"El término "perrear", se refiere a bailes eróticos, considerados por algunos como vulgares, con acercamientos físicos de clara connotación sexual, pudiendo prolongarse por días. Tomado del baile popular que se practica en República Dominicana, que ha corrido a otros países, donde "perros y perras" danzan y se restriegan a lo largo de las horas, adoptando actitudes sexuales consideradas ofensivas".

Dos nuevos fenómenos se empiezan a presentar en la sociedad mexicana, que han sido facilitados por el uso indiscriminado y sin cuidados de las redes sociales:

El rave, nombre que procede de la palabra inglesa que se traduce como delirar o desvariar, utilizada para invitar a jóvenes inexpertos a fiestas con baile, alcohol y «ligue», sin controles adecuados de las autoridades, las que se muestran ineficientes por la falta de sistemas y métodos de identificación y atención de probables problemas sociales.

El término «perrear», se refiere a bailes eróticos, considerados por algunos como vulgares, con acercamientos físicos de clara connotación sexual, pudiendo prolongarse por días. Tomado del baile popular que se practica en República Dominicana, que ha corrido a otros países, donde «perros y perras» danzan y se restriegan a lo largo de las horas, adoptando actitudes sexuales consideradas ofensivas.

Ambas actividades están orientadas, en buena parte, a captar menores de edad, a los que se les ofrece alcohol, drogas y hasta actividades sexuales, muchas de las veces aparentando ser eventos sociales o escolares, cuando en realidad son organizados por mal intencionados, mercaderes criminales que buscan ganancias ilícitas.

De hecho, desde hace años, en el Distrito Federal, se han popularizado y llegan a promoverse en los medios conocidos como «redes sociales». Tampoco es desconocido que los tratantes de blancas han encontrado en esos medios la forma ideal de detectar víctimas potenciales.

El medio de difusión de éstas actividades es la Internet, con sus Facebook o Twitter, incluidos nuevos portales que se abren al público sin que las autoridades tengan medios efectivos para controlar el origen de las emisiones delictivas, al estar mezcladas entre los comunicados auténticos, publicados por jóvenes, invitando a sus amigos a fiestas con intenciones de sana diversión.

Los oportunistas han encontrado un negocio lucrativo, anunciando propuestas claras de venta de droga, alcohol y hasta prostitución, como el caso denunciado en Chihuahua, donde se ofrecía en rifa a tres mujeres -sin aclarar edades- como estímulo para la compra de boletos de entrada. Afortunadamente, las autoridades dieron seguimiento al caso, logrando algunas detenciones, aunque solo sea uno entre muchos.

Como resultado de la inseguridad, los jóvenes  tratan de encontrar lugares para convivir, caso de las fiestas particulares o la renta de espacios construidos y ofrecidos al público para tales fines.

En la Laguna, es común el uso de «quintas», locales que no cuentan con los mínimos de seguridad y controles, que han sido sitios donde se han cometido hasta asesinatos masivos. Al ser eventos «privados», se limitan las posibilidades de acción y control.

Desde luego que habrá que comprender las necesidades de los muchachos, que están en la edad de vivir experiencias para conocer, aprender y divertirse en camino a la vida adulta, de responsabilidad socialmente productiva; también se debe atacar el abuso que hacen de éstos medios de comunicación, vivales que logran engañar y confundir a los adolescentes. Recuerde el caso de la muchachita lagunera, de 14 años de edad, conquistada por un pedófilo a través del Facebook, quién haciéndose pasar por adolescente pudo convencerla de acudir a una cita, violándola bajo amenazas de dañar a sus familiares. Gracias a la información obtenida en lo publicado por ella misma, el maleante logró su objetivo; afortunadamente fue detenido. Veamos si el Ministerio Público lo pone en libertad.

Sin duda, la Internet ha sido el avance tecnológico que ha revolucionado al mundo en cuestiones tan importantes como el aprendizaje. Hoy día, un estudiante de cualquier nivel académico tiene alternativas para obtener información, estudiar, hacer mejores tareas y aprender mucho más de lo que aprendimos los adultos a sus edades. Recuerdo mis noches de resumir libros, artículos y preparar resúmenes, que ahora están a la disposición en la red para cualquiera.

Sin embargo, los controles sobre el uso de los mismos son harto difíciles de alcanzar; va más allá de la paternidad responsable, cuando los medios inalámbricos y portátiles permiten acceder a la red en prácticamente cualquier lugar del mundo.

De cualquier forma, queda la obligación de enterarnos y supervisar las actividades cibernéticas de nuestros menores.

Vale la recomendación de buscar alternativas para lograr una mejor comunicación y que éstas no sean invasivas para los muchachos; las tradicionales, a muchos nos distancian.

Busquemos aquellas que nos permitan saber un poco más de sus actividades; quizá estar más cerca de ellos, evitando los reproches y sermones que solo generan rechazo y, comprendiéndolos, logrando que escuchen, reflexionen, acepten y apliquen las recomendaciones y apoyos ofrecidos.

Obvio que las autoridades deben actuar supervisando mejor esas actividades de diversión y los jefes policiacos, dedicarse a asegurar que no haya abuso de autoridad, tan temido por todos.

Como dice el refrán: «sobre aviso no hay engaño»; ocupémonos en bien de los menores. ¿Y Usted? …¿cómo previene?