A veces me siento personaje de ficción y eso me hace sentir diferente a los demás. La carrera de enfermería no solo es saber aplicar inyecciones, ni tomar los signos vitales. Las enfermeras también tenemos sentido común, sabemos lo que es bueno y lo que es malo. Tenemos un corazón que fue o va madurando al paso de la experiencia".

Es muy común que cuando los pequeños nos ven se esconden detrás de las faldas de la mamá como si vieran al mismísimo demonio. Esto se debe a que, cuando se portan mal el castigo es llevarlos con nosotras para aplicarles una inyección, así que desde ahí nace una relación al miedo y al dolor en contra de nosotras convirtiéndonos en el coco de los castigos.

En ocasiones resulta divertido hasta cierto punto. Cuando vamos por la calle con nuestro uniforme, ellos desorbitan sus ojos y aprietan los labios sin soltar la mano de su madre, incluso apretándola más fuerte sin perdernos de vista hasta estar a bastantes metros de distancia.
Es extraño que para los adultos resultemos unos ángeles y a la vez estén en contradicción con los pequeños. Pero hay que recordar que somos nosotros (porque yo alguna vez lo hice con mis hijos) los que dibujamos de una forma mal iluminada el trabajo de la enfermera.

A veces me siento personaje de ficción y eso me hace sentir diferente a los demás. La carrera de enfermería no solo es saber aplicar inyecciones, ni tomar los signos vitales. Las enfermeras también tenemos sentido común, sabemos lo que es bueno y lo que es malo. Tenemos un corazón que fue o va madurando al paso de la experiencia.

Lloramos en silencio y estrujamos cuando es necesario hacerlo. Alguien tiene que ser cruel ante el enfermo, ese papel nos corresponde para poder ayudar a sanar. Desde el momento en que aplicamos alcohol sobre la piel, cuando sujetamos con firmeza el pequeño brazo para canalizar a un bebé o introducimos al cuerpo alguna sonda, catéter u otro instrumento encaminado a algún tratamiento.

Sin esa dosis de crueldad, que en ocasiones nos hace ver indiferentes, sería muy difícil dar nuestros servicios…se escucha feo ¿verdad?. Es la realidad.

No me gustaría que con esto se derrumbe la idea que tienen de nosotras (os) como los “ángeles de la salud”, por el contrario, piensa que esa “inversión” que metemos a nuestra vocación es para ganarle tiempo al tiempo y a la enfermedad, ya que sin eso algunas veces pasaríamos las horas rogándote para poder hacer alguna intervención.

Explica a tus hijos por qué damos dolor y cuando nos vea enérgicas, danos las gracias, ya que estamos laborando con todo nuestro amor.