"Creo que sería bueno seguir el consejo que nuestra compañerita le dio a mi amiga, vivir el día, disfrutarlo desde que amanece y dar las gracias por ello, el poder abrir los ojos, el respirar, tener un techo y una familia que la hacen a una fuerte, en vez de pensar en los problemas, en los miedos, en los egos"

Inicié por redactar el artículo del siguiente mes para la revista que muy amablemente me acogió y me da la oportunidad de poder platicar algunas cosas que muchos no saben sobre las enfermeras, hospitales, pacientes, historias etc. Inició por platicar sobre qué sentimiento tenemos las enfermeras ante la muerte. Al momento que me hice esa pregunta, trataba de reflexionarla…nunca me la había hecho concretamente. Incluso dejé mi escrito a medias y prometí al editor enviársela en cuanto la tuviera lista. Soy sincera, muchas de las veces a una no se le ocurre decir nada, al menos algo que pueda ser interesante.

Me di por vencida y apagué mi computadora, pensando que mi almohada me daría la respuesta a mis sentimientos hacia la muerte, pues la conozco muy de cerca y nos toca luchar en contra de ella. Pensé que al morir el espíritu simplemente se apaga o como en otros artículos en los que he mencionado sobre ella, simplemente se vuelve una sombra o no dejamos ir (a donde tengan que ir) a los seres que nos dejan. Pero no puede ser que simplemente la vida termine así.
Al apagar la luz sonó el teléfono. Antes de contestar vi el número de procedencia y era mi amiga del alma que hace mucho tiempo no veo, pero que de repente logramos mantener relación por medio de mensajes por el “whatsapp”. Nuestras pláticas siempre terminan en risas y en muchas tonterías que ambas disfrutamos “textear”.

Ella inició por cambiar mi expectativa ante la muerte sin que yo le mencionara que de eso necesitaba soñar para poder escribirlo. Pero más que hablar de la muerte hablamos sobre la vida, sobre los sentimientos fríos de nosotras las enfermeras. Se vuelve tan rutinario el hecho de que indiscutiblemente alguien tienen que morir en nuestras guardias laborales, y que nuestro ego nos cierra a veces los ojos que llegamos a pensar que nosotras por ser luchadoras contra la muerte nunca nos llegaría nuestro tiempo, ni cómo es que nos podría llegar. La verdad, siempre pienso en eso, por eso siempre pienso y creo que es un modo de fastidiarme la vida antes de tiempo, la muerte llega cuando el destino lo tiene marcado y aunque pelees contra ella nunca vamos a ganar. Me platicó que hace unos días, al tener un paciente con apoyo ventilatorio le reconoció la voz al haber sido destetado de este mecanismo para poder seguir con vida. Un par de meses antes había perdido interés por hacer las cosas como debía ser en nuestro trabajo(extraño en ella, siempre la he conocido como una profesional en toda la extensión de la palabra), pero un día una compañerita se le acercó y le preguntó por qué no sonreía o porque simplemente se dedicaba a seguir su trabajo sin involucrarse con sus paciente, a lo cual le contestó que ya eran muchos años laborando y que ya no quería trabajar, así que solo estaba cumpliendo con hacer antigüedad y llegar así a sus tres años restantes antes de la jubilación. Nuestra compañerita, muy acertadamente empezó a hablar sobre la alimentación o el medicamento espiritual, ese que no se ve, pero que se siente y le hizo ver que tal vez ese paciente que estaba conectado a una máquina, su espíritu podría estar incluso sentado a un lado de ella…mi amiga nunca lo había pensado así. Le dijo que sin importar la religión, ni secta, ni lo que fuese, se metiera a una iglesia y escuchara detenidamente las palabras que profesan o se rezan en una misa.

Creo que nuestra compañerita es algo especial, sin saber que mi amiga en ese entonces y hasta ahora pasa por un momento muy difícil en la vida con enfermedades de sus seres queridos, que tal vez hicieron alejarse un poco de su gusto por ayudar al semejante, pues al parecer Dios no se encontraba presente. La tarea fue cumplida y mi amiga hizo lo que tanto le ha gustado de su vida, ejercer su profesión como lo hacía antes, solo que ahora con esa alimentación o medicación (como le quieran llamar). Especialmente con esa persona que imaginó estar sentada a su lado. Cuando entraba a su cubículo, sin saber si la escuchaba o no, ella empezó a platicar con él paciente mientras aplicaba medicamentos, tomaba sus signos, cambiaba su cama o al hacerle su lavado bronquial.

Llegó el momento de su destete. Mi amiga le dijo que si sentía desesperarse, si tenía miedo, que pensara mucho en Dios, que rezara, que rezara con mucha fe.
Llego el momento de cambio de guardia, mi amiga al día siguiente rolaría ya con otros enfermos. Al inicio de jornada solo preguntó cómo había seguido el paciente y se enteró que aún seguía en el hospital pero que iba evolucionando muy bien. Continúo con su rol de cambio de pacientes a lo largo de varios días hasta que llegó el momento que tocaría ser su enfermera nuevamente. Entró al cubículo como con los demás pacientes y suponiendo que sería como tener paciente nuevo (ya que él estaba sedado en ese entonces) se presentó como su enfermera en turno. Al escuchar su voz él le dijo que si ella era la enfermera que le habló mientras le retiraban el tubo (destete), mi amiga se sorprendió tanto y le dijo que sí, pero que cómo era posible que la reconociera, a lo que él respondió: “usted es la única persona que me pidió encomendarme a Dios”.

Cielos…Me hizo pensar tantas cosas. Me hizo dormir con una tranquilidad esa noche, siempre he tenido miedo a la muerte y siempre lo he expresado en algunos artículos. Pero el hecho de ir al hospital, de ver a tantas personas luchando, a veces ganando, otras perdiendo y llegando al fin, te hacen ser indiferentes. Creo que sería bueno seguir el consejo que nuestra compañerita le dio a mi amiga, vivir el día, disfrutarlo desde que amanece y dar las gracias por ello, el poder abrir los ojos, el respirar, tener un techo y una familia que la hacen a una fuerte, en vez de pensar en los problemas, en los miedos, en los egos. Aprender que hay que alimentar nuestra vida espiritualmente y darle los momentos de lucidez a nuestros cuerpos y mentes. Que tenemos problemas…está bien, pero hay que saber darles su lugar y su tiempo para poder solucionarlos.

En fin, mi amiga se terminó su saldo de todo un mes en esa charla, y como siempre terminamos riendo y recordando locuras, esas de juventud, y sin darse cuenta, me ayudó a sentirme mucho mejor.
No hay que pelear contra la muerte, hay que hacer lo que dice nuestro juramento, pero sobre todo, hay que medicamentar espiritualmente siempre que esté en nuestras manos.