¿Qué se necesita para conformar una identidad cultural auténtica que exprese las diferentes particularidades del México actual? La educación es una parte importantísima y urgente para conformarla, pero se necesita un modelo pedagógico alternativo en el que participe en forma comprometida y organizada el docente, alumnos, padres de familia, sectores académicos e intelectuales expertos en la materia, sectores campesinos y obreros, todos con una conciencia de clase para confrontarse en forma inteligente en la lucha de clases. Foros especializados con trabajos elaborados bien fundamentados en el contexto y marco de la sociedad capitalista en que se sitúa nuestro México. En los eventos académicos deben participar las organizaciones en lucha, las cuales no están conformes con la Reforma Educativa gubernamental, así como con las políticas estructurales recién emitidas por la clase política, que socava la propiedad social de la tierra, la contaminación de la misma y el debilitamiento de los derechos naturales y civiles de la clase trabajadora.

El “Yo” supranacional (internacional) y nacional (clase empresarial y política), es quien determina las directrices y la modelación del sistema educativo mexicano, cuya tendencia es privatizar la educación pública. Los rangos en los resultados de los exámenes de PISA y ENLACE y actualmente PLANEA, deja mucho que desear, pues, son motivos poderosos para desaparecer el actual sistema, con todo y sus maestros (dejar a los idóneos y sumisos). La clase dominante no ve resultados óptimos a sus intereses exclusivos; el sistema no llena los requisitos, no hay capacidad científica y técnica para conformar una plataforma de capital humano que impulse el crecimiento económico, los perfiles son obsoletos, no se adaptan a los requerimientos técnicos innovadores de sus industrias (sobre todo extranjera), mucho menos a las innovaciones comerciales y financieras (expertos en la volatilidad monetaria y ocultamiento técnico en la rentabilidad), que duplique o cuadriplique las ganancias de los grandes consorcios oligopólicos.

Debemos asentar que los modelos pedagógicos elaborados y aplicados por la clase en el poder (SEP), están fuera de la realidad, con prácticas docentes pasivas, más que de formación, los alumnos son receptores de información (expertos en hacer colach cibernético), en forma tendenciosa las prácticas pedagógicas no proceden a aplicar el rigor intelectual, donde se ejercite la comprensión, la interpretación y el enfoque práctico del conocimiento y, sobre todo, el ejercicio de la libertad para un desarrollo cognoscitivo y ético de la práctica docente. Estos modelos y el actual que se pretende implantar, va encaminado a propiciar un proceso manipulador, que encauce en los contenidos y métodos pedagógicos a producir perfiles dóciles y obedientes para los nuevos amos de la industria, comercio y usureros financieros. Es la brutal fórmula del “Yo” dominador sobre el “otro” dominado; ejercitar la amenaza y la violencia para que se dobleguen. Las evidencias y preliminares se sienten en el sistema educativo con la famosa “evaluación” aplicada a los maestros, se utiliza la fuerza coercitiva que va desde la amenaza al despido y pérdida del empleo a quienes no acudan a evaluarse.

Solamente en los regímenes fascistas se procede a utilizar el ejército para que el docente se evalúe. Fue degradante y humillante para el maestro ser vigilado como un reo rumbo a la picota, para responder a la medición (que no es evaluación), se sintieron objeto más que sujetos de la dominación. En las pruebas, según los maestros evaluados, se tenía que responder a contenidos inútiles y preguntas capciosas, mal elaboradas; no hubo organización técnica en la aplicación, según el Instituto Nacional para la Evaluación Educativa (INEE). Ya lo mencioné al principio, se necesita un modelo pedagógico alternativo que responda en primer lugar, a la libertad para el buen desarrollo humano y a una sociedad libre, no amenazada, manipulada y degradada; donde la identidad cultural a conformarse responda a una empatía en los individuos en relación a la naturaleza y a la sociedad misma; donde no exista un “Yo” dominador y un gran “otro” dominado. Donde impere los derechos humanos y poder responder auténticamente a las necesidades de una sociedad libre, cuyas actividades sean con desarrollo sustentable.

Pero, aquí es donde entran los peros, plantearía un lector suspicaz, ¿este modelo pedagógico alternativo, tendrá sentido para formar jóvenes en un mundo que no existe? Más bien, ¿no se producirán jóvenes desadaptados, desesperados para un mundo enmarcado en el contexto de una sociedad capitalista? Todas estas preguntas se tienen que hacer antes de proceder a los planteamientos básicos de una nueva educación, para formar hombres nuevos, en un nuevo orden económico, social, político y cultural. La nueva educación debe ser liberadora, que obligue a romper todas las formas de servidumbre, las estructuras que las engendran e ideas que las justifican. Puesto que la liberación humana no es realizable en el marco del sistema capitalista. Para elegir la libertad se debe optar sólo y únicamente por la vía revolucionaria. No nos queda otra, que el “otro” dominado elija la ruta de la libertad, pues el luchar sin la lucha de clases, es solamente reformismo, un revisionismo, que fácilmente al llegar a la cima, ese “otro” dominado, vuelve a ser otro “Yo” dominador y es solamente dar vueltas y vueltas.

La elección de la libertad es sólo por la vía revolucionaria, tendiente a transformar y trastocar el orden establecido, el orden subyugador, el orden dominador. Pero también como lo dice Giulio Girardi en su ensayo Por una Pedagogía Revolucionaria, esta elección debe estar basada fundamentalmente en la concepción del amor; “la educación no puede ser más que una obra de amor, de un amor liberador que es verdaderamente el educador, puesto que éste va encaminado a amar al prójimo como a otro diferente de mí, como una realidad destinada a realizarse de manera original” (1987, p. 76- 77). En la nueva identidad cultural a formarse se tiene que reconocer las diferencias individuales y las diferencias grupales (etnias) de que está compuesta la sociedad mexicana. En esta educación liberadora, se debe favorecer el crecimiento y desarrollo del niño, del joven y del adulto, como una realidad nueva; que se acepte con alegría, que los niños y los jóvenes son diferentes, que tienen en sus manos su propio devenir con riesgos a asumir, sólo así podemos aceptar la autonomía de nuestro propio ser.

La victoria de la ruta revolucionaria debe ser la libertad sobre la dominación, de la subjetividad sobre la objetividad; es una victoria del sentido sobre lo absurdo. Que el individuo y el pueblo sean copartícipes de su propia historia, como portadora de un proyecto alternativo. Por una sociedad sin clases y rehusar determinantemente a ser reducidos a meros componentes de una relación de producción explotadora, que somos fuerza histórica, que proyectemos nuestro propio devenir. Dentro de este proyecto alternativo es menester construir el movimiento para la transformación de las estructuras, en estrecha vinculación con la lucha económica, política, social y cultural, llegar a ser un verdadero fenómeno de masa. Recordemos, que el “Yo” dominador ejerce su poder sobre la conciencia y el inconsciente colectivo a través de la amenaza y la violencia en las luchas combativas que el “otro” dominado se manifiesta en las calles, en la huelga, en las resistencias a la imposición de las reformas estructurales de todo tipo.
El modelo pedagógico alternativo debe proyectar una transformación radical del sistema educativo mexicano, que destruya las raíces económicas, políticas sociales y culturales. El proyecto debe colocarse en los interese objetivos de las masas, de todo el pueblo, respetando el grado de conciencia subjetiva que éstas han alcanzado. La parte intelectual del proyecto debe estrechar vínculos con las organizaciones de la masa global; que sean objetivos determinados en la libertad, para lograr instaurar una sociedad en la que el pueblo tome la iniciativa de su historia; no la que le imponga algún sector, como hasta ahora lo ha hecho el sector empresarial, y la clase gobernante, obedece para implantarla en la sociedad mexicana. La conciencia colectiva de lucha de clases, se ha manifestado desde siempre y actualmente: con las huelgas mineras, ferrocarrileras, médicos, la lucha estudiantil del “68”, la disidencia magisterial, la lucha de los indígenas en cada una de las regiones del territorio nacional, los campesinos, la lucha zapatista y muchas más en contra del “Yo” dominador y opresor.
La educación liberadora como lo dice Giulio Girardi, “debe superar la relación autoritaria entre educadores y alumnos. No suprime la autoridad, pero transforma radicalmente su sentido: elimina progresivamente todo lo que está fundado en la fuerza o sobre el derecho, para no dejar más que la iluminación de una personalidad, la transparencia de su búsqueda y de su ideal, su capacidad de interpretar las llamadas profundas de la conciencia comunitaria”.
En posteriores trabajos abordaremos cómo será este modelo pedagógico alternativo, previa documentación que refleje un método de investigación. Muchas gracias.