“En la sociedad y el mundo en general siempre habrá individuos más agresivos que nosotros empeñados en lograr lo que quieren a todo trance. Debemos estar alertas y saber defendernos de esas personas. Los valores civilizados no se fomentan si nos vemos obligados a rendirnos a los astutos y los fuertes. De hecho, ser pacifistas de cara a esos lobos es fuente de inagotables tragedias.”

Conocimos a través de los libros de historia las etapas del México bárbaro, La Guerra de Independencia; contra los intervencionistas: Francia y EEUU; las asonadas y levantamientos de grupúsculos que luchaban por hacerse del poder político y en el 1910 la Revolución Mexicana contra la dictadura de Porfirio Díaz; posteriormente, la Guerra de los cristeros y en la época de las protestas contra la antidemocracia supimos de levantamientos guerrilleros como el de Lucio Cabañas, Genaro Vázquez Rojas, Arturo Gamiz en Madera Chih., el Sub Comandante Marcos en Chiapas.
En las guerras convencionales surgieron grandes estrategas como Morelos, Villa, por citar algunos. Estrategia procede del griego “strategos”, significa el jefe del ejército. Estrategia era por consecuencia el arte del generalato; desarrollado en todos los imperios, en las guerras mundiales por los grandes comandantes. La historia nos habla de ellos, de Alejandro Magno en sus victorias contra los persas, Napoleón Bonaparte, Escipión el africano, T. E. Lawrence, Rommel… todos ellos inventando cada día nuevas estrategias cada vez más sofisticadas. La literatura, la historia, las grandes biografías, el cine son medios que nos informan y retroalimentan al grado de hacernos aceptar las guerras convencionales con su patriotismo y la lucha por la libertad, las guerras de liberación nacional. En todos estos procesos conocimos, también, la guerra no convencional como la guerra de guerrillas, el terrorismo y lo que llaman “la guerra sucia” para restarle honor y condenar los procedimientos bárbaros pero que según la estrategia, son métodos de guerra que se utilizan cuando los ejércitos no están parejos y uno de ellos está en desventaja.
Si nos asomamos a la mitología griega veremos a Zeus, casarse con la Diosa Metis, la más inteligente de todos los dioses, para que ésta no lo destruyera, Zeus acabó por comérsela para apropiarse de su sabiduría, pero Metis estaba embarazada, así, nació la Diosa Atenea, de la cabeza de Zeus, bendecida con la astucia de Metis y la mentalidad bélica de Zeus. Los griegos la consideraban la diosa de la guerra estratégica, como lo vemos en La Odisea de Homero donde el ingenioso Ulises u Odiseo era el mortal preferido de Atenea, la diosa que siempre andaba un paso adelante, combinaba filosofía y guerra, sabiduría y batalla, en una mezcla invencible. Por eso los griegos la preferían por combinar en la guerra inteligencia y sutileza y odiaban a Ares, rey de la guerra en su forma directa y brutal. De ella se desprende que el interés en una guerra no es la violencia ni la brutalidad ni la perdida de vidas y recursos sino el ideal de vencer sin derramar sangre. Hagan de cuenta que Atenea enfrentó a los rivales de la droga para volver la violencia y agresión de esos sujetos contra ellos mismos, convirtiendo su brutalidad en la causa de su ruina; en esta guerra contra el crimen organizado.
En México, hoy, hablamos de guerra, de la brutalidad que ha costado 90 mil vidas, una guerra inesperada en una sociedad que promueve los valores democráticos y religiosos de ser justos con todos, encajar en un grupo social que desprecia al que es agresivo al grado de aislarlo y hacerlo impopular. Se nos prepara para vivir en la paz pero no para enfrentarnos en el mundo real donde la guerra existe en varios niveles, en lo político, en lo social, en el mundo empresarial y hasta en grupos religiosos diferentes.
La guerra no es un reino aparte divorciado del resto de la sociedad. Es un campo eminentemente humano colmado de lo mejor y lo peor de nuestra naturaleza, siempre ha estado presente en la historia de nuestro pueblo; en sus batallas electoreras entre los partidos políticos, entre los grupos de poder de las oligarquías que campean en lo económico.
Fedor Dostoievski, 1821-1881, dijo: “Sin la guerra, los seres humanos se estancan en la comodidad y la abundancia y pierden la capacidad de grandes pensamientos y sentimientos, se vuelven cínicos y se hunden en la barbarie.”
La guerra que libramos en México no es convencional, es bajo el signo de Ares; contra el mundo de la delincuencia carente de valores, de honor, de patria, de civilidad, bandos que atentan contra la población inerme, contra los ciudadanos pacíficos y trabajadores que forjan su patrimonio familiar y de repente se ven sin nada porque se los arrebatan por medio del terror de la extorsión, del asesinato. Bandos que corrompen a las autoridades con la alquimia de plata o plomo; en esta guerra no hay heroicidad, el Estado busca imponerse para que no le impongan yugos.
El Ejército Mexicano salió a la calle para auxiliar en el terreno donde la policía fracasó por su alto grado de corrupción, quizá les falte la sabiduría y sutileza de la Diosa Atenea, quizá falten estrategas, en la guerra, la estrategia es el arte de dirigir todas las operaciones militares para elevarte sobre el campo de batalla inteligentemente.
En Colombia no podían retroceder en el combate al hampa; anteriormente sucedió en Italia, dos países con amplia experiencia en el combate contra los grupos del crimen organizado y ambos recomiendan que México esta obligado a continuar, que ya no se puede parar porque no se puede negociar con estos enemigos de la sociedad.
Las estrategias irán desde frenar el paso de pertrechos, -armas y cartuchos- a los grupos delictivos. Combatir el lavado de dinero. Encarcelar a las autoridades corruptas. Proteger a los jueces y policías honestos. Reorganizar el tejido social. Crear empleos. Reforzar los valores familiares y sociales, entre muchas otras estrategias que comprometen a todos los sectores de la sociedad, pueblo y gobierno, salvo que se quiera vivir bajo el signo del miedo del terror.
“En este mundo en el que se juega con dados cargados, un hombre debe poseer temple de hierro, armadura a prueba de los golpes del destino y armas para abrirse camino contra los demás. La vida es una larga batalla; tenemos que luchar a cada paso; y Voltaire dice muy atinadamente que, si triunfamos, será a punta de espada, y que morimos con las armas en la mano.” Schopenhauer, 1851.
Es obvio que las armas del pueblo son la unidad, rechazar la corrupción, enjuiciar a las autoridades desleales, frenar sus prácticas políticas que insultan a la inteligencia, participar políticamente hablando… ¡Qué Atenea nos ilumine!