Tuve momentos de debilidad. En realidad mi padre es bueno en eso, unas cien veces mejor que mi novio. En cuanto a lo de la virginidad, fue él quien la tomó; pero si vamos al caso, lo único que hizo fue adelantarse a mis primos y a mis tíos. Por la forma en que me miran cuando cruzo las piernas, me han volado la virginidad muchas veces en sus sueños y en el baño.

Tenía que acostarme con alguien que se hiciera cargo de mi virtud. Era el idóneo. Dos años de selección lo señalaron como candidato insuperable.
Hacía dos años que mi padre me había volado la virginidad, y no me equivoqué con mi novio. Él sí estaba borracho. Me encontró lavando en el baño una sábana que estaba embarrada de todo menos de sangre, y me consoló como un angelito. Eso fue ayer. Ayer fue un gran día.
Entregar la virginidad da un poder excepcional. Por eso siempre que se encuentre al hombre idóneo debe entregársele. Es una rienda que aceptan dóciles a cambio de poder contarlo orgullosos a los amigos.
Los hombres son tontos; pero tienen un corazoncito. No debe privárseles de ser primeros en algo.
(Coloca despreocupadamente el set de maquillaje sobre la muñeca)
Toma, es un amuleto para la suerte.
(Con rabia) Debes estudiar, prepararte. Eso te abrirá muchos caminos en la vida. Pero un poquito de fe, y esto, dan un empujoncito.
La diferencia entre el pensamiento y la acción es una maroma filosófica.
La diferencia entre pensar en asesinar a mi padre y hacerlo, es eso abstracto que llamamos civilización.
(Cómplice) Mi padre no va a vivir mucho. Toma demasiado, y toma cualquier cosa.
Quiero conseguir algo que lo haga retorcerse de dolor; pero que sea lento. Él lo va a tomar, si huele a alcohol se lo toma aunque sepa que es veneno. Con su colaboración y mi empeño, todo va a funcionar.
Con un poco de paciencia se muere solo, con el hígado cocinado. Es una muerte horrorosa. Se hincha como un sapo. Las enfermeras, que sabrán por mí lo que hacía, le clavarán agujas inmensas en la barriga y sacarán un liquido asqueroso. Esa maniobra le dará uno o dos días más de dolor. Las enfermeras son mujeres, pondrán mucha empresa en prolongar su agonía. Los médicos no serían problema. Son hombres. Ellas los harán cumplir con su trabajo hasta el ahogo. La visión imperfecta de un pezón que se escurre en el escote paraliza el pensamiento racional de cualquier hombre.
Pero no tengo paciencia. Muchas noches lo escucho quejarse y creo que llegó el momento. Al amanecer se levanta como un toro y embiste las botellas.
Al principio pensé que lo mataría en la cama. (Se contonea erótica) Llegué a darle sexo durante quince noches seguidas.
(Detiene el movimiento erótico) Se recuperaba de una manera admirable. Entonces lo dejé a su aire. Que me cogiera cuando quisiera. Igual va a morir antes que yo.
Tuve momentos de debilidad. En realidad mi padre es bueno en eso, unas cien veces mejor que mi novio. En cuanto a lo de la virginidad, fue él quien la tomó; pero si vamos al caso, lo único que hizo fue adelantarse a mis primos y a mis tíos. Por la forma en que me miran cuando cruzo las piernas, me han volado la virginidad muchas veces en sus sueños y en el baño.
Somos una familia romana. Yo creo en la reencarnación, incluso estando vivos. Mi virginidad reencarnó ayer, y lo hará otras veces.
Una familia honorable de patricios romanos no deja que sus mujeres sean maltratadas por extraños.
(Toma el cajón con libros. Los riega por el suelo. Representa con los libros los acontecimientos que cuenta. Un juego de títeres. Un juego de niños)

Una noche mi madre se cansó de las borracheras de papá y se fue de jodedera. Me quedé sola en la casa y tuve miedo. Entonces me metí en la cama de mamá. La cama olía a ella y eso me tranquilizaba. A medianoche sentí la puerta. Pensé que mamá se había acordado de mí y había regresado; pero era mi padre, resoplando alcohol como un reverbero.
Se tiró en la cama como un mandril y metió la mano entre mis nalgas.
Quedé paralizada. Su mano parecía un animalito asustado buscando una guarida cálida.
Mis piernas se mojaron con una compasión desconocida y la mano llegó.
Quedó acurrucada en la puerta.
Recé con la respiración contenida. Recé por que se durmiera y Dios escuchó.
Papá se derrumbó exhalando alcohol, llenando el cuarto de visiones de carnaval.
Mi abdomen se contraía tras el ritmo de las comparsas.
¡Tenía que salir de esa cama que no era mía!
Me deslicé suave, milímetro a milímetro; pero la mano despertó.
Papá se montó sobre mí con una violencia inaudita,… y me entró hasta aquí (se toca los senos) hasta la garganta. Fue una embestida brutal e infinita.
¡Soy yo, papá! ¡Soy tu niñita!
Los embates eran más fuertes. Después cayó como muerto sobre mí.
Me escurrí hasta el suelo y me arrastré a mi cuarto, gimiendo.
Me despertó el canto de mamá en el patio. Estaba lavando las sábanas. Las mías y las de ella.
Las restregaba duro en la batea y cantaba. Mamá cantaba entre las tendederas.
Mamá estaba llorando.
¡Ven, Martina, ayúdame!
¿Por qué me llamas Martina?
No sé,…será por la novela.
(Transición. Recoge llorosa los libros y los coloca en el cajón.
Se levanta y deja caer el cajón sobre la muñeca, aplastándola)
Toma (se entrecorta la voz) es para la buena suerte (empuja con rabia el cajón sobre la muñeca)
¡Ojalá tengas suerte con la buena suerte!
(Se recupera)
Creo en la reencarnación. Es la única forma de conservar la virginidad.
Todo en casa sigue igual. Papá borracho. Mamá llorosa y pasiva. Yo jugando con mis muñecas.
Una honorable familia no se deja achicar por accidentes.
Sólo una cosa cambió. Mi padre en sus borracheras confunde cada vez más frecuentemente su cuarto con el mío.
Así que el accidente ha pasado a ser cotidiano.
Yo dormida. Papá borracho sobre mí. Mamá esperando para recogerlo y llevarlo a su cuarto.
El amanecer borra las equivocaciones de la noche. Se pierde la memoria.
No hay que recordar las pesadillas. No pasa nada.
A veces pregunto a mis amigas si tienen algún secreto. Cuando dicen que sí, veo colmillos en la risa de sus padres.
Mi vida ha cobrado sentido. Dos empresas reclamaban mi porfía. Una: Mimar a mi novio que se ha hecho cargo de mi castidad. Dos: Buscar un veneno lento para mi padre.
En la próxima vida quiero llamarme Daphne. Mejor, quiero ser Daphne. (Toma pose y movimientos de planta) Ser una plantita que crece en el jardín, con flores hermosas. Quiero ser apetitosa y radiante. Que quieran comerme. Que me coman y la savia de mis flores se deslice suave por la garganta del lobo hasta el estómago dejando un rastro de espuma y sangre. Todo muy lento. Que comience a sentir desasosiego cuando mi jugo llegue al intestino y reviente todo el tracto digestivo. Quiero verlo vomitar, arrepentirse. Expulsar por detrás mis semillas en un chorro caliente con sus tripas disueltas. Quiero nacer otra vez sobre fertilizante de lobo y crecer hermosa, apetitosa, radiante, perfecta para que otro lobo se enamore y venga a comerme… (Abandona de súbito la pose de planta) En la próxima vida quiero ser una planta venenosa.

Las muchachas de la tele son venenosas (Medita) No, no son venenosas, no se llaman Daphne.
Tienen espinas. Martina ha desarrollado espinas para defenderse de los lobos.
Las muchachas de la tele tienen vidas turbulentas. Llenas de hombres, de aventuras. Nunca están sentadas tranquilas, sin nada que hacer. Tienen planes. Son violadas, matan, se enamoran (Suspira)
(Reacomoda algunos objetos del cuarto. Se vuelve brusca al público)