Las conclusiones son las siguientes: a) Juan Diego no existió; b) la Virgen María es un sincretismo religioso inventado por los franciscanos para conducir la colonización y evangelización del pueblo indígena de la Nueva España; c) la imagen de la Virgen María es una pintura de materialidad humana y no divina; d) la imagen de la Virgen en realidad es una copia de la Virgen de Guadalupe, la Virgen de Extremadura.

El día ha trascurrido en linealidad. El trinar de los sonidos transportados en viejas camionetas Ford anunciando la venta de un producto, la circunspecta madre buscando a sus hijos con voz estentórea, el vendedor de electrodomésticos ofertando sus productos en cómodas mensualidades, el fervoroso creyente anunciándote el reino próximo de Dios –ante el advenimiento del fin del mundo-, y el llanto repentino del bebé solicitando comida.

En medio de esto, intento guardar cierto nivel de concentración para leer algunas lecturas adquiridas en oferta en un centro comercial. Me avoco a dos. Leo 65 cuartillas de una y por curiosidad me traslado a la otra en busca de los primeros toques de la historia. Ahí me quedo. No me despego hasta después de haber leído 55 hojas. Me doy cuenta del avance y regreso a la primera lectura. Antes, me preparo un café. Retomo el hilo de la historia y me centro en ella. El autor es mordaz en sus afirmaciones sobre el mito guadalupano.

Las conclusiones son las siguientes: a) Juan Diego no existió; b) la Virgen María es un sincretismo religioso inventado por los franciscanos para conducir la colonización y evangelización del pueblo indígena de la Nueva España; c) la imagen de la Virgen María es una pintura de materialidad humana y no divina; d) la imagen de la Virgen en realidad es una copia de la Virgen de Guadalupe, la Virgen de Extremadura, lugar de nacimiento de Cortés, y como este era fiel devoto de esa Virgen, se trajo una imagen a estas tierras, misma que fue utilizada posteriormente como estandarte colonizador y como instrumento para alcanzar la conversión religiosa del pueblo conquistado; e) que tras varios periplos –ya que el culto guadalupano fue instrumento de colonización, de evangelización, estandarte de lucha por la independencia, de disputa religiosa y económica- la Virgen de Guadalupe genera, solamente en lo que a la Basílica se refiere, alrededor de mil millones de pesos al año, entre la venta de derechos de transmisión a Televisa –por la misa de celebración el 12 de diciembre-, la venta de objetos religiosos, limosnas, donativos y demás; f) que el culto guadalupano ha sido, es y será un instrumento político para mantener ataviado a un pueblo que, en vez de responder y exigir cuentas a sus gobernantes, le rezan a su “morenita” en espera de que ésta les resuelva los problemas de su vida.

Hago algunas anotaciones en los márgenes del libro y sin mediación alguna, prosigo la siguiente lectura. Paco Ignacio Taibo II, desde las tres primeras páginas te sorprende con su tono sarcástico en su novela “De paso”. Es una novela policiaca con una historia situada a principios de los años veinte del siglo pasado. Sin embargo, para llevarla a cabo, recurre a la revisión de unos archivos de espionaje encontrados en alguna agencia norteamericana (CIA, FBI). Aclara, por tanto, que no es una novela porque se basa en fuentes reales. No obstante, en la siguiente página señala que es una novela porque en la descripción de la trama opera el elemento de la fantasía utilizado por el autor. Y en la tercera página, atina a preguntar –ante los dos elementos señalados, “¿qué diablos es una novela?”. La sola pregunta me arrancó una sonora carcajada. Me encanta Paco Ignacio Taibo II.

Por cierto a este autor tuve el placer de conocerlo directamente en una ocasión que me invitaron a un curso-taller sobre “Inducción a la lectura”, estando laborando como profesor de la asignatura de “Español” en un colegio particular de la localidad –al cual prometo no regresar-. La charla estaba a cargo de su esposa Paz, que en ese momento estaba al frente de un programa de lectura del gobierno del Distrito Federal. Mientras exponía la forma como llevaban a cabo el programa, Paco Ignacio la interrumpía agregando tal o cual comentario. En una de esas intervenciones tuvo necesariamente que ofrecer disculpas por las constantes interrupciones, pero era algo “que no podía evitar”. Una vez concluida la charla, me acerqué a Paco y con la consabida pregunta se generó una charla de treinta minutos. Empezamos a hablar sobre la problemática que subyace al propósito de hacer de este país un país de lectores, seguimos con algo sobre su propia experiencia como lector, entramos al tema de la Revolución Cubana a propósito de la biografía que escribió del “Ché” y las perspectivas de la Revolución considerando el factor biológico de sus dirigentes. Y terminamos hablando de su libro que iba a presentar esa misma tarde en la “Plazuela Machado”, el cuaderno verde del “Ché”, una especie de diario del guerrillero argentino. Todo eso en 30 ó 35 minutos. Fue muy agradable. El tipo es sumamente abierto y sencillo en el trato. Da la impresión de no sentirse “vaca sagrada”, como sí sucede con otros escritores.