"La lucha por la verdad y el castigo a los culpables por la desaparición forzada de los 43 estudiantes Normalistas de Ayotzinapa es legítima, no son simples jóvenes: son parte de las Normales Rurales más combativas de México, semilleros críticos, con extraordinarios catedráticos que se formaron en la lucha social y en lo pedagógico precisamente para liberar al pueblo."

“Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres».
Heinrich Heine

No resignaremos nuestro presente a la derrota, no aceptamos superar el dolor frente a una “verdad histórica” de un Estado mexicano que ofende a las mayorías, por eso asumimos el fragmento del tema “Adentro” del grupo Calle 13, que dice: “[…] porque cuando la tiranía es ley la revolución es orden”. El Estado genocida de Díaz Ordaz lo aceptó, después de que la Historia les dio la razón a los estudiantes del 68, asesinados por el gobierno: “Por fin ganaron sus muertitos”, el Estado represor de Peña Nieto lo repite. Contra esto va el contingente popular que dignifica la lucha para devastar el cinismo, la mentira, el terrorismo de Estado y la corrupción de la Dictadura perfecta (PRI) a la que se refería el escritor Mario Vargas llosa.

La lucha por la verdad y el castigo a los culpables por la desaparición forzada de los 43 estudiantes Normalistas de Ayotzinapa es legítima, no son simples jóvenes: son parte de las Normales Rurales más combativas de México, semilleros críticos, con extraordinarios catedráticos que se formaron en la lucha social y en lo pedagógico precisamente para liberar al pueblo. Allí están en las paredes de las aulas de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos las figuras monumentales del Che, de Genaro Vázquez, de Lenin, de Lucio Cabañas y del Sub Comandante Marcos, todo ellos personajes de la Historia que vivieron y viven, lucharon y luchan, vieron y ven cambios justos para los ofendidos.

Orgullo tengo al decir, que me formé como profesor en una Escuela Normal, que dicha institución construyó en mí los cimientos ideológicos más combativos y de vanguardia social, que alimentó mi vocación por los más pobres y olvidados de mi país, que me hizo sensible al dolor ajeno. Dignificar al magisterio es el ejemplo que nos otorgó el Presidente Lázaro Cárdenas al decir, que: “El maestro rural será el elemento más importante en la estrategia de mi gobierno”, hoy, el gobierno de EPN no persigue esa mística, por el contrario hay una ofensa obscena y vil al profesorado, desde todas las trincheras a desacreditarlo, no es casual, ellos, son herederos e hijos de la ideología porfirista que muy cínicamente, decía, frente al analfabetismo de las mayorías: “No una buena educación crítica, científica y popular. No le abras la jaula a los leones, porque mi dictadura se terminará”.

Quizá la legendaria figura del presidente Benito Juárez sea el caso más sólido para ejercer verbigracia en la desgracia de la desaparición de los 43 Normalistas de Ayotzinapa, él al igual que ellos era indígena -de Oaxaca, ellos de Guerrero, dos estados golpeados por el cacicazgo de gobiernos corruptos-, él, producto de la cultura del esfuerzo, ellos, hijos de gente muy humilde que veían en su formación dentro de la Normal de Ayotzinapa la forma más digna de llegar a ser profesores rurales y así formar conciencias críticas que nunca más se doblegaran por el Estado.
El discurso de la escritora Elena Poniatowska en el zócalo capitalino explica a los incrédulos y a los apáticos la lucha por la justicia:
“Reclamamos aquí, en el centro del país, en la capital de México, la presencia de los muchachos (43 Normalistas de Ayotzinapa) y pedimos aquí a cielo abierto y en voz alta: ¡Regrésenlos!, la Normal Rural de Ayotzinapa es muy pobre, pero es el único lugar donde los que nada tienen pueden recibir una educación superior gratuita, es la única opción de los campesinos que han escogido ser maestros rurales.
Las habitaciones de los estudiantes de la Normal, evidencian la miseria, el abandono de los muchachos, su comida también, cuando a uno de ellos le sirvieron leche, exclamó que era la primera vez que la veía y sonrió al decir que le gustaba, así como la leche, son muchos los alimentos que los chavos desconocen.

Sus camisetas, sus mochilas, sus suetercitos. Recargados en los muros de su cuarto, sus utensilios de plástico, todas sus prendas son prendas de pobre. ¡Ya es hora de que en México hablen los pobres! Ya es hora de que los ciudadanos se manifiesten por encima de los partidos, somos miles los mexicanos que no nos sentimos representados, miles los mexicanos que queremos una democracia participativa […] los grandes temas nos conciernen, pero conciernen sobre todo a los jóvenes, porque además de ser el futuro tienen que mantenerse vivos, sin ellos simplemente no hay país, sin los jóvenes no hay nada […]”

Por su parte, el escritor Paco Ignacio Taibo II expone que en México la «narcopolítica» es un imperativo que aparece por todos lados.
Juan Villoro, también nos recuerda las “raíces” de los normalistas guerrerenses y cómo el Estado enfrentó a Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, por “intolerancia”: Todo está documentado –dice-, tenemos un Estado donde hay caciques locales, gobiernos extraordinariamente corruptos que reprimen una y otra vez las demandas populares.”

*Profesor Normalista