Con las tendencias mostradas en las gestiones de Francisco I, sin duda evidencia la intención de modernizar a la Iglesia Católica.

Podemos enmarcarlas en el festejo del amor. ¿Le parece?

Recordemos que la Iglesia somos todos y los sacerdotes solamente administran la operación y ofician los ritos; siendo así, es injusto hablar de corrupción cuando debemos referirnos solamente a las fallas de sus administradores.

Llama la atención la declaración de “haber sido invadidos por los seguidores del ´príncipe de la tierra´”, al entender creyente se refiere al demonio; otros la interpretan como denuncia de la penetración al Vaticano del individualismo y el materialismo.

Algunos de sus líderes han empezado a reaccionar, casos de Los Legionarios que reconocen sus errores pidiendo perdón ante incrédulos y del obispo de Saltillo Raúl Vera López, quien denunció a pederastas que deberá poner a disposición de la justicia terrena.

En respuesta, el sacerdote Rafael López, vocero del Obispado de Torreón declaró: “En sus 50 años, la Diócesis de Torreón no ha registrado casos de abuso sexual “. Ojalá sea verdad.

Narran que ante periodistas, durante el regreso de Brasil a Roma, Francisco I comentó su posición ante la homosexualidad pidiéndoles no discriminarlos: “¿quién soy yo para juzgar a los gay?”, dando un viraje importante en la postura Vaticana ante tal identidad de género.

El 16 de marzo, en su primer encuentro con 6000 periodistas aseguró: “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!” refiriéndose a la vergonzosa exhibición de riquezas y opulencia de algunos de sus colaboradores, incluyendo a varios religiosos mexicanos.

El 9 de abril del 2013, entrevistándose con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, habló de la defensa de la Iglesia católica “en favor de la dignidad integral del ser humano” ante el avance del individualismo, materialismo y consumismo desbocado. En México, en números redondos, seis de cada diez personas viven en pobreza, validando la cruel descripción de: “hijo de pobre, pobre será; hijo de rico, enriquecerá” y orienta a sus colaboradores para que influyan positivamente.

En la Plaza de San Pedro: “Dios perdona a todos, no solo a los cristianos, sino también a los ateos”. De golpe rechazó posturas radicales que niegan toda oportunidad a ser “hijos de Dios” a quienes no profesan el catolicismo, abriendo la oportunidad de encontrar concordia y acuerdos entre todos los humanos.

En junio, Francisco atacó la cultura del desperdicio: “Esta cultura del desperdicio nos ha vuelto insensibles hasta el desperdicio de comida, que es aún más despreciable cuando en el mundo hay personas y familias que padecen hambre y desnutrición”; luego agregó: “Todos debemos recordar que tirar comida a la basura es como robarla de las mesas de los pobres, de los hambrientos”. Para el caso, existen denuncias de expertos internacionales que afirman que el planeta, aún y lo sobrepoblado, produce alimento suficiente dejando un remanente de hasta un diez por ciento; es triste la destrucción o limitación de la producción a fin de controlar los precios mundiales.

Recuerdo el discurso del “Sr. Ministro” de aquella vieja película de Mario Moreno, un tanto dulzón y melodramático pero pensante, que decía a los oyentes en el foro de la ONU: “Ayúdenos pagando un precio más justo, más equitativo por nuestras materias primas, (…) compartiendo con nosotros sus notables adelantos en la ciencia, en la técnica… pero no para fabricar bombas sino para acabar con el hambre y con la miseria. Ayúdennos respetando nuestras costumbres, nuestras creencias, nuestra dignidad como seres humanos y nuestra personalidad como naciones, por pequeños y débiles que seamos; practiquen la tolerancia y la verdadera fraternidad, que nosotros sabremos corresponderles (…)”. Clara descripción de la realidad mundial.

Como buen latinoamericano, las bromas con mensaje de fondo tampoco quedan afuera y así, en una entrevista con el presidente venezolano Nicolás Maduro, el Papa dijo “rece por mí… ¡pero rece a favor, no en contra, eh…!”. Piense y busque el sentido de fondo.

Entre la temática no ha excluido a las mujeres y la histórica denigración que han padecido, siendo ellas las testadoras de la vida y seres de inteligencia privilegiada, igual o mayor a la de cualquier varón; él dijo: “la Virgen María es más importante que los apóstoles, y que los obispos, diáconos y sacerdotes, la mujer en la Iglesia es más importante que los obispos y los curas, esto es lo que debemos tratar de explicitar mejor a través de una profundización de la teología de la mujer”.

Quise compartir con Usted estos mensajes, en víspera del festejo del “Día del amor y la amistad”, más allá de la mercadotecnia y del concepto del amor romántico. Se trata de invitarlo a reflexionar sobre el verdadero amor filial, filantrópico y deífico, que de aplicarlos nos harán mejores seres humanos. Muchas felicidades.