"El nuevo enfoque del sentido de la vida, muy diferente a como lo encauzaba la fe en Dios, conforma los fundamentos básicos del liberalismo doctrina que abandera el principio de libertad del individuo, pero que al mismo tiempo, lleva en su seno los principios de contradicción"

El ser mexicano, la identidad cultural que nos caracteriza, está íntimamente relacionado con la relación del “Yo” y el “Otro”. Conceptúo el “yo” como el aspecto racional del consciente del individuo; es la razón centrada en el sujeto, que a través de ella logra cuestionar, explicar y predecir los fenómenos, acciones y comportamientos que se dan en la naturaleza y en lo social. Lo que le da un papel preponderante en el mundo, aparece así, el sujeto objetivante que critica la realidad, y mediante sus estrategias, conforma planes y proyectos para transformar la naturaleza y su entorno social con fines de utilidad, en detrimento de los valores y creencias que puedan existir en la sociedad. Esta capacidad de objetivar y de objetivarse a sí mismo, le da un poder de dominio ante el “otro”; logra de esa manera clasificar y cosificar a los objetos, animales y sujetos que le rodean, impone sus propias normas, valores y criterios a los mismos.

El “yo” asimila al “otro” con base al poder de dominio que trae consigo, en tanto que posee los elementos del saber, desplegados por la subjetividad racional para subordinar o someter al “otro”, el cual se halla en desventaja por razones de su propia cultura o status natural. Pero esta limitante no le impide al “otro”, el defenderse o rebelarse ante el avasallamiento que el “yo” dominador impone, creando así la situación que Hobbes denominó: “el hombre es el lobo del hombre”, un animal capaz de revolverse contra sí mismo. Ante esta constante de poder de dominio, el “otro” se convierte en el “yo”, para que a su vez, convierta a éstos en el “otro”. Todo con base a que detrás de esa racionalidad, se oculta los verdaderos fines de poder que ha caracterizado el triunfo de la razón.

La razón centrada en el sujeto tuvo su origen en forma preponderante con Descartes, con su “Cogito Ergo Sum” (Pienso, luego existo”); con su duda metódica de todo lo que le presenta la realidad, tiene que anteponer primeramente la incertidumbre, y aplicar una serie de reflexiones o meditaciones que lo lleven a esclarecer a través de su pensamiento, el objeto que desea conocer. Este nuevo paradigma o forma de conocer se da precisamente en el siglo XVI, es la época del Renacimiento, coincidiendo con el descubrimiento de América, nuevos conocimientos astronómicos con Galileo, la reforma con Lutero, etc.; trae por consecuencia, un desencantamiento de las imágenes religiosas, duro golpe a la religión católica que estaba en boga; y que imponía en forma legítima, las decisiones de las sociedades (convertidas en “yo”), para dominar a las “otras”.

Ante este despliegue de la razón, se inicia los fundamentos de la modernidad en Occidente, cuyo principio en sus acciones fue el de buscar la utilidad, el lucro a través de los instrumentos que la naciente tecnología crea, para propiciar así, el afán de riqueza, la acumulación del capital, que aniquila paulatinamente las creencias y valores fundados en la fe. Además de propagar el desarrollo de la ciencia y tecnología en las ciencias naturales; se inventan instrumentos para mecanizar los trabajos manuales, y así facilitar la utilidad mediante el ahorro de esfuerzo, tiempo y capital. Se introduce posteriormente, el pensamiento de la Ilustración en el campo social; se impone un nuevo orden, se crea la sociedad civil, la sociedad política, conforma un nuevo Derecho que establezca la participación ciudadana, sin ropaje de linaje o clase privilegiada que predomine en los controles del poder.
El establecimiento de las repúblicas y la federalización del Estado con las ideas de Condorcet, Maquiavelo, Diderot, entre otros; el “otro”, logra aniquilar al “yo” monárquico, al “yo” señorial, convirtiéndose el “otro” ahora en “yo”, que a través de la “racionalidad con arreglo a fines” (Weber), modela una nueva forma de hacer las cosas, de comportarse socialmente y de mirar el mundo como un nuevo hombre, es decir, una identidad cultural civilizada, es el inicio del antropocentrismo. Esta identidad cultural moderna, logra crear estrategias en la acción comunicativa, ya no basadas en los valores y creencias tradicionales, sino en el nuevo valor de la modernidad: los fines egoístas del individuo o grupos de individuos que se asocian con fines de enriquecimiento, y de esta manera, el “yo” somete al “otro”, basados en la nueva legitimación, el trabajo y estratagemas logísticas que le ayudarán a sus propios fines.

Estas innovaciones se crean en Europa a través de la experiencia y el pensamiento científico; se crean modelos sociales y científicos que influirán en el desarrollo de los espacios públicos y privados, que conformarán una identidad cultural basada en la razón como principio. Dotándola de un poder multi-rrelacional, que le permite inmiscuirse en todos los aspectos de la vida del hombre. También es cierto que existen otras facetas del hombre que debilitan a la razón, como son los sentimientos, las emociones y la voluntad, que aunadas a la razón, fundamentan el ser del hombre. Sin embargo, Kant a través del despliegue de la subjetividad racional, la hace distinguir como fundamento del ser, y por lo tanto, el elemento esencial de la diferencia específica.

El nuevo enfoque del sentido de la vida, muy diferente a como lo encauzaba la fe en Dios, conforma los fundamentos básicos del liberalismo doctrina que abandera el principio de libertad del individuo, pero que al mismo tiempo, lleva en su seno los principios de contradicción, pues a pesar de que la libertad solamente la pueden comprar unos cuantos, y revestirse del “yo” dominador, los “otros”, a través de presiones que la misma racionalidad les otorga, pueden conquistar espacios exclusivos del “yo”, y porque no, hasta lograr el derrumbe de él y convertirse los “otros” en “yo”.

Este problema relacional entre el “yo” y el “otro”, se dio en el México colonial, independiente, revolucionario, postrevolucionario y actual; en cuyas interacciones fueron sangrientas y desgarradoras, todo como justificación primordial aparente, el de conformar una identidad cultural que la distinga de las demás sociedades; pero desafortunadamente, desde la conquista a la fecha, hemos sido objeto de imposición de modelos en casi todos los órdenes de la vida pública y privada, por mediación del “yo” que domina; a través de una vía efectiva que conformará dicha identidad con el proceso educativo, el cual homogenizará la lengua, las costumbres, comportamientos, las creencias y un nuevo modo de pensar.

La conformación de la identidad cultural en México tiene su historia. La educación juega un papel preponderante, no sin soslayar, los combates sangrientos y las arengas políticas e ideológicas que sostuvieron conservadores y liberales. Conservadores convertidos en “yo” que trataban a toda costa de mantener el status colonial hispanizante; y los liberales, como el otro “yo”, que a marchas forzadas tratan de imponer un nuevo orden basado en el progreso científico con modelos europeizantes. Existieron avances y retrocesos tanto del “yo” conservador, como del “yo” liberal, situación que parece tener un equilibrio de fuerzas; deja a un lado a la gran mayoría de la población a la cual llamaré los “otros”, la cual no participa en absoluto en las decisiones fundamentales para establecer un orden, pero si se utilizó como carne de cañón en los combates.
Este elitismo de las dos fuerzas, contrasta enormemente con la gran masa de la población. Pues por el lado de los conservadores estuvo el clero principalmente, los hacendados y la milicia; por el lado de los liberales estuvieron los profesionistas, intelectuales, etc. Estas dos facciones conforman el “yo” en pugna; y los “otros”, lo conforman la masa campesina e indígena y mestizos, quienes por ningún motivo participarán en las decisiones fundamentales para encauzar el destino del país; es una total anarquía, en la que cada quien concibe a su libre arbitrio, su modo de ser y de hacer las cosas. Se pretende en este mar de confusiones, integrar una nacionalidad, una identidad cultural que distinga a la nación mexicana en relación con otros Estados ya conformados.
Los liberales tratan a través de un modelo afrancesado y/o norteamericanizado, imponer un orden basado en el progreso científico. Este ha sido en primera instancia, uno de los errores sistemáticos del proceso de modernización del Estado mexicano. Pues no coincide el modelo teórico jurídico del gobierno, con la estructura real del poder que se da en esos momentos. Igual ocurre en la actualidad. En el aspecto educativo sucede lo mismo. La reforma educativa actual dizque propone el mejorar la calidad educativa, y las escuelas no están actualizada en su infraestructura; existen escuelas que están derruidas, los bancos o pupitres están desvencijados, entre otras cosas. En aquella época, José María Luis Mora dice: la educación debe ser dirigida por el estado, con su propia filosofía; pero esta filosofía es prestada, no surge del corazón mismo de los mexicanos, es una imitación que choca ineludiblemente con la heterogeneidad cultural que vive la sociedad en esos momentos.
Nos vemos en el próximo…