Hallábame en esa sala. El expositor de la conferencia hablaba de forma por demás analítica del tema. La razón, su pasión por la política internacional. Exponía su carga argumentativa con la información más reciente de la materia. Estaba al día en cuanto a la información. Sin embargo, su auditorio no era menos ducho. La mayoría tenía una formación sólida en el área y le discutían igualmente de forma aguda y perspicaz.

De pronto, en la atmósfera de la sala se respiró un ambiente de tensión. El expositor tocó el concepto de hegemonía. Si lo hubiese hecho desde la perspectiva cultural de Gramsci, quizá el apasionamiento no hubiera sido tan agudo, pero lo hizo desde la perspectiva del poder. Y el ambiente se caldeó. Desde la perspectiva del académico –nos dice-, “las grandes potencias conciben el escenario internacional como un juego de ajedrez, donde la influencia geopolítica se determina en función de los intereses creados en cada parte del territorio mundial. La influencia geopolítica entonces, se justificaba en función de que se busca preservar el status de potencia en el marco internacional”. Si el auditorio hubiese tenido una ascendencia enteramente anglosajona, el argumento del académico no hubiera generado crispación alguna. Se hubiese perdido en la sala al considerársele un cliché, un lugar común repetido por académicos, políticos e intelectuales anglosajones. Una condición propia y natural del país que se representado. Quizá hasta un bostezo hubiese arrancado el argumento señalado.

Sin embargo, el auditorio era plural. En él se encontraban personajes de ascendencia árabe, africana y latina. Una torre de Babel. La concentración del tercer mundo. Ese mundo social que si de algo tiene experiencia, es de haber sufrido y padecido por largo tiempo, la política de imperio por parte de las grandes naciones. El saqueo constituido como política institucional de la potencia dominante. Historia de oprobio e ignominia.

Los ánimos arrancaron la pasión, y el discurso racional de la ciencia política dio paso a la pasión desenfrenada de la defensa política de la tierra bajo la cual se nació al mundo. Un agudo estudiante de posgrado marcó la pauta con una pregunta. Con tranquilidad manifiesta en su rostro, y con la civilidad propia de occidente, pidió la palabra de forma respetuosa al expositor. Este, al observar la postura ecuánime del personaje, le concede la palabra igualmente de forma respetuosa. El estudiante se levanta de su asiento, respira un poco para tranquilizar su ansiedad que por dentro lo ahogaba. Y con un espacio ganado a la emoción, atiende a su juicio y profiere la siguiente pregunta:

Doctor, usted justifica en cierta forma la política desarrollada por las potencias hegemónicas en los territorios donde tienen el control político, militar y económico. Señala que su proceder se explica por el interés nacional que deben proteger, toda vez que requieren mantener para ello, la salvaguarda de la extraterritorialidad de su soberanía nacional. ¿Es así Doctor? –“Sí, así es joven”. Bien, explíqueme entonces si eso se justifica política y académicamente para el caso de una potencia, ¿por qué no sucede lo mismo para el caso de mi país? Nosotros pretendemos desarrollar nuestro propio programa de energía nuclear, hemos intensificado los trabajos de investigación científica y hemos capacitado académicamente a nuestros científicos. El propósito lo hemos enmarcado dentro de una política de Estado, y hasta el momento hemos tenido un éxito relativo en el propósito enunciado. Y digo relativo porque su gobierno en cuanto enterose de nuestra estrategia a través de sus satélites espías, ha desarrollado de forma permanente una política de contención hacia nuestro cometido. Tanto en los organismos internacionales como en el cabildeo directo con los jefes de Estado aliados a sus intereses nacionales. En los medios de comunicación internacionales se ha desarrollado de igual forma, una campaña de desinformación a grado tal, que han construido una etiqueta para nuestro pueblo y nuestro gobierno. Nos endilgan ser parte de un eje del mal, y orientan el cometido en un marco de franco miedo. Sabemos lo eficaz de su estrategia, el miedo es un instrumento de suma importancia para alcanzar el cometido de mimetizar a una sociedad hacia una causa en concreto. Su país Doctor, ha tenido éxito en su estrategia de miedo. Tan exitosa ha sido la campaña mediática que ahora, por mi color de piel y sobretodo por mi nacionalidad, me detienen en aeropuertos y centrales de trenes, y me dan un trato miserable. Esculcan todo mi equipaje, y aunque no me hayan encontrado prueba alguna que me inculpe, de todas formas me profieren un conjunto de insultos y amenazas. No respondo Doctor, porque me esta prohibido. Argumentos tengo, pero en Occidente, en el espacio territorial de las libertades, de la luminosidad de la Enciclopedia, del arte refinado y la belleza del Renacimiento, donde se inventó el concepto de razón, libertad y democracia Doctor, en esta tierra no puedo manifestar mi diferencia de pensamiento. Antes de escucharme, me insultan y me degradan como persona. –“Lo está haciendo en este momento joven, se está manifestando de la forma que usted está considerando, sin menoscabo alguno de su derecho”. En este momento no me manifiesto profesor, solamente integro una pregunta académica en la mesa para su discusión. Y si en realidad manifestara mi inconformidad, fuera el colmo que en un centro de estudio, en un centro de investigación académica de una institución universitaria no pudiera manifestar un discurso a plenitud de miras. ¿No le parece así? “-Sí, concuerdo con usted”. Bien, entonces profesor, ¿por qué determinadas políticas expansionistas se justifican para el caso de algunas potencias y para el caso de países como el mío, se consideran antisistémicas y se resuelve combatirlas con medios diversos, incluso con mecanismos como la guerra. Todo en aras de detener nuestros intereses legítimos de ascender y encontrar mayores beneficios sociales para nuestro pueblo? ¿Por qué Doctor, por qué esta doble moral? –“Joven, no hay doble moral. Su gobierno tiene claras intenciones de enriquecimiento del uranio con fines nucleares. Eso está claro. En ese sentido, pone en riesgo nuestros intereses nacionales”. Si así fuera el caso Doctor, porqué no se dice lo mismo de su aliado en nuestra tierra, ellos sí cuentan ya con armamento nuclear y la comunidad internacional no dice nada al respecto. –“Ellos no representan peligro para nuestra soberanía joven, son aliados, amigos… y compartimos intereses comunes. Ellos son un pueblo hermano establecido en un territorio equivocado. Razón por la cual, debemos de protegerlo”.