"Las palabras de mi madre nunca las olvidaré, las llevo tan presentes cada mañana que me despierto y veo que ya no está conmigo, nadie es eterno, mi madre tampoco lo era, y un día me dejó, pero siempre está tan viva dentro de mí y la he llevado siempre conmigo"

Las historias no son como siempre las cuentan, no todas acaban con el mismo final feliz, no en todas salen princesas y castillos, no siempre hay reinos, caballeros o dragones, lo que sí sé, es que las grandes historias siempre nos dejan una verdadera enseñanza, porque son esas grandes historias las que llegan a envolvernos en su magia.

Mis historia no es algo común, quizá nunca hayas escuchado algo parecido a lo que voy a contar, no sé por dónde empezar a contarte todo lo que viví, pero si mal no recuerdo todo comenzó aquella tarde de abril, donde mi madre me enseñaba a andar, me enseñaba a volar. Sí querido lector, a volar, pues soy un colibrí sabio y viejo. Aquella tarde de abril cuando por fin me enseñé a volar, iba al lado de mi madre viendo el hermoso paisaje que estaba bajo mis alas, verde, lleno de flores y un sol brillante, cuando de pronto ella me dijo con una voz suave:
-La vida es muy bella, está llena de muchas maravillas que irás descubriendo por ti mismo, la vida algún día te abrazará y te dará tanto que le tomarás un gran cariño, serán grandes amigos, es honesta y sabia, pero a veces hijo mío, la vida no es justa, y hay cosas malas, hay egoísmo, hay dificultades, hay enfermedad, pero escucha bien lo que te voy a decir, el estar bien o el estar mal es algo temporal, la lucha verdadera está en lo vital, en lo verdaderamente importante, levántate con fuerza todos los días y hazle saber al mundo y sobre todo a ti mismo que hay un colibrí que se levantó con un gran apetito y entusiasmo ante la vida, y sobre todo deja que el amor guíe tu corazón.

Las palabras de mi madre nunca las olvidaré, las llevo tan presentes cada mañana que me despierto y veo que ya no está conmigo, nadie es eterno, mi madre tampoco lo era, y un día me dejó, pero siempre está tan viva dentro de mí y la he llevado siempre conmigo.
Nunca pude entender con certeza las palabras de mi madre, pero cuando ella murió y emprendí mi viaje solo, comprendí de lo que ella hablaba. Estuve buscando un país en el cual quedarme, y no me fascinó otro como lo hizo el de la bandera verde, blanco y rojo, seguramente no hace falta que te dé el nombre para que sepas cuál es ese país, sé que ya vino a tu mente porque tú vives en él.

Muchas aves alrededor de mi vida me han preguntado por qué elegí este país para quedarme, si hay tanta violencia, inseguridad, maldad, maltrato animal, enfermedad, pobreza, me platican de los bellos que son otros países y que no está en condiciones como este país en el que decidí quedarme, y simplemente les contesto que no podría cambiar por nada el volar sobre sus sierras, el sentir el aire y el sol en mis plumas, las cálidas noches, porque este país me ha dado lo que ningún otro ha podido brindarme, porque sólo aquí me siento en casa, me siento en paz, me siento tranquilo, y en cuanto a las cosas negativas que aquí pueden haber, como mi madre me dijo una vez, lo malo es algo temporal, lo importante es que yo me siento feliz aquí. Con esas palabras lograba cerrarle el pico a cada ave que me repetía la misma pregunta.

Lo más importante para mí era que estaba siguiendo mi corazón, y aparte del calor que sentía en ese país había algo muy grande que no me dejaba partir, el amor.
Amaba a una mujer como nunca había amado a alguien en mi vida, durante mis viajes tuve amoríos, recuerdo mi primer amor, recuerdo el amor que le tuve y tendré siempre a mi madre, sé lo que es el amor propio, el amor de amistad, pero el amor que sentía por esta mujer era diferente a todos aquellos, era más grande que cualquier otra cosa, no estaba enamorado de ella, pues sé lo que es enamorarse, este se trataba del amor más puro y sincero que jamás sentí.

Ella era apenas una niña cuando me encontró. Incontables veces, grupos de niños quisieron atraparme, y nunca lo lograron, pues los colibríes somos muy rápidos, pero en una ocasión no corrí con la misma suerte, logré escapar, pero lastimaron una de mis alas por lo cual no pude volar, al caer me golpee la cabeza con una rama y caí inconsciente, afortunadamente los niños no pudieron encontrarme pues caí sobre un gran pasto y los colibríes también somos pequeños, el punto es que no sé cuánto tiempo paso, pero cuando abrí mis ojos me tenían en una jaula dentro de una casa, y lo primero que hice fue tratar de volar y salir de ese lugar pero no pude hacerlo, era algo imposible, después de un rato de intento estaba agotado y logré calmarme.