Un pequeño set de maquillaje con espejo. Un reloj de pared.
Bia tiene catorce años. Está vestida con ropa ligera de dormir.
Hay una muñeca grande. En primer plano. En una pose desarticulada.
Una luz sobre la muñeca.
Se ilumina el escenario y descubre a Bia. En la misma posición difícil de la muñeca.

Creo en la reencarnación. Es injusto que la vida sea de una sola vez. Y que haya que empezar desde tan abajo.
Sería muy fea la vida.
Bia rompe con dificultad la rigidez de su cuerpo como si rompiera una foto fija, y recupera, con esfuerzo, el dominio de sus miembros.
Va hacia la muñeca. Le habla.
Toma (Le pone una gargantilla) es para la buena suerte. Hay que prepararse para la vida. Es lo más importante; pero un poco de fe no sobra.
(Toma un libro del cajón. Se moja los dedos. Lee)
Llegó de sopetón…el asombro:
¡Papá se está volviendo hembra!
La lástima es un gusanito que pasa por el hilo de los ojos.
Imaginar a papá en la cocina con un trapo en la panza.
No dije nada.
A veces no se le ocurre a una nada.
Y se arrastra el gusanito de la lástima.
Papá tendiendo ropas con la palangana
Papá fregando los platos.
¡PAPÁ HACIENDO LA COMIDA!
El gusanito de la lástima enmudeció.
¡¡Iba a morir de hambre!!
Llegó mamá salvadora
No son cosas de hembras
Papá está triste, es eso es solo eso.
¡Por eso está llorando!
(Cierra el libro. A la muñeca) Los hombres también lloran…pero menos.
(Rompe)
No me dejan ver la tele.
Son cosas de papá. Dice la maestra que tengo ideas extrañas.
(Cómplice) Ella le enseñó unos papeles y él movió la cabeza.
Mi maestra no es buena. Está enamorada de mi padre.
Me dice: Escribe lo que quieras, inventa, no importa. Unas vacaciones en China no son mentiras. Es fantasía. Eso dice. Después va y enseña a mi padre las cosas que escribo y lo besa en la boca.
Mi maestra está enferma, de aquí (Se palmea la cabeza).
¡Ella no debía ver la tele!
¡Después de las seis nadie debía ver la tele!
Pero la ven, todos la ven. Menos yo.
A las seis me encierran en mi cuarto a estudiar, o a jugar con las muñecas.
Esto sí es malo. Esto sí le mete a una ideas raras en la cabeza. Esto sí es violencia.
No sé cómo se les ocurre hacerme esto.
¡Claro! Ellos ven la tele. Todos ven la tele. Por eso hacen las cosas que hacen. ¡Son monstruos!
(A la muñeca)
Mi maestra tiene la lengua larga. Nueve lenguas, como una hidra. Necesitamos un Hércules que se las corte y se las queme.
Mi padre no es Hércules. Está ahí afuera, viendo la tele, fumando. Satisfecho. Engañando a mamá y a la maestra. Mamá debía ser fuerte. Como una patricia romana. Como Mesalina.
(Juega con la muñeca) Debí llamarme Mesalina. Todas las mujeres debíamos llamarnos Mesalina.
Bia es un nombre exótico, bonito; pero no dice nada. A no ser el referente mitológico a la violencia.
Por lo general me creen Beatriz. O sea, mi nombre en sí mismo conlleva a engaño. Eso lo hace participativo, deseable. Nunca es como Mesalina; pero en fin…
Creo en la reencarnación. En alguna vida anterior fui la puta de un emperador…y de otros miles de fanfarrones. Y fui asesinada porque la fiesta de mi entrepierna hizo tambalear a todo un imperio.
Un imperio de hombres.
Cientos de legiones en vilo por las contorsiones de una puta. Entonces me llamaba Mesalina.
En una vida más reciente fui Martina, una actriz de novelas.
(Bia acomoda el cuarto para una representación. Mueve a conveniencia los objetos)
(En secreto) Estoy embarazada. Es un acontecimiento común. Y no sé de quién es. Otro acontecimiento común. (Sobreactúa)
Si fuera Mesalina esto sería un suceso. Tendría dentro a un futuro Cesar. Y el responsable sería uno de entre sesenta rufianes. Como una paja en un pajar. Pudiera ser incluso Martina, la de la novela; pero soy Bia y solo hay dos pajas para escoger: mi novio, y mi padre.
Mi novio no tiene ningún rasgo especial, y mi padre, los mismos míos. Eso no ayuda. No sabré de quién es este bastardo.
Dicen que los machos grandes (se toca entre las piernas) dan varones. Tendría que esperar demasiado. Nunca sabré de quién es este hijo que me voy a sacar. De cualquier forma no estaría orgulloso. No hay mucho de dónde agarrarse: un borracho o un tonto.
La próxima vez que me embarace debo preocuparme por dar más posibilidades a mi hijo.
Un perfil ancho hace divertida la espera.
Mi novio… (ilustra) es un imbécil. Las mujeres se vuelven locas por él.
Denota que no es un imbécil cualquiera. Es muy loable para un hombre destacarse en ese aspecto. (Cómplice) Tienen un instinto genético para la bobería.
Ayer cuando fui a su casa saltó sobre mí como un felino, me tiró en la cama y me agarró por el pelo contra la almohada. Con la otra mano me bajo el pantalón y me abrió las piernas. Entonces se me escapó un gemido.
Mi novio, el cazador, me soltó despacio. Se deshizo en disculpas: Qué creía, que a mí me gustaba, que lo perdonara, que no se repetiría.
La estupidez humana no tiene límites. ¿Cómo se le puede ocurrir que un pantalón de mujer sale con una mano? No lo cree ni un niño.
(Explicativa) Es que me estaba halando el pelo.
La imbecilidad diferencia a los hombres. Mi novio sobresale. Por eso es codiciado.
Al final tuve que ser yo.
Hice que comprara unas cervezas, me emborraché (Pícara, burlona) y sin saber lo que hacía, me desnudé y le fui encima. El pobrecito casi no pudo y tuvo que ayudarse con la mano.
Sus amigos, un grupo selecto en lo que respecta a la imbecilidad, me miraron con lástima, y el infeliz de mi novio, solapado, les contaba cómo me había emborrachado para cogerme.
Mi novio es una especie de mono líder, en el centro de todos se yergue y se golpea el pecho con una expresión satisfecha que deja entrever un tímido destello de inteligencia. Esto lo adelanta en la cadena evolutiva, por eso sobresale.
(Toma el set de maquillaje y se retoca. Sobreactúa)