La visita del “Papa Francisco”, nombre secular del argentino Jorge Mario Bergolio, a México es un tema digno de análisis y discusión como parte de la cosa pública; ya que no es menor la influencia que tiene sobre más de los cien millones de mexicanos que profesan la religión católica en México.
Pero empecemos por el principio. Dentro de las principales religiones del mundo; cristianismo, judaísmo, islamismo, hinduismo, taoísmo y budismo, se encuentra el catolicismo como la principal rama del cristianismo dentro de las religiones monoteístas, la cual concentra a una sexta parte de la población mundial y más de la mitad de todos los fieles cristianos. El catolicismo tiene su origen en el “Cisma de Oriente y Occidente” , esto es la fractura entre la Iglesia cristiana de Oriente y la de Occidente; misma que tuvo su génesis en la pugna entre los patriarcas cristianos por el poder y el control de la universalidad de los fieles cristianos en el siglo XI, específicamente en el año de 1054, año en el que los jerarcas eclesiásticos de la Iglesia de Roma en el Occidente y los jerarcas eclesiásticos de la Iglesia ortodoxa en el Oriente y específicamente en Constantinopla se separaran y se excomulgan mutuamente.

Esta pugna por el poder y control de la cristiandad entre la Iglesia romana del Occidente y la ortodoxia griega en el Oriente por el viejo mundo, tiene además de las diferencias teológicas, una fuerte carga de control geopolítico; ya que, por una parte, desde los inicios del cristianismo el obispo de Roma era considerado el sucesor del apóstol Pedro, y, por ende, era quien resolvía los problemas y conflictos entre los demás jerarcas cristianos. Recordemos que en aquel entonces el gobierno era a través del mandato divino de los representantes de Dios en la tierra y de aquellos descendientes con linaje real, o sea, los reyes.

En los primeros tres siglos de existencia del cristianismo, éste estaba organizado y conformado por tres patriarcas o jerarcas; el obispo de Antioquía con jurisdicción en Siria, Asia menor y Grecia; el obispo de Alejandría con jurisdicción en Egipto y el obispo de Roma con jurisdicción en el Occidente respectivamente. Más tarde por intereses políticos se anexaron los jerarcas de Constantinopla y Jerusalén; sin embargo, éstos últimos no reconocían la supremacía del obispo romano quien argüía el “primus inter pares” establecido en el Primer Concilio de Nicea en el siglo IV, esto es, “el primero entre iguales” sobre la base de la antigua tradición de ser el sucesor de San Pedro por éste haber muerto y sido enterrado en Roma. Así los jerarcas del Oriente y Occidente se escinden y establecen sus propios ritos; los del Oriente con base en la liturgia griega e influencia islámica representados por patriarcas; y los del Occidente con influencia romana o latina representados por el Papa.

El papado dentro de la fe cristiana se instaura desde el siglo III para referirse a los obispos en Asia Menor; el término de “Papa” deviene de la voz griega “Páppas” que significa “padre” o “papá”; mientras el mismo término en su versión latina proviene de un vocablo que significa “padre” o “tutor”. Por otra parte, algunos estudiosos creen que el término deviene de un acrónimo en latín “Petri Apostoli Potestatem Accipiens” cuyo significado es “El que sucede al apóstol Pedro”; sin embargo, no existe consenso generalizado en su génesis u origen semántico. Lo que sí es generalizado es que dicho nombramiento o acepción es representativa del apóstol Pedro, nombrado por Jesús como piedra angular de la iglesia cristiana. Sin embargo, fuera de la rama del catolicismo no es reconocida esta representación papal y mucho menos varias de las potestades conferidas, como, por ejemplo, la potestad de declarar dogmas, esto es, verdades absolutas e indiscutibles que no pueden ser cuestionadas ni puestas a discusión, sino que deben ser acatadas como imperativos categóricos provenientes de alguien infalible, como lo sería Dios.

Sin embargo, cabe señalar que el Papa es el representante electo, a través de un cónclave, del Colegio Episcopal o Colegio de Obispos. Esto es, no es descendiente del apóstol Pedro y mucho menos de Jesús de Nazaret como supuesto hijo de Dios, lo que no le otorga la infalibilidad natural de los dioses, sino que es un ser humano falible e imperfecto como lo somos todos los demás. De ahí una de las más grandes controversias con los demás cristianos no católicos como es el caso de los patriarcas de Oriente.

Por otra parte, recordemos que incluso los llamados pecados capitales han variado a través del tiempo por esta supuesta infalibilidad del Papa, tan es así que en los primeros años del cristianismo se consideraban ocho los llamados pecados capitales divididos en pecados o vicios concupiscentes (gula, avaricia, lujuria y vanagloria) y pecados o vicios irascibles (ira, tristeza, pereza y orgullo). No fue sino hasta siglo VI que, en el pontificado del Papa Gregorio Magno, éste los redujo a siete, eliminando la tristeza de la lista de los pecados capitales; desde entonces los siete pecados capitales han permanecido incólumes con sus respectivas virtudes.

Ahora bien, la selección del Papa, como brevemente lo mencionamos líneas arriba, es a través de un cónclave, que no es otra cosa que la reunión que celebra el Colegio Cardenalicio de la Iglesia Católica Romana para elegir a un nuevo obispo de Roma. Este término de “cónclave” deviene del latín “cum clavis”, o sea, “bajo llave”. Y esto porque la selección del Papa o sumo pontífice se realiza a puerta cerrada, en condiciones de reclusión y máximo aislamiento temporal de todos los cardenales que asisten a tal elección. Dicho sea de paso, los cardenales son electos mediante un proceso llamado “consistorio” que es convocado por el Papa en turno para la designación de nuevos cardenales sea por renuncia o por muerte.

La visita del Papa Francisco a México pues, es sin duda es algo más trascendente que una visita pastoral. Y eso, amerita un análisis complementario.