pero mi escolaridad y mi ignorancia estuvieron llenas de privaciones, pues mis padres eran pobres y se dedicaban al campo. Asistí a la escuela de San Juan del Rio, sólo asistí ocho días, recuerdo que era muy travieso y aplicado. Nunca supe si mi padre murió, nos abandonó.

A lo largo de mi adolescencia, quedé huérfano, y me vi obligado a trabajar como leñador, agricultor y comerciante, manteniendo por cuenta propia a mis cuatro hermanos menores. A la edad de 16, tuve que esclavizarme, en una gran hacienda por 25 centavos diarios, en esos tiempos el campesino siempre estuvo en deudas y que al fallecer lo único que podías dejar de herencia era la deuda, y tu hijo tenía que pagarla con el sudor de su frente.

Un día llegué agotado a mi casa, y me encontré con una gran sorpresa, encontré al hacendado, tratando de violar a Martina –mi hermana-, no supe si se le estaba insinuando u obligándola a hacer algo que ella no quería.

En ese momento no pensé nada y le disparé, no supe, si con un fusil, una escopeta o una pistola, sólo sé que le pegué dos balazos y me marché.

Cuando maté al hacendado, sentí un vacío en mi corazón, presintiendo que desde ese día ya no dormiría en paz. Tuve que huir hacia las montañas, a esconderme para que no me encontraran. Durmiendo en un lado y despertando en otro lado, por el temor de que me encontraran.
El gran Francisco Villa, personaje olvidado de lo oficial, silenciado por el gobierno mexicano de ayer y de hoy, caudillo de la verdadera Revolución.

Yo, Sebastián González, después de caminar y caminar en agonía entre las montañas donde sobreviví, fui rescatado por una cuadrilla montada a caballos, encabezada por Francisco Villa, quien me alimentó y me recogió, cuando al no tener a dónde ir, el me reclutó, empecé a operar con esa División, asaltando y delinquiendo pueblos: sólo así se haría justicia a los de abajo. Al paso del tiempo por mi lealtad, gané su confianza me nombró su secretario dentro del grupo revolucionario.

Aún lo recuerdo, antes de morir mi General Villa dijo: “Hoy aquí muere Doroteo Arango, y sigue vivo Pancho Villa.”