Regiones y desarrollo

Los principales intercambios económicos ocurren en las ciudades modernas (metrópolis / regiones). Las actividades productivas modernas y más competitivas se asientan en las ciudades. Sin embargo aún es tiempo de que las ciudades y sus gobiernos locales no han podido unirse y hacer uso de las facultades que les otorga la Constitución en su Artículo 115 cuyo numeral III, inciso i, establece que: “Los municipios, previo acuerdo entre sus ayuntamientos, podrán coordinarse y asociarse para brindar la más eficaz prestación de los servicios públicos o el mejor ejercicio de las funciones que le corresponde”. Desaprovechando de esta forma las ventajas competitivas que la proximidad genera en términos de infraestructura y de recursos humanos; tradicionalmente los gobiernos municipales actúan en forma aislada y sectaria; en vez de cooperar, los municipios entran en competencia. Olvidándose que los gobiernos locales hoy en día deben de comprometerse con el desarrollo y no solo con la provisión de servicios, deben organizar, promover y dinamizar las actividades más competitivas.

Jorge Isauro Rionda nos dice: “El proceso de globalización en curso, se inscribe dentro de la lógica del sistema capitalista, donde la dinámica metropolitana en México y en el mundo es un fenómeno que se inscribe en la acumulación capitalista, donde existe un centro hegemónico y una periferia dependiente, cuyo rol en la integración al esquema globalizador actúa como un receptor de inversiones de los países centrales que se canalizan a la producción de ciertas fases de los procesos productivos en un esquema mundialmente localizado. Esto genera nuevos patrones de crecimiento y desarrollo urbano, en especial en materia de metropolización. En esta fase de tercerización de la economía, la transformación de las metrópolis va hacia una gestión de servicios donde las industrias se des localizan mientras se concentran los servicios y las inversiones. En este proceso existe una migración de trabajadores de áreas donde su esfuerzo tiene una productividad marginal a aquéllas donde ésta es mayor, sobre todo en sectores más modernos y transnacionales”. (Vid. Dinámica metropolitana en México, Jorge Isauro Rionda-Ramírez, Economía, Sociedad y Territorio, vol. VII, núm. 25, 2007, 241-266)

Esta tendencia propia del capitalismo genera un proceso de concentración de la población y de las actividades productivas en un número reducido de áreas, lo que el célebre teórico del desarrollo regional latinoamericano Carlos A. de Mattos ha denominado “la dinámica concentradora y centralizadora”; proceso que produce y reproduce los dos aspectos de la contradicción “centro-periferia”; tanto a nivel mundial como nacional y regional. Fenómeno que ocasiona el agudizamiento de las desigualdades sociales y espaciales. Mientras que el pensamiento neoliberal supone que “la mano invisible” del mercado y la autorregulación de los mismos conducirán finalmente al equilibrio general, y a la superación de las desigualdades, las evidencias empíricas nos demuestran que es prácticamente imposible que dicha mano invisible corrija las asimetrías sociales y espaciales. José Luis Calva nos advierte: “La experiencia internacional indica que las desigualdades regionales, si no son atemperadas por políticas públicas, tienden a agudizarse debido a deficiencias de infraestructura y desarrollo institucional, así como a la imperfecta movilidad del trabajo y el capital. Por ello, el Estado debe asumir sus responsabilidades en el desarrollo territorial, contrarrestando las tendencias del mercado a la ampliación de las desigualdades socioeconómicas espaciales”. (J. L. Calva, Desarrollo territorial, El Universal, 6/X/06)

Desarrollo polarizado en La Laguna

La Región Lagunera no se circunscribe a su Zona Metropolitana, que es la que en principio concentra la mayoría de la población y de las actividades productivas; sino que existe también un área de influencia o zona periférica de este núcleo conformada por los restantes 12 municipios; donde predomina la marginación y el rezago social. Para combatir esta asimetría y heterogeneidad en los niveles de desarrollo de los diversos municipios que la conforman se requiere de una mayor voluntad política de los gobiernos de Coahuila y Durango, y de una mayor participación del gobierno federal en la generación de políticas públicas de alcance regional, todo ello tendiente a la implementación de políticas compensatorias que impacten realmente a las áreas periféricas, y que contribuyan a la desconcentración de las actividades productivas y de la población, y al logro de una mejoría en los niveles de bienestar social regional.

Hace algunas décadas, el desarrollo industrial en la Laguna se vio favorecido con la creación de parques y zonas industriales. Los cuales seguían el modelo de desarrollo polarizado, que tuvo éxito en cuanto a la concentración de actividades productivas y de la población en el lugar central de la Laguna (básicamente Torreón y Gómez Palacio), pero ha fallado en la premisa des concentradora que dicho modelo plantea, es decir en el traslado permanente de la industria por las des economías a las zonas periféricas de la región. Igualmente el modelo de desarrollo agroindustrial, que aún continúa vigente, ha desencadenado de manera progresiva y constante un proceso de degradación de los ecosistemas, perdiendo de vista la búsqueda de una sociedad más justa y equilibrada, donde el crecimiento económico no sea un adversario del medio ambiente, donde se aplique la máxima de que el que contamina paga y se recompense a todos aquellos que contribuyan a la preservación de la naturaleza. Mientras no se impacte en los costos de producción de las empresas contaminadoras existentes en la Laguna, y se aplique la ley, continuará el deterioro del suelo, aire y agua.

Esperamos que las acciones emprendidas para la Zona Metropolitana de la Laguna cuando menos sean congruentes con los objetivos planteados por el congreso y el gobierno federal para la asignación de los recursos, que a saber son: “El Fondo Metropolitano tiene por objeto financiar la ejecución de estudios, programas, proyectos, acciones y obras públicas de infraestructura y su equipamiento, que:

1.Impulsen la competitividad económica y las capacidades productivas de las zonas metropolitanas
2.Coadyuven a la viabilidad y disminución de vulnerabilidad o riesgo por fenómenos naturales, ambientales y los propiciados por la dinámica demográfica y económica;
3.Incentiven la consolidación urbana y el aprovechamiento óptimo de las ventajas competitivas de funcionamiento regional, urbano y económico del espacio territorial de las zonas metropolitanas; y
4.Que guarden congruencia con el Plan Nacional de Desarrollo 2007–2012 y con los programas en materia de desarrollo regional y urbano que se deriven del mismo, además de estar alineados con los planes estatales de desarrollo urbano y de los municipios comprendidos en la respectiva zona metropolitana”. (Fondos Metropolitanos, SHCP, Subsecretaría de Egresos, Febrero de 2010)

Las acciones de modernización de la Zona Metropolitana de la Laguna deberan incidir mediante la planeación estrategica en el logro de un mejor aprovechamiento de los recursos naturales y humanos, para mantener y ampliar la infraestructura urbana, planificar la expansión de las ciudadades, reordenar su interior y mejorar la calidad de sus servicios públicos, ya que una buena parte de la problemática de nuestras ciudades laguneras no están determinadas por los limites municipales, sus posibles soluciones a los problemas públicos implican que estos sean abordados desde la perspectiva metropolitana

Limitaciones de las Zonas Metropolitanas

Manuel Castells y Jordi Borja en su famoso texto: Local y Global. La gestión de las ciudades en la era de la información, nos recalcan que el éxito de las Zonas Metropolitanas, su valor estratégico, no estriba en su función sino en su efecto sobre la dinámica urbana y en la difusión del pensamiento estratégico. De ahí la importancia de que los ciudadanos y los gobiernos municipales de la Laguna tomemos conciencia de ciudad basada en la construcción de consensos. También nos señalan que: “Una autoridad metropolitana fuerte es una condición necesaria pero no suficiente, para actuar con eficiencia es necesario conseguir el máximo de consenso y participación y éste debería ser un proceso continuo y al margen de los avatares electorales, para lo cual deberían de existir mecanismos adecuados de concertación”. (Óp. Cit., pág. 291)

El logro de una planeación metropolitana moderna y democrática necesita en principio de una “ciudadanía informada”, de ahí la importancia de la transparencia y la rendición de cuentas, y del reconocimiento de los derechos ciudadanos para intervenir en las políticas públicas, así como de la importancia de la existencia de una Contraloría Social o de un Observatorio Ciudadano Metropolitano Independiente para darle seguimiento a las acciones del Consejo de la Zona Metropolitana de la Laguna. Acciones que tendrán que ver con la realización de obras de beneficio comunitario, es decir grandes proyectos metropolitanos detonadores del desarrollo económico y del cuidado del medio ambiente (el agua como elemento estratégico), así como de obras de equipamiento y de infraestructura urbana.

Sin embargo también existen limitaciones para el logro de los objetivos de las Zonas Metropolitanas de las cuales nuestra región no está exenta. Castells y Borja nos dicen: “En términos generales, los organismos metropolitanos, tiene serias limitaciones financieras serias. No disponen de suficiente autonomía o capacidad recaudatoria, dependen tanto de los gobiernos centrales o regionales como de los municipios que forman la metrópolis y los recursos de que disponen son inadecuados para las competencias que tienen asignadas” (Óp. Cit., pág. 289). A estas limitaciones debemos añadirles algunos riesgos a que se enfrenta la actual gestión de la ZML, como son: insuficiente participación y consenso social, una incorrecta definición de objetivos y selección de proyectos, y la incapacidad para impulsar un seguimiento y una promoción eficaz de los mismos. Esperemos que las acciones de la ZML no se conviertan en un parto de los montes, y que realmente contribuyan a incrementar los niveles de bienestar de los habitantes de la Laguna.