“A través de los Tratados de París de 1898, es declarada la Independencia de Cuba, España abandona su dominio sobre esas islas, así como, sobre Filipinas, Puerto Rico y Guam, que fueron entregadas a Estados Unidos a cambio de 20 millones de dólares”.

En fechas recientes hemos tenido noticias sobre el acercamiento de representantes y mandatarios de Cuba y Estados Unidos de Norteamérica respetivamente; sin embargo, en este acercamiento existe una historia anterior digna de ser contada y analizada para comprender de mejor manera los sucesos contemporáneos que viven estas dos naciones.

Recordemos que inicialmente Cuba pertenecía al sistema colonial de la Corona Española, siendo un punto estratégico para el intercambio comercial entre la España Peninsular y la Nueva España. Tras un período prolongado de vida rústica y comunal, Cuba fue conquistada por España con la llegada de Colón en 1492 y a través de las denominadas “Encomiendas” los cubanos fueron cristianizados y explotados, hasta que en 1868 se inicia la primera revolución cubana de independencia.

A partir de entonces y durante aproximadamente veinte años Cuba experimenta una etapa de guerras internas, al mismo tiempo que Estados Unidos aumenta su influencia e inversión económica debido a la gran cantidad y calidad de insumos como el azúcar y tabaco; al margen de la posición estratégica que tiene la isla para fines de defensa y comercio, esto es, Cuba es la llave de entrada al Golfo de México y la puerta de salida del nuevo continente hacia Europa y el resto del mundo en ese entonces.

En 1897 Estados Unidos a través de su presidente William Mckinley ofreció comprar Cuba por 300 millones de dólares; sin embargo, la oferta fue rechazada por los representantes de la Corona Española. En 1898 con el fin de supuestamente proteger los intereses e inversiones de sus connacionales en la isla, Estados Unidos envía a las costas de Cuba en la Habana al buque acorazado Main, mismo que convenientemente explotó hundiéndose con gran parte de la tripulación, lo cual daba a los norteamericanos el pretexto perfecto para comenzar una guerra, la Guerra Hispano-estadounidense que se entendería a Puerto Rico, Filipinas y Guam.

Antes de la declaración de guerra, Estados Unidos ya tenía sitiada la isla con buques y tropas listas para la batalla e invasión; estudios realizados muestran que el hundimiento del acorazado Main se debió a una explosión interna, muy probablemente provocada, en la que los daños causados no mostraban afectación a los ecosistemas marinos adyacentes, por lo que la hipótesis de la explosión premeditada cobraba valor.

A través de los Tratados de París de 1898, es declarada la Independencia de Cuba, España abandona su dominio sobre esas islas, así como, sobre Filipinas, Puerto Rico y Guam, que fueron entregadas a Estados Unidos a cambio de 20 millones de dólares.

Con ello se considera que se colapsa y termina el imperio de España sobre las colonias en la Nueva España y comienza el colonialismo norteamericano estadounidense.

A pesar de la declaración de independencia “de jure” a través del Tratado de París en 1898, Cuba consuma su independencia “de facto” hasta 1902, que es cuando las tropas norteamericanas abandonan el territorio cubano; sin embargo, desde la ocupación norteamericana en 1898, Estados Unidos estableció una Base Naval en la Bahía de Guantánamo al sur de la isla de Cuba para garantizar su intervención y hegemonía en el continente americano, base militar que a pesar de la independencia cubana subsistió a través de un Acuerdo o Tratado Cubano-Estadounidense firmado en 1903 mediante la figura de arrendamiento perpetuo en favor de Estados Unidos y bajo la soberanía territorial cubana.

Tras la independencia cubana “de jure” en 1898 y “de facto” en 1903 con la presencia e intervención permanente de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo, Cuba no dejó de estar influenciado por los intereses norteamericanos, al grado de que al interior de la isla se vivía un racismo exacerbado y una dominación económica por las compañías norteamericanas que poseían el 60% de la industria azucarera y exportaban a Estados Unidos el 95% de la producción total.

Por otra parte, Cuba se convirtió en un paraíso para el crimen organizado norteamericano, donde se alojaban los grandes delincuentes de cuello blanco quienes invertían en propiedades y comercio. Sin embargo, la creciente desigualdad y racismo ocasionó que fuerzas rebeldes derrocaran al gobierno en turno y Estados Unidos interviniera una vez más para garantizar la integridad de sus conciudadanos y las inversiones de éstos en la isla.

El derrocamiento del gobierno en turno por fuerzas rebeldes ocasionó que en 1930 ascendiera al poder Ramón Grau San Martín, quien inmediatamente anuló la Enmienda Platt que daba a los norteamericanos la posibilidad de intervenir política, económica y militarmente en cualquier momento en Cuba si se veían en peligro sus intereses. Esto ocasionó que Estados Unidos abandonara su Política de Buena Vecindad en Latinoamérica y pusiera en alerta sus fuerzas armadas para una posible invasión a Cuba.

Ante el rechazo estadounidense de las acciones tomadas por San Martín, en 1940 el general Fulgencio Batista asciende a la presidencia cubana y acerca a los gobiernos cubano y norteamericano; iniciando una relación estrecha entre ambas naciones, pero siempre en un plano de supra-subordinación; hasta que la Revolución Cubana de 1959 empodera a Fidel Castro como nuevo líder revolucionario y cambia las relaciones entre ambos países, gestándose una tensión constante entre éstos y afectando indirectamente a otros países latinoamericanos afines al pensamiento revolucionario cubano en contra del imperialismo norteamericano; por lo que el recién acercamiento entre Estados Unidos de América y Cuba tiene más alcances que sólo el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países.