Sentía cómo el desgraciado me enterraba los dientes y me desgarraba los músculos hasta que me arranco un pedazo de carne. Quizá el dolor, quizá la adrenalina me dio la fuerza suficiente para logar zafarme del abrazo, haciendo al hijo de puta hacia atrás con un empujón

El comienzo

Me encontraba sentado comiendo una hamburguesa con una Coca Cola a un lado -es algo que nunca debe de faltar- cuando todo empezó, tenía mi hamburguesa a medio comer suspendida entre mis manos, la veía pensando en lo deliciosa que estaba, de repente el sonido de un disparo de escopeta –creo-, seguido de gritos me trajo de vuelta al mundo real, dejé mi hamburguesa en el plato y me acerqué a la ventana para observar:
¡Mierda!, no alcanzo a ver nada.
Otro disparo se escuchó. Salí caminado hacia la puerta, pero todo parecía tranquilo, -o bueno eso creía-, se escuchó una explosión a dos cuadras de distancia, fue tan fuerte que hizo vibrar las ventanas del McDonald’s, al poco tiempo un olor a combustible quemado se encontraba en el aire, se volvieron a escuchar gritos, ahora más cercanos que antes, yo seguía parado en el McDonald’s, pensando en qué rayos pasaba, no tenía ni la más mínima idea de lo que sucedía.
Veía gente huyendo de otras “personas” que estaban ensangrentadas corriendo detrás de ellos, algunos cojeaban, llegué a observar que un señor de edad avanzada cojeaba, tenía un pie doblado hacia adentro y la fractura externa en el tobillo era visible, que suerte que era el único en el restaurante. Pensaba: si no, habría gente corriendo y golpeándose entre sí.

Después de unos minutos conseguí las fuerzas para moverme del restaurante y caminar para ver qué era lo que pasaba, al cruzar la calzada y dar vuelta por la esquina un Volkswagen a toda velocidad iba atropellando gente sin cesar, algunos corrían intentando esquivar al carro, pero otros estaban ahí como si nada pasara, las explosiones y gritos no dejaban de sonar. Caminando con cautela, vi que un grupo de gente corría hacia mí, algunos gritando, todos trataban de escapar de una sola persona, llevaba una playera blanca -o bueno, eso parecía-, con una gran mancha rojiza en el pecho, tenía el cabello alborotado, los pantalones sucios y rotos de las rodillas, como si hubiera estado hincado en el pasto con tierra húmeda, con la mandíbula abierta y parecía masticar algo en su interior, sus labios teñidos de rojo sangre. No comprendía por qué corrían de él:
¡Hey! estás bien -grité. Pero no respondía.
Oye, te pregunté si estás bien, ¿quieres que hable a una ambulancia? -Sin respuesta alguna.
El tipo se quedó parado enfrente de mí mirándome, con su rostro repulsivo y sucio, tenía la mirada perdida:
¡Te estoy hablando idiota!
Al parecer eso lo enfureció y se acercó a mí corriendo con los brazos extendidos y las manos encorvadas como garras.
El maldito corría como el demonio, se abalanzó hacia mí sujetándome con los abrazos, tenía un fuerte agarre y me mordió el hombro:
¡Ah! -Grite de dolor.

Sentía cómo el desgraciado me enterraba los dientes y me desgarraba los músculos hasta que me arranco un pedazo de carne. Quizá el dolor, quizá la adrenalina me dio la fuerza suficiente para logar zafarme del abrazo, haciendo al hijo de puta hacia atrás con un empujón, tropezó con un ladrillo que se encontraba en el suelo, rápidamente busqué algún objeto para defenderme y lo único que encontré fue una botella de vidrio en el suelo, el tipo se incorporó y se lanzó hacia mí, pero ahora estaba preparado, cuando estuvo lo suficientemente cerca de mí le di un golpe certero en la cabeza con la botella, estrellándola y haciéndolo caer, avancé unos pasos hacia donde se encontraba el ladrillo, “la cosa” se volvió a incorporar. Dios mío, sí que eres un tipo duro -pensé.
Se acercó a mí corriendo, le salpicaba sangre de la cabeza, había vidrios enterrados en su cabeza. Le di un golpe con el ladrillo rompiéndole algo, lo sé porque escuché unos huesos romperse, su rostro se volteó bruscamente y cayó al suelo. En ese momento salí corriendo, pensé que había terminado con él.
Después de unas pocas cuadras, llegué a mi casa, estaba abierta:
¡Mamá…papá, están aquí!
No obtuve respuesta, pero no me importó, el dolor de mi hombro no me dejaba pensar en otra cosa, fui hacia el baño, con temor de verme en el espejo, pero lo hice, tenía una herida grande y un poco profunda de la cual emanaba sangre, abrí el botiquín de emergencias, saqué unas gazas y el agua oxigenada:
Esto me dolerá.
Apreté el puño y vacié el agua en la herida, lancé un grito de dolor, sentí que mis piernas flaqueaban pero me reincorporé de inmediato poniéndome las gazas en el hombro.