"Estados Unidos, a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), financió y organizó ejércitos de guerrilleros anticastristas; sin embargo, éstos fueron sofocados por el ejército revolucionario cubano al mando de Fidel Castro ya como primer ministro de Cuba"

En la entrega pasada describimos brevemente el proceso de descolonización cubana de la Corona Española, así como, la intervención e influencia de los norteamericanos en esa isla caribeña hasta que la Revolución Cubana de 1959 con emblemáticos revolucionarios de la talla del Che Guevara quienes derrocaran al General Batista aliado de Estados Unidos, y se entronara el sempiterno líder cubano Fidel Castro.

Hace apenas un par de meses, el actual Presidente de Estados Unidos de Norteamérica, Barack Obama, llega a la isla de Cuba después de que a casi cien años de distancia ningún presidente norteamericano había pisado suelo cubano; por lo que el conocer un poco más a fondo la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba cobra relevancia.

Tras el ascenso en 1952, por la vía del golpe de Estado, del General Fulgencio Batista a la presidencia de Cuba, ésta fue sumida en una dictadura militar que sólo beneficiaba a una pequeña élite cercana al gobierno en detrimento de la mayoría de la población, incluida la clase media que vio afectados sus intereses y fue reduciéndose gradualmente con el consecuente descontento social y la corrupción imperante.

Cabe mencionar que estos acontecimientos se dan en un contexto internacional post Segunda Guerra Mundial y la consecuente “Guerra Fría” entre las dos principales potencias; Estados Unidos y la URSS, quienes protagonizaron un enfrentamiento político, militar, ideológico y económico desde la segunda gran guerra hasta la disolución de la Unión Soviética en 1985 a través de la formación de dos grandes bloques mundiales, el occidental-capitalista encabezado por Estados Unidos y sus aliados Francia, Gran Bretaña, Alemania Occidental entre los principales; y el bloque oriental-comunista encabezado por la URSS y su cinturón de influencia en muchos países de Europa Oriental, Asia y África.

Así las cosas, en la segunda mitad del siglo XX, una vez derrocado, por la vía del golpe de Estado también, el gobierno del dictador Batista por las fuerzas revolucionarias castrenses; el ejército revolucionario toma el control del gobierno cubano en 1959; se abre en Cuba un proceso de expropiaciones, confiscaciones y nacionalizaciones de tierras, comercios y empresas extranjeras, principalmente norteamericanas, que afectaron los intereses de la clase alta norteamericana radicada en Cuba, así como, de la mafia gansteril asociada a ésta, lo que provoca el rechazo de Estados Unidos arguyendo la implementación de un régimen comunista en la isla caribeña y del socialismo en el continente americano.

Estados Unidos, a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), financió y organizó ejércitos de guerrilleros anticastristas; sin embargo, éstos fueron sofocados por el ejército revolucionario cubano al mando de Fidel Castro ya como primer ministro de Cuba. Pero la intervención norteamericana no paró ahí; en 1961 se organizó una invasión norteamericana a la isla de Cuba a través de un ataque aéreo y el desembarco en Playa Girón, Bahía de Cochinos; sin embargo, nuevamente esta intervención fue sofocada toda vez que la inteligencia cubana había podido tener acceso a información anticipada que le dio la oportunidad de prepararse y nuevamente vencer a las fuerzas invasoras antirrevolucionarias.

En 1962 tras esta segunda derrota intervencionista militar, un sector el gobierno de Estados Unidos con John F. Kennedy al mando propone una intervención directa a Cuba a través de una nueva provocación al estilo del acorzado Maine (1898); sin embargo, la URSS a través de sus sistemas de inteligencia da cuenta de ello y propone un acuerdo a Cuba para protegerse de la invasión norteamericana y robustecer el sistema socialista en América con su apoyo económico y militar. Así, el gobierno soviético de Nikita Jrushchov propone al gobierno cubano de Fidel Castro la instalación de misiles de mediano alcance en la isla de Cuba para servir como disuasivos ante la inminente invasión norteamericana.

La medida tuvo éxito, Estados Unidos y la URSS, al margen de Cuba, llegaron al acuerdo de retirar los misiles de la isla caribeña a cambio del desmantelamiento del armamento nuclear norteamericano en Turquía, área de influencia soviética. Desde entonces, el gobierno norteamericano decreta un embargo económico y comercial a Cuba, decreto que es reforzado con una política interna extraterritorial aislacionista e intervencionista a través de la ley Torricelli de 1992 y la ley Helms-Burton de 1996, ambas denominadas así por los nombres de los representantes del Congreso norteamericano, quienes las presentaron con la única finalidad de aislar a Cuba en el entorno económico internacional y así hacer colapsar su economía y consecuentemente su sistema de gobierno. Ello a través de dos prohibiciones y sanciones fundamentales: el comercio de las subsidiarias compañías de Estados Unidos establecidas en países terceros con Cuba y a los barcos que entren a los puertos cubanos con fines de comercio.
Tras el colapso de la URSS iniciado 1985, la caída del Muro de Berlín en 1989, el empoderamiento hegemónico de Estados Unidos y el consecuente triunfo del sistema político democrático y económico de libre comercio a escala global a finales del siglo XX, así como, el resurgimiento de la influencia rusa en el escenario mundial en los albores del siglo XXI; la distensión política entre la Habana y Washington y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas; con la visita de Obama a Cuba se empieza a escribir una nueva página en la historia de las relaciones internacionales y sus consecuencias sociales, políticas, económicas y culturales; todo ello parte de la cosa pública digna de ser conocida y analizada; estaremos al pendiente.